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Sin celos hay paraíso

El sexódromo
(Sandoval)

EL SEXÓDROMO
Verónica Maza Bustamante


Rafael Santandreu es uno de los psicólogos más reconocidos en España.  Su manera directa, divertida y, a la vez, científica y rigurosa para hablar de los problemas que aquejan hoy en día a la sociedad lo ha convertido en un referente en su campo, además de llevarlo a escribir dos libros, donde explica su método personal —basado en la psicología cognitiva— para ser más fuertes y felices, incluso viviendo en pareja.

Recientemente estuvo en México presentando Los lentes de la felicidad (editorial Grijalbo), su más nuevo ejemplar (el anterior se titula El arte de no amargase la vida). Tuve la oportunidad de charlar con él y aquí les comparto nuestro diálogo.

Rafa, como señalas en tu libro, tenemos lo suficiente para vivir y ser felices, pero conformamos una sociedad de consumo en donde no se entiende que para estar bien hacen falta pocas cosas.

La enfermedad del siglo XXI, la madre de la depresión, la ansiedad, el estrés, las obsesiones, es la creencia de que necesitamos mucho para estar bien. ¡Y las necesidades inmateriales son las peores! Pensar que debes tener pareja para estar bien o, si no, tu vida será un fracaso, por ejemplo. Las personas más fuertes son las que tienen menos necesidades. A diferencia de lo que se cree, esto no nos lleva al conformismo. Si tienes pocas necesidades no te vuelves un inútil; simplemente no las conviertes en urgencias, y eso te da alegría, disfrute, no tienes presión y rindes el triple sin darte cuenta de que lo haces. Los niños no paran de hacer, de ver, de preguntar; no están en la inmovilidad. Los adultos sanos y contentos no paran tampoco de hacer proyectos, básicamente porque les gusta jugar.

Dices en tu libro que si determinamos que lo único que necesitamos es la comida y la bebida del día, entonces todo lo demás debería ser divertimento. También hablas de la necesidad de ver la belleza del mundo, no únicamente lo malo, lo negativo.

Cuando estamos neuróticos dejamos de apreciar la belleza de las pequeñas cosas. Somos como monos saltando de rama en rama, sin parar, pero cuando nos detenemos en una a observar el entorno, vemos la belleza que nos rodea, la luz, la brisa, el sabor de una copa de vino, de una siesta, de una lectura. ¡Es una maravilla! La felicidad se halla en el aprecio a las pequeñas cosas, porque entonces tienes un abanico de placeres a tu alcance que se van multiplicando.   

La vida no es un valle de lágrimas, es una ganga; lo importante es tener la cabeza muy bien amueblada, señalas. ¿Cómo se puede lograr?

No necesitas psicólogos; a veces con un libro, una frase que te incite a reflexionar puedes lograrlo. En la renuncia está la fortaleza. ¿Sabes cuál es la neurastenia que más atendemos los psicólogos? La relacionada con el amor y el desamor. También las relaciones con la familia, la necesidad de aprobación de los demás, la aversión al ridículo, el ansia por la comodidad.

No es tan complejo conocernos a nosotros mismos. ¿Cuáles serían tus tres mejores consejos para lograrlo?

Primero, “prohíbete a ti mismo quejarte”. El problema de las quejas es que te las crees y te agobias. El segundo es “no exijas nada a nadie nunca más”. Si acaso, sugiere. Acepta al mundo como es, fíjate en lo mejor que todos tienen, no en lo malo. El tercero sería “no te quites ninguna tarea de encima”. Vuelve cada acto en una situación agradable para que logres concretar todo.

El apego me parece un gran lastre de la sociedad actual.

Nuestra sociedad nos ha transmitido de una manera muy insidiosa e intensa que amar es necesitar. En la radio hay siempre canciones de amor neurótico, del “sin ti yo muero”. Pero lo mejor es cuando le dices a tu pareja: “Mi vida, no te necesito, pero soy feliz estando contigo”. Hay que aprender a ser felices en soledad y en compañía. Necesitar genera celos, porque no soportas la idea de la pérdida.

Justo hablas en un capítulo de los celos y la fidelidad, asunto que seguro también lleva a muchos hombres y mujeres a tu consulta.

Lo importante es que tu pareja te quiera, te apoye, te haga feliz, pero que se haya comido un bollo de chocolate o se haya tirado al entrenador del gimnasio, no es relevante. La infidelidad da miedo porque creemos que nos van a dejar por otra persona. Yo les respondo a mis pacientes: “¡¿Pero cómo se me va a ocurrir dejar a alguien que no me coacciona ni cela, que me deja ser libre?! ¡No la abandonaría nunca!”.  Estar abierto a todo eso te hace más potente.

Yo le digo a las personas hipercelosas: todos tenemos una inmensa capacidad de amar, a nivel sexual y sentimental. ¿Por qué deberíamos limitarla? Además, algunas parejas salen beneficiadas de la infidelidad: mejora su vida erótica, le dan mayor valor a sus parejas. ¿Por qué deberíamos angustiarnos y temer que nuestro hombre o mujer mire a otras personas?

Como dices, saber que eres libre y dueñ@ de tu vida, de tus actos, sin sentirte obligad@ por la persona que amas, te hace ver tanto el amor como el deseo con otros ojos.

Lo importante es relajar la terriblitis que nos invade cuando pensamos en el tema. Si conseguimos aceptar mentalmente que la poligamia no es una situación terrible, reduciremos los celos y podremos ser unos monógamos serenos y felices.

A mí a veces me dicen: “El sexo está sobrevalorado; no es más que acostarse con otra persona”. ¡Sin duda! El acto de “acostarse” recibe mucho más valor del que tiene y, en contraparte, poco valoramos los múltiples aspectos que integran la sexualidad humana. El sexo no es follar. Tenemos conceptos erróneos que nos llevan a dar valores demasiado altos a las cosas menos importantes.

El problema de la infidelidad no es el engaño per se, sino nuestra loca mitificación del encuentro sexual, como dices. Dejar una relación solo por una infidelidad es una reacción irracional. Si nos importa nuestra unión tendríamos que valorarla por el apoyo mutuo que vivimos, por nuestra capacidad de divertirnos juntos, por el respeto, el cariño, los proyectos en común, la convivencia cotidiana en armonía. ¡No hay penes de platino ni vaginas de oro! Si le damos todo el valor de vivir con alguien únicamente a lo que hacemos con nuestros genitales, estamos pervirtiendo el verdadero significado de estar en pareja.       

www.rafaelsantandreu.es.  

 

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‘Tom en la granja’

Un joven va al pueblo natal de su fallecido amante para su funeral. Al llegar se encuentra con que su familia política esperaba a una mujer, no un hombre. El hermano de su amante ha hecho creer a su madre que éste tenía una novia, por lo que obliga a Tom a mentir. Él quiere vivir su pena y cae en una farsa en donde no tiene otra opción que participar. Tom se interesa por su cuñado, un hombre violento que vive en el aislamiento por ello, y poco a poco nace una relación entre los dos.

Con la actuación de Verónica Langer, Pedro de Tavira, Leonardo Ortiz Gris y Alaciel Molas, escrita por Michel Marc Bouchard y dirigida por Boris Schoemann, Tom en la granja es una puesta en escena que se presenta los viernes a las 20.45 horas, sábados a las 19 y 21:30 horas y domingos a las 18 horas en el Teatro Foro Lucerna (Lucerna 64, esquina Milán, col. Juárez, DF).

Sus productores tienen cinco pases dobles de cortesía para los primeros lectores que escriban a elsexodromo@hotmail.com. ¡No se la pierdan! m

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