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Domingo , 22.07.2018 / 07:56 Hoy

¿Te cae que así se llama la "peli"?

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Al amparo de la incierta premisa de que una película tiene “un título poco comercial”, los que se las dan de expertos en marketing dentro de las grandes distribuidoras cinematográficas (muchos de los cuales ni siquiera saben de cine) se sienten con los atributos necesarios para cambiar los nombres, a fin de que “se venda más en la taquilla”. Casos célebres hay muchos. Aquí algunos de ellos.

Haciendo un poco de historia tenemos que a Alien, allá por 1979, nos lo vendieron como El octavo pasajero; a Home Along le pusieron Mi pobre angelito; Thelma & Louise la exhibieron como Un final inesperado, a Rosemary’s Baby le endilgaron el título de La semilla del diablo… La lista es larguísima, los desatinos también.

Un clásico es La mandolina del capitán Corelli (2001), de John Madeen, un drama romántico con Nicholas Cage y Penélope Cruz que fue en fracaso por respetar el título original en México pero, ¿qué tal le hubiera ido en taquilla si le ponen La corneta del capitán Mandolina?

A un personaje de origen judío que trabajó en la industria del cine como productor, sin ser prácticamente gente de cine (Omar Gonsenheimer), se debe principalmente una gran cantidad de títulos ingeniosos, ocurrentes y provocadores para llevarse de las estanterías cinematográficas mexicanas a Tepito, con lo mejor del videohome cómico populachero en clásicos del desmadre y anexas, que tienen un equivalente instantáneo en el colectivo fílmico tanto para conocedores como para recién iniciados.

Los títulos lo dicen prácticamente todo en relación al equivalente de donde provienen: Las caguamas ninja (Guillermo Rivas El Borras, Pedro Weber Chatanuga, Ernesto El Gordo Yáñez y Gastón Padilla Padillita, verdaderos caguamones que deben salvar al mundo mexicano de la invasión de la cerveza estadunidense, acompañados por la Chiquitibum), es de las pocas rescatadas en los buscadores de cine en internet, junto con Jarri Puter, una parodia libidinosa de hace 12 años, sobre un mago (Alfonso Zayas, ya rucón) que, en lugar de varita mágica, tiene virote mágico y ponedor. Se trata de una cinta que aprovechó el momento de la saga del pequeño mago de Hogwarts surgido de la mente excesiva y frenética de JK Rowling, que recurre a las peores bajezas fílmicas, gags infames y excesos calenturientos de quinta que degeneran en la estupidez.

Barman y Droguín, dirigida por Gilberto de Anda en 1991, lanzó a la entonces pareja de cómicos Víctor Trujillo y Ausencio Cruz a una aventura alburera donde parodiaban a la célebre pareja de Ciudad Gótica, como el dueño de un bar e inventor alcohólico, respectivamente, acompañados por el ícono del cine de acción mexicano: Valentín Trujillo. Hoy todavía la siguen pidiendo.

En ese tenor no hay que olvidar Los pelotones de Juan Camaney (1989), de Óscar Fontantes, con una historia inimaginable de dos potencias (Japón y Alemania), que unen fuerzas para dominar el mundo. La única forma de conjurar la amenaza es consiguiendo que Juan Camaney (Luis de Alba) se incorpore a la CIA. Lo acompañan en la misión cinco finos traseros (Vicky Palacios, Diana Herrera, Gabriela Goldsmith, Angélica Leal… Pata, Peta, Pita, Pota y Lulú), más dos intrépidos punks: Tito Guillén y Charly Hauptvoguel, aparte de El Tata Arvizu, César Bono y Charly Valentino. La crema y nata del videohome.

Por otro lado, aprovechando la (im)popularidad del dictador iraquí Sadam Husein, Roberto Castillo Figueroa filmó en 1991 El Gandalla Hussein, utilizando una letra “s” más en el apellido, por aquello de las demandas internacionales. Luis de Alba interpreta al Gandalla Hussein Jalil, metido en líos cooperativos zapateros de Jalisco y en las curvas aperaltadas de secretarias dispuestas casi a todo.

La saga de Tijuana Jones, inspirada en las películas de Steven Spielberg interpretadas por Harrison Ford (Las Aventuras de Tijuana Jones y Tijuana Jones y la última pasada), son un auténtico delirio para los que creen que la fuente de la eterna juventud está ubicada en selvas mexicanas. Reparto de lujo que incluye a Mario Almada, Carlos East, Gilberto de Anda (el propio director) y Gilberto y Raúl Trujillo.

Para los que gustan de patrullar en los libros, pueden encontrar aunque sea las mínimas referencias (aunque no de todas) en el Diccionario de cine mexicano (1970-2000), editado por la UNAM, compilado por Mario A. Quezada.

Es muy posible que esta misma semana salga un videohome con la segunda fuga del Chapo (que, dicho sea de paso, ya hay uno de la primera), junto con el esperado, y afirman que muy cachondo, de Cincuenta sombras del güey.

OLMO ROBLES

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