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“Son mías, no de la banda”

QrR!
Karina Vargas

La ola de titulares que evidencian el nivel de vulnerabilidad que vivimos las mujeres en México y la atención que a esto se le presta, ha aumentado, dando como resultado el #24A, una protesta que mutó de las redes sociales a la calle.

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"Ya hiciste público tu desmadrito, pues ahora vienes y lo demuestras", opina el integrante de un grupo de espectadores que observan a los primeros contingentes incorporarse a avenida Reforma para dar seguimiento a la caravana que comenzó a las diez de la mañana en el Palacio Municipal de Ecatepec. El calor que supera los 25 grados centígrados, orilla a los marchantes a asegurar gorras y sombreros sobre sus molleras, mientras otros despliegan sombrillas, abanicos y panfletos para refrescarse, haciendo hincapié en que el calor que ahí se siente no lo tiene ni Obama.

La dinámica de esta marcha es igual a la de cualquier otra: gritos a destiempo, batucadas, insolación, pancartas, pintas sobre el pavimento, apatía contra fulgor, consignas legendarias adaptadas a la temática y movilidad vial, con una diferencia obvia, no huele a mota y la batuta es femenina. El morado es el color que prevalece y los senos al aire son una herramienta que seduce a la inconformidad. "¡Podemos estar en topless! ¿Cómo ves? Aparte hace calor", propone un travesti a sus acompañantes, ellos contestan: "Ay, pues vas".

Camino hasta la proa de la manifestación, numerosos fotógrafos se hacen espacio para obtener una toma diferente de las mismas diez personas que anteceden a la multitud; para poder permanecer en ese punto hay dos opciones: cruzar el cordón, unirte al grupo y salir en la foto o agarrar la cuerda y ser parte de la brújula andante que dirige la caminata, elijo la segunda y dispongo mis pasos a manera de cangrejo, contemplando a las "compañeras" que gritan las consignas solo para sus adentros.

"¡No pueden estar aquí! Váyanse a las orillas, es una marcha de mujeres", advierten dos inconformes a toda especie del sexo masculino que ven a su paso, mismos que a regañadientes, con cara de molestia y confusión, se acomodan para flanquear el paso de la marcha y desde ahí tomar registro de lo que sucede. Los múltiples asesinatos de mujeres, la impunidad hacia ellos, las desapariciones y el acoso fueron el eje primario de esta toma del espacio público, pero temas como el aborto, los estereotipos y hasta las habladurías de Julión Álvarez completaron la moción. Di un nuevo repaso a la marcha, viendo ciclistas solidarios, danzantes con penachos, parejas expectantes, rostros de apoyo y desaprobación, cartulinas con leyendas como "Yo vivo en Ecatepec y me da miedo llegar de noche", "Por mi, por todas #24A", "Ni fea, ni hermosa, la mujer no es una cosa", me escabullí en medio de una de las concentraciones de tambores más festiva y debajo de un bote usado como percusión, contesté a la siguiente pregunta. Si tuviéramos que tomar acciones y no solo tomarnos selfies para detener esta violencia ¿nos uniríamos?... Si (o eso espero).

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UN MACHO EN LA MARCHA DE MUJERES
Rafael Tonatiuh

No sabía qué tan macho era hasta que participé en una marcha contra el machismo. Yo nunca le he levantado la falda ni le he bajado los chones ni le robado un beso a ninguna mujer en la calle; tampoco las torteo (ni en México ni en Brasil), ni les arrimo el camarón en el transporte público; mucho menos las violo y me pelo a otro país; no vendo mujeres en la frontera para que gringos locos tengan relaciones sexuales y las maten (y si se me muriera una mujer, recordaría de qué falleció); yo no comercio con menores de edad (ni en clanes ni jardines del Edén); no creo que una mujer sea una lavadora de dos patas, destinadas a casarse y trapearle a un huevón; también marché porque estoy de acuerdo en que solo a las mujeres les compete su cuerpo, mi problema es mi mirada. Yo no puedo evitarlo. Tengo mirada lujuriosa. Estuvo bien prendida la marcha, con batucadas, entusiasmo y mucho orden, pero las compañeras se veían tan hermosas, brillantes, sacando su energía, en atavíos primaverales que ya no llegué al Ángel, nomás hasta Insurgentes. Temí que, con mi actitud libidinosa, cualquier saludo sonara a acoso, así que apoyé la causa hasta donde pude y me fui corriendo a leer a Simone de Beauvoir. ¡Ni una más! #PrimaveraVioleta #VivasNosQueremos.

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