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Martes , 11.12.2018 / 08:57 Hoy

Trasgresores de la felicidad

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EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Rafael Tonatiuh


“CÁRCEL Y AZOTES A JÓVENES IRANÍES POR FILMAR ‘HAPPY’
Los seis jóvenes que hicieron una imitación del video ‘Happy’, de Pharrell Williams, recibieron sentencia de seis meses de prisión y 91 azotes cada uno en Irán, por ignorar las normas islámicas”.
Hey, ‘Milenio Diario’. 19/09/2014.

El jefe de la policía iraní, Hoseyin Sayedinia, leía el Corán en silencio, encerrado en su oficina, cuando lo buscó el agente Alabi para informarle la situación de los jóvenes detenidos por “participar en la producción de un video vulgar, y mantener relaciones ilícitas”. Era un video en donde los muchachos bailaban la canción “Happy”, de Pharrel Williams, atavidos con ropa casual y sin que las chicas cubrieran su rostro, como ordenan las severas leyes de la República Islámica. El jefe de la policía lo hizo esperar con un ademán de su mano, y después de cantar unos fragmentos del Dikr, sentenció con voz grave y pausada: “Ésta sí es música que deleita los oídos de Alá. ¿Ya entendieron esos jóvenes infieles la gravedad de su acto, al recibir los 91 azotes destinados a purificar sus almas?”.

—En realidad, no, señor. Cada vez que reciben un azote, se ponen más felices y bailan la cancioncita esa del afroamericano, con más fervor que un soldado de Dios luchando en Tierra Santa.

—Mmm… esa rebeldía sería provechosa si se aplicara a nuestros verdaderos enemigos, deseosos de nuestro uranio; pero burlarse así de la autoridad, tiene que frenarse radicalmente. Que les apliquen otros 91 azotes; no, espera, mejor que sean 93, de manera extraoficial y sin que se enteren los medios, pero asegúrate de que haya un agente de la CIA en la aplicación del martirio, para que de manera “clandestina” se divulgue el castigo al que se hacen acreedores quienes se burlan de nuestras leyes islámicas, y los jóvenes iraníes teman el poder de Alá, bendito sea.

Después de unas horas, el agente Alabi volvió a reunirse con Hoseyin Sayedinia: “Señor, los azotes extras les han generado una inusitada felicidad a los reclusos, al grado de que ya contagiaron a verdugos, agentes y clérigos, quienes cantan y bailan desaforadamente en estos momentos. Aprovechando un instante de euforia, le confisqué su cámara al agente de la CIA, pues no me pareció prudente que el mundo vea que nuestras mazmorras son tan frívolas y estúpidas como ese mundo mágico de color llamado Disneylandia”. El jefe de la policía se mesó su barba con gravedad. Nunca se había topado con un desacato semejante, consultó al Consejo de Guardianes, organismo que turnó el caso a la Asamblea Consultiva Islámica, donde redirigieron el conflicto al Consejo de Discernimiento del Interés del Estado, que consideró más apropiado enviarlo al Tribunal de la Revolución, cuyos miembros, juzgando un aparente caso de posesión demoníaca colectiva, consideraron que se turnase al Tribunal Especial del Clero, cuyos magistrados mandaron a la comandancia al muyahidi mayor de la Asamblea de los Expertos: Ayatollah Mahdawi Kani, quien, tras analizar la situación, dictaminó: “La conducta de los sentenciados nada tiene qué ver ni con religión ni con ideologías, éstos jóvenes sufrieron un trauma por reprimir sus impulsos alegres y ahora padecen un trastorno psicológico llamado masoquismo. Entre más azotes reciban, más alegres se pondrán. La única forma de castigarlos es haciéndoles felices”.

A escondidas, cuidando celosamente que el resto del mundo se enterase de que la policía iraní “premiaba” a sus reclusos, Hoseyin Sayedinia ordenó que a los felices trasgresores les dieran banquetes con pecaminosa carne de puerco, postres deliciosos y cocteles embriagantes prohibidos por el Estado Islámico, ambientados con música de Selena Gomez, Ariana Grande, Bruno Mars y Miley Cyrus, además de proporcionarles juguetes sexuales confiscados a infieles condenados a la muerte lapidaria, y los sometieron a sesiones de comedias protagonizadas por las peores pesadillas del Islam: Ben Stiller, Jennifer Aniston, Adam Sandler, Vince Vaughn y Cameron Diaz.

Los jóvenes condenados, haciendo muecas que mezclaban la risa con el llanto, el placer y el dolor, suplicaban piedad. La estrategia del jefe de la policía estaba operando de maravilla cuando descuidaron al agente de la CIA, quien divulgó imágenes de uniformados iraníes llevando pasteles y streapers a sus jóvenes reclusos.

John Kerry inició una campaña para advertirle a la juventud del mundo libre que dejara de enrolarse a las fuerzas militares norteamericanas: “Ya no hay sitio para ustedes, quédense a estudiar en las universidades; además, tenemos entendido que ese trato preferencial no es con prisioneros de guerra, sino con jóvenes musulmanes”.

Emisarios de Siria e Irak le reclamaron al gran líder de la República Islámica de Irán, Ayatolah Ali Khamenei, esa rara ocurrencia, quien turnó el caso al presidente Hasan Rouhani, quien solicitó consejo al vicepresidente Eshaq Yahanguirí, quien recurrió a la Asamblea de los Expertos, cuyo muyahidi mayor, Ayatollah Mahdawi Kani, tras analizar la situación, declaró ante la ONU: “Okey, quizás nos veamos un poco ñoños consintiendo a nuestros presos, pero también seguimos produciendo armas nucleares, así qué ¿cuál es el problema? Todos a sus casas y sean felices”.

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