QrR

Mi ‘tortuga’ de cocodrilo

Mi ‘tortuga’ de cocodrilo
Mi ‘tortuga’ de cocodrilo (Óscar Ocampo)

El Mercado de San Juan, en el Distrito Federal, se caracteriza por la venta de carnes peculiares: jabalí, avestruz, león, cocodrilo. Además, alberga lugares donde se pueden degustar platillos poco comunes a precios económicos.


Con esto de la Vigilia se agotaron las latas de atún de los Oxxo de mi cuadra (que son como 560), así que decidí alimentarme sanamente, sin pecar (aunque pecando de sibarita), probando algo diferente, acudiendo al antiguo mercado de la calle de Ernesto Pugibet, atrasito de la vieja radiodifusora XEW, ubicada en Ayuntamiento, para refinarme un riquísimo mixiote de iguana. Me acompañó la actriz Maya Mazariegos, a quien le pareció curioso que dentro de un mercado popular hubiera minúsculos restaurancitos tipo bistro, más propios de la Condesa.

Ocupamos un par de asientos en el apretado local de dos pisos, decorado como chalé campestre, a unos metros de la hielera donde guardan las carnes del safari.

Curiosamente no tenían mixiote de iguana (hasta me acordé del chiste del güey que llega al restaurante y pide un sándwich de hipopótamo y le dicen: “Disculpe, hipopótamo sí nos queda, pero se nos acabó el pan”), solo de venado, jabalí, cocodrilo, armadillo, ternera y pato; también hamburguesas de búfalo, jabalí, cocodrilo, venado, conejo y avestruz, tacos de pato y omelette de ahuautle (hueva de mosco lagunero); los precios varían, según la carne, entre los 100 y 300 pesos, pero los platillos llevan papas, arroz y ensalada con las frutas y legumbres de los locatarios. Lo más exótico fue que no pedimos nada exótico, sino un cabrito al cazador (que no lleva ni cabrito ni Cazadores, sino una espesa salsa secreta de chiles deliciosos). En mi caso, me sentí ligeramente intimidado ante fiambres tan imponentes, pues no cualquier familia tiene la fortuna de echarse unos riñones de armadillo con chile guajillo. Quizás poniéndole un poco de salsa Valentina, pudiera hacer más terrenal el guiso, pero como tiendo a la paranoia, dudé: “¿Y si nadie pide el bisonte y me traen uno que ya haya caducado? ¿O si me dan jamón virginia de Peñaranda por jabalí?”. Dudas infernales mezcladas con antojos insanos.

Desde aquella comida soñé que probaba viandas de carnes sagradas con sabores inauditos, como un festín medieval en un castillo de Atlacomulco, iluminado por antorchas. El Mercado de San Juan está muy cerca de la redacción de MILENIO Diario, así que me fui caminando. Esta vez entré por la parte de los camiones de descarga, para darle un toque más clandestino a mi búsqueda de carnes extrañas (después de todo, el mercado de San Juan es tan misterioso como el mercado de Sonora, solo que aquí no te venden los animales fabulosos para sacrificios de hechicería, sino que te los dan ya guisados).

Era lunes, único día que no abre La parrilla del Cazador, así que me desplacé a La baguette de Manolo, especialistas en bocadillos europeos, pero que en un cartón anuncian: “Baguettes de cocodrilo, búfalo y león”. Me acordé de un cocodrilo con el que sostuve un duelo de miradas en Tepic y en su honor, y en honor a Osiris, pedí su baguete, de a 150 pesos. Un par de niñas, sentadas en la barra, miraban un monitor que transmitía imágenes de animalitos: Gansitos y Pingüinos, pero no los que atracan en Veracruz, sino de a devis.

Cuando me sirvieron mi baguete no tuve valor para morderla, pues contenía los restos de una bestia que provoca el terror en ríos y pantanos, no de un pollo que corre como pendejo por el corral. La pedí para llevar y la trasladé a MILENIO Diario, donde nadie quiso darle el bocado inicial, salvo el Chiquibeibi, quien me dijo que “tenía un sabor como a pollo, pero destaca más el sabor del queso”. No me atrevía a probar la carne de cocodrilo, ¡adiós a 150 pesos! Pero no, tenía que probarla. Me decidí a llevarla a mi casa para condimentarla con alcaparras y hierbas finas; el Chiquibeibi me aconsejó: “Antes de condimentarla, pruébala como está”.

Durante horas estuve mirando mi baguete, pensando que el cocodrilo es una especie que data desde los tiempos de los dinosaurios y que algunas culturas relacionaban con energías malignas, aunque para otras culturas significa sabiduría y jovialidad. Entonces me entró un montón de hambre y me animé a probar la baguete.

Haciendo gestos le di un mordisco y mis papilas gustativas detectaron un sabor fuerte, profundo y fresco, como un pez tipo sierra o marlin; entonces se me ocurrió que lo apropiado era sacar al cocodrilo de la tortuga, y servirlo en una tostada, marinado con limón, salsa huichol y aceite de palma (directamente traído de África, por mi amigo el babalawo).

En fin, ya comeré mi mixiote de iguana cuando sea temporada. Besitos.

La Parrilla del Cazador: 55 21 39 26
La Bagette de Manolo: 55 23 21 64

RAFAEL TONATIUH


< Anterior | Siguiente >