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Sábado , 23.06.2018 / 19:11 Hoy

Size: De tamaños y reivindicaciones en el rock

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EL ÁNGEL EXTERMINADOR

Miriam Canales

@miricaiba


Size is everything: a tribute suena como la llegada de otro álbum más de pleitesías musicales, pero esta infravalorada banda punk por lo menos merece una mención a la altura de otros homenajes semejantes.

El rock mexicano padece tributitis, el que lo destributice buen destributizador será. Desde hace años la escena mexicana se encuentra saturada de discos-homenaje a diestra y siniestra dedicados a agrupaciones internacionales a quienes poco o nada les importan la lisonjería hispana. The Police y Queen son algunas de las que conforman este catálogo de solemnidades, así como la reciente ocurrencia hacia Creedence Clearwater Revival, peor aún, a personajes disímbolos como José José o Los Ángeles Azules. ¿Qué han hecho ellos por apoyar al rock? ¿Por qué entonces no cambiar el radar y reconocer a otros cuya aportación sirvió como un motor más potente para echar andar la maquinaria moderna?

Size, unos punketos marginados del sur defeño y remitidos al semiolvido junto con otros músicos techno pop de su generación, carecieron de éxito comercial durante la precaria década artística de los ochenta; en gran medida debido a prejuicios, censura y esa sobrevaluada masa venerada hasta el hartazgo por la chavorruquez: “rock en tu idioma”. Size is everything es un lanzamiento tardío, mas no inoportuno, para rememorar el trabajo del fallecido cantante Jaime Keller (Illy Bleeding) y sus sobrevivientes Walter Schmidt, Carlos Robledo y Alfonso Moctezuma.

En el año 2006, la iniciativa de la artista Ali Gua Gua, integrante de Las Ultrasónicas, dj ocasional y seguidora de Size desde principios de los noventa, la llevó a ingeniar un proyecto en el que mediante una convocatoria respondieron algunas agrupaciones independientes y semidesconocidas. El propósito consistió en reversionar algunos de sus temas perdidos en cuya trayectoria solo lograron publicar un par de acetatos de corta duración. Durante esos años resultaba más complicado acceder a esas versiones originales. Al llamado acudieron Afrodita, Dixybait, Delicado Sónico, La Función de Repulsa, Antiguo Autómata Mexicano y Pestaña, por mencionar unos cuantos, provenientes de ciudades como Veracruz, Monterrey, Cuernavaca, CdMx e incluso países como Perú. Cada uno eligió una canción para ensayarla, grabarla y masterizarla por su cuenta en una labor autogestiva. De este modo, el proyecto quedó conformado por un disco compacto y un fanzine a blanco y negro con textos de Ángel Sánchez Borges y Ulysses Avath; una entrevista con Illy Bleeding y un poema dedicado a su memoria por la escritora Marcela Magdaleno.

La carrera de Size vivió múltiples tropiezos, como informalidades administrativas y estafas de pseudoproductores y promotores alrededor de un ambiente do it yourself de la época; este mismo disco estuvo inmerso en circunstancias semejantes. La muerte accidental de Keller en 2010 fue una de ellas, así como la bancarrota que arrastró a la disquera encargada del lanzamiento original, Noise Kontrol, y su omisión en informar que antes del suceso mil copias se encontraban ya maquiladas, pero resguardadas en una bodega que nunca fueron puestas a la venta a falta de una portada oficial, según se menciona en la semblanza escrita por Ali Gua Gua dentro del fanzine. Otro de los rescatadores fue el promotor Edsónico, quien apoyó a la cantante en la faena para salir avante en la odisea.

El resultado de todo este experimento ha revelado cómo el legado de Size destella en la modernidad. El sonido original con el que abanderaban su estilo, más enfocado al punk y al technopop propio de principios de los ochenta, permanece en la gran mayoría de los tracks aquí presentados, como en los covers de La cabellera de Berenice (Dixybait) o en Time Trap (Antiguo Autómata Mexicano) bajo un electro pop más suave. De otros como Daily Matrix (The A-ha Experience) o Grotesque Ornament se puede esperar más rock, oscuridad y estridencia. Y algunos más como Me I lost you (Anemia y los Tilicos) y Chica A Go-Go (Afrodita) se tomaron la libertad de recrearlos a su manera (¿se vale de todo?).

En recientes años ha ocurrido otro resurgimiento mediante el documental biográfico Nadie puede vivir con un monstruo (Mario Mendoza, 2015), que hasta el año pasado se hizo en DVD tras un lustro de producción.

De manera conjunta, ambas entregas han permitido que nuevas generaciones tengan oportunidad de enterarse que existió una vida en el rock mexicano antes de grupos como Caifanes, Fobia o Café Tacuva (algunos de ellos súbditos confesos de Size) o las decenas de tributos-refritos del ejem… rock en tu idioma, (ahora en una muy cuestionable faceta sinfónica) corriente a la que los punks sureños nunca pertenecieron. “Con eso me partieron la madre”, confesó alguna vez Illy Bleeding en una entrevista para el sello Noiselab.

Con el paso de los años se demuestra una vez más que nadie es profeta en su tierra. Esperemos que este proyecto vaya por buen camino.

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