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Tona santero

Santero
(Guillermo Guerrero)

EL TONO DEL TONA
Rafael Tonatiuh


“La suposición es el
camino a la embarrada”
Mi nueva madrina

El 1992 realicé un par de documentales para Tv UNAM: Frontera azul y Frontera negra, sobre el XIII Festival de la Cultura del Caribe, en Santiago de Cuba. De la isla regresé con la foto de un niño negrito (que me diera una negrita con la que inexplicablemente amanecí en unas montañas en mi primer día de grabación), el libro Los orishas en Cuba (de Natalia Bolívar Aróstegui) y una figurita de madera de un niño negrito: Eleguá. En el aeropuerto me vendieron mi Eleguá por unas monedas; antes de comprarlo, pregunté: “¿Y este orisha qué hace?”. “Abre los caminos”. “¡Pues me lo llevo!”.

Puse a mi Eleguá en su altar y leí el libro, del que no entendí ni maiz (ahora en cualquier puesto callejero te venden libros sobre santería, la mayoría chafísimas, pero en aquel entonces tenía que buscar información por internet). La noche del 12 de diciembre de 2003, Jairo Calixto Albarrán hizo una cena navideña de la que salí temprano, pues me dolía una muela y esa misma noche quería hacer una ceremonia chamánica-guadalupana (con semillas de la virgen, que me había dado mi cuate Alejandro Alarcón). Al día siguiente acudí con mi entonces dentista (para colmo de nombre Lupita), observando que a un lado de su consultorio había un letrero que decía: “Se lee el Chamalongo” (oráculo con cocos). Entré y dije: “Quiero saber la verdad”. Allí tuve mi primer registro, el 16 de diciembre de 2003. El Padrino que me dio mis collares y mis guerreros desapareció sin dejar rastro; era muy joven, de 21 años. Como también era Palero me rayó y entregó un muerto (que yo no escogí y que afortunadamente se fue con él). Mi segundo Padrino no era santero, sino babalawo de la tradición africana.

Les comparto lo que considero lo más importante de la religión: el creyente no pide cosas materiales ni un lugar en el cielo, sino awo wopelé (buen carácter). Aunque no seas creyente ni tengas guerreros consagrados en tu casa, puedes aprender su significado: 1- Orí (cabeza) u Osun (el vigilante). Representa la mente, la inteligencia, la imaginación, las metas. 2. Eleguá (el que abre los caminos y cuida la casa) simboliza la buena suerte, que ayuda a que se materialicen los sueños de la mente. 3. Ochosi (el cazador). Representa la asertividad, las decisiones correctas, para no desperdiciar la buena suerte. 4. Oggún (el Señor de hierro), simboliza la voluntad que se debe tener para no caer en tentaciones y lograr las metas propuestas. Si se comprende esto y se aplica no hay falla, lo demás son ofrendas, consultas, fe.

Diez años de estudio y práctica no sirvieron de nada cuando tuve una novia vegetariana y una doctora ayurvédica que me inició en la meditación trascendental (la mejor droga del mundo, sana y económica; fue lo mejor que alguien pudiera hacer por mí, aunque luego tuviera que correr a la doctora, por acusarme de hechicero). Por esas dos mujeres me quité los collares y me deshice de todo (incluyendo un orisha que me trajeron de África y que me entregó uno de los dos Papas nigerianos: el profesor Wande Abimbola). Guerreros, orishas, muerto, libros, todo lo enterré en el Bosque de Tlalpan, CdMx (por cierto, el día que me deshice de todo, casi me vuelco en la avenida Universidad con mi hermano Manolo y El Chac).

Desde entonces mi suerte cambió sin que yo me diera cuenta (en general no me doy cuenta de nada; cuando tiembla, me entero tres semanas después, cuando me percato que falta el edificio de la panadería). Tras un par de relaciones conflictivas y un evidente declive económico, comencé a sospechar que había hecho una barbaridad con mis deidades y sentí arrepentimiento.

En enero de este año busqué a mi Padrino, para consultar cómo podía reparar mi daño y volver a la religión. Me recibió una vez y desapareció sin dejar rastro, su teléfono murió y su consultorio (a un lado de la dentista Lupita), ya no abre.

Mi mamá, Lety Pérez, falleció a finales de marzo de este año (mismo que me recibió con un atropellamiento); por pendejadas personales me quedé sin dinero; me la pasé chupando y pachequeando sin hacer nada productivo, pero nunca he dejado de hacer Ebbó (ofrenda) a Ochún y Eleguá, y desde marzo, dar cigarros a mi mamá, que prendo y dejo en un cenicero (mi mamá, de forma fantasmal, abre las cajetillas y saca el primer cigarro). El 11 de noviembre de 2016, caminando por mi calle (pero del otro lado del Eje Central), vi una tienda donde vendían artículos de santería y anunciaban consultas (nunca la había visto, aunque me dijeron que tenía dos años); allí hablé con una mujer venezolana: mi futura Madrina. Hice consulta: Eleguá no quiso hablar conmigo (estaba furioso por lo que hice), habló su muerto, me regañó hasta donde pudo, pero no dijo que volviera a la religión, sino que lo meditara. Por lo pronto, algo se movió y tengo una muy buena propuesta para hacer una película. Cuando junte para mis collares (enero de 2017) iré con mi nueva Madrina (aunque todavía no sabe que lo será).

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