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Los sonidos del placer

Erotismo
(Especial)

EL SEXÓDROMO
Verónica Maza Bustamante

Por lo regular, cuando pensamos en el encuentro erótico lo primero que nos viene a la mente son imágenes. Recuerdos de aquellos momentos en que nos hemos convertido en un río que corre embravecido y sin control o en una corriente suave que va aumentando su intensidad hasta convertirse en cascada. De los cuerpos que hemos amado o aquellos que quisiéramos explorar, sus curvas y pendientes, sus llanuras y lagunas. En escenas de los lugares que hemos habitado al momento de compartir nuestro ser erótico con alguien más.

El tacto es otro de los sentidos más empleados durante esos momentos y tras ellos: la sensación de una anatomía suave o donde los dedos se deslizan gracias a algún aceite esencial; el camino —visible o invisible— que van dejando las uñas al recorrer nuestras zonas más ocultas, la rugosidad de algunas palmas de la mano, el contacto con la sábana, con la lencería, con ropa, con nuestra pijama más gastada.

En la punta de la lengua, y más allá, se quedan esos sabores dulzones o amargos, ácidos o hasta ligeramente picantes con los que nos topamos al probar ese regalo que alguien nos está dando y es su cuerpo. El del condón de piña, el lubricante de frambuesa, el del elixir para aumentar las sensaciones en el clítoris, el del semen, el de los fluidos femeninos, el de la boca ajena. Y el aroma, ese que domina la habitación durante la faena, que catalogamos como "olor a sexo" aunque ese apelativo puede tener innumerables matices, códigos, vientos de otros tiempos, de otras latitudes, de otros espacios.

Somos seres sexuados y seres eróticos. Si queremos podemos hacer uso de numerosos recursos al momento de gozar la magia del cuerpo a cuerpo, de todos nuestros sentidos. Hoy pienso en particular en el oído, en ese elemento importantísimo que no siempre se guarda o se analiza ni se le da el enorme valor que tiene.

¿Quién no ha sucumbido de gozo al escuchar que la pareja llega al orgasmo? ¿Quién no ha sentido esa fuerza irreversible que nos obliga a dejarnos ir cuando nuestra pareja gime de tal manera que sabemos que está ahí pero en otro lado a la vez, en un espacio indescriptible llamado placer? ¿A quién no le ha excitado que en el inicio la contraparte alabe las virtudes de nuestro cuerpo o hable del amor?

Me gustan los apodos. Suelo bautizar con ellos a las personas que quiero, porque me encanta la sonoridad de esos nombres privados que cobran total sentido solo para los involucrados, que se convierten en puertas que abren esa zona de complicidad en donde uno se puede abandonar sin construir barreras ni establecer límites.

La fogosidad que genera el que nos digan qué hacer, cómo acomodarnos, en dónde tocar, si no es en exceso (o siéndolo, si eso les gusta) es súper rica, tanto como que pronuncien, también, nuestro nombre con voz grave, en algún momento.

La respiración, tanto fuerte como lenta, al igual que los suspiros, son combustible, aliciente que nos hace comprender que la otra o el otro la está pasando bien, que no puede controlar lo que sale de su interior y por ello debemos seguir en lo que estamos haciendo. Algunos sonidos son códigos que significan "alto" o "siga", son flechas en el mapa del deseo que, si abrimos los oídos, nos pueden dar el sur, el norte, el este o el oeste que marque nuestro rumbo al clímax.

He conocido a varias mujeres a las que les prende que sus amantes usen palabras fuertes durante la sacudida al colchón: desde groserías hasta palabras de doble sentido, que las bauticen con profesiones que no son las suyas, que las conviertan en diosas, que las transformen en otras. También a otr@s a quienes les apasionan los mensajes de voz enviados a través de Whatsapp, del Facebook, del teléfono.

Lo externo también tiene gran valor: una canción que le guste a los involucrados, una melodía con el ritmo adecuado para seguir el vaivén, el canto de los pájaros cuando tenemos la fortuna de estar fuera de una ciudad, el sonido del viento entre los árboles, de otras personas gimiendo (en el cuarto de hotel de al lado, en una película para adultos), de la vida que hay afuera, en la calle, en el mundo cotidiano cuando podemos salirnos de la rutina y enfrascarnos en un quievive a media mañana.

Les pido que durante la próxima sesión erótica que tengan, traten de estimular su sentido del oído. Que, en pocas palabras, paren oreja. Verán que será un viaje sexy, gozoso y divertido.


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NúmEROS

60% de los pacientes con problemas de salud sexual presentan índices de depresión moderada o severa, según un estudio del Instituto de Medicina Sexual y el Centro Nascia, en España.

Los preservativos, por norma internacional, para salir a la venta deben poder estirarse 7 veces su tamaño usual, además de que deben soportar 39 newtons y tener la capacidad que resistir un mínimo de 18 litros de aire, antes de romperse.

10% de la población no siente ningún tipo de atracción erótica, es asexual.


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Una de las mejores bandas de rock en México está celebrando su aniversario número 20. Llevan dos décadas de labor musical sin interrupciones, pues nunca han dejado de producir discos ni conciertos desde la aparición de su primer álbum, El fuego de la noche.

Desde aquí felicitamos a José Manuel Aguilera, siempre al frente de esta agrupación que ha integrado a talentosos músicos durante su recorrido, y recordamos una de sus canciones más cachondas

"Tórname"

Entre dos lunas me deslizo erecto

voy hacia el centro de su doble gravedad

sube la espuma de plenilunio

y el ojo mira hacia adentro.

Entre dos lunas permanezco atento

tras el lamento viene la felicidad.

Haz pasar tu respiración

a través de mi aliento.

Llévame al sitio de tus secretos

donde mojaste mis sueños,

llévame al sitio de tus secretos

donde quemaste mi aliento,

llévame al sitio

de tus secretos

donde marcaste mi cuerpo.


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Olores

La barosmia es la excitación desencadenada por el olfato, pero hay subcategorías en ella.

Ozolagnia: excitación sexual provocada por los olores fuertes.

Renifleurismo: cuando la excitación proviene del olor a orina.

Olfactofilia u osmolagnia: si la emoción la generan los olores que provienen de las axilas o de los órganos genitales.

Antolagnia: la prendidez que puede generar oler flores.

Entre los aromas que se han ubicado como afrodisiacos, tenemos los siguientes:

Enebro: olor especiado y leñoso, con propiedades relajantes y estimulantes.

Espliego: floral y tenaz, utilizado para el alivio de quemaduras.

Geranio: aroma floral, tónico, sedante y antiséptico. Alivia la ansiedad.

Incienso: leñoso y especiado, relajante, rejuvenecedor y estimulante de las emociones.

Jazmín: dulce, floral, exótico y sensual. Levanta el ánimo.

Pachulí: seductor, base de muchos perfumes fuertes. Estimulante si se usa en pequeñas cantidades y sedante si se usa libremente.
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De El motel de los antojos prohibidos, editorial Grijalbo.

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FB: La Doctora Verótika

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