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Domingo , 22.07.2018 / 09:49 Hoy

Sin título

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EN EL TONO DEL TONA
Rafael Tonatiuh


"Fui a las mejores escuelas de París, lamentablemente no aprendí nada":
René Descartes

Estudié la carrera de ciencias de la comunicación en la UNAM y no me titulé (ni fui a la fiesta de graduación de mi generación, hubiera sido un alarde de cinismo, ya que desde que ingresé comencé a deber materias y hasta recursé metodología con una prima, cuatro años menor que yo).

También estudié cinematografía en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM, que en mis tiempos no tenía categoría de licenciatura, pero como ya lo es, si yo quisiera titularme tendría que revalidar materias, lo cual no pienso hacer ni de chiste, pues mi experiencia en cine y televisión es que nadie te pide un título, sino que te preguntan: “¿Qué has hecho?” (lo cual te obliga a trabajar en el medio desde un principio y de lo que se pueda, para irte colando en tu especialidad, que en mi caso es el guión).

Algunos payasos le llamaban “película de tesis” a su película de quinto año, y se pavoneaban como si fuera la novena maravilla cuando solo era la película de quinto año; si la carrera durara seis años, sería “la película de sexto año” (que, a diferencia a la película del año anterior, en teoría debería desperdiciar menos tomas, pero no te hace especial ni diferente al resto de los humanos).

En el CUEC aprendí dos cosas útiles: “Cuando te pregunten si sabes usar algo di que sí, aunque no sepas, y luego ves el manual” y “haz del defecto un efecto”. El resto de los conocimientos que me han abierto las puertas vienen en económicos libros esotéricos que venden en el Metro, pues aunque se rían de mí por prender velas y hacer ceremonias mafufas, considero que uno no puede triunfar en la vida sin buena suerte.

Sí me hubiera gustado hacer una tesis como debe de ser, con un tutor y toda la cosa, pues me parece una oportunidad de explorar un tema, y eso es divertido. Las tesis se deben hacer por diversión, no como comprobante de conocimientos.

En las escuelas se enseñan materias, pero cuando se pretende que los conocimientos queden reflejados en una boleta, es la boleta la que toma el poder por encima de los conocimientos realmente adquiridos, y si la boleta dice que aprendiste ocho, así será (aunque sepas seis o diez).

Desde niño la lucha es por la calificación más alta o pasar, no por aprender. La cosa se complica cuando sales de la enseñanza básica y entras al nivel superior, pues entonces la lucha es por la chamba mejor pagada (o tener chamba), no los conocimientos. Cuando se deja de ser niño se utilizan artimañas para pasar: en el CCH Sur, una señora que despachaba quesadillas te vendía los exámenes (y como el magisterio siempre “anda bruja”, un docente indocente puede pasártelos sin broncas por un pollo rostizado).

Tesis hechas se venden en el mercado de La Lagunilla, se leen menos que un poeta de Saltillo. Solo son un cúmulo de hojas reciclables en un mundo quimérico e hipócrita, donde un papel es capaz de representar algo que no es, donde desde el doctor Falzati hasta el asaltabancos Ríos Galeana compraron sus títulos de licenciaturas (y el Negro Durazo un doctorado).

La polémica levantada sobre las comillas desaparecidas en la tesis del presidente Enrique Peña Nieto podrían ponernos a pensar: “la persona que nos está gobernando, ¿realmente tiene la capacidad para gobernarnos?”. Yo pienso que no, pero tampoco me parece algo novedoso: nunca jamás las personas que nos gobiernan, nos gobiernan realmente; nos gobierna un equipo que trabaja para el que gobierna (cuyos miembros subcontratan especialistas que les brinden las soluciones que deben aportar).

El presidente, el presidente de la empresa, los mandos superiores, los directores generales y todos aquellos que ostentan un cargo de elección popular, tienen un puesto donde figuran como “la cabeza del proyecto”, no tienen qué saber nada, solo entregar informes trimestrales y reunirse con los subdirectores, asesores, jefes de área, quienes cobran un poco menos, pero trabajan un poco más, pues tienen que aportarle ideas al mero mero (toda ésta fauna tiene títulos y maestrías y doctorados, de universidades privadas y/o extranjeras). Siguen los de nivel licenciatura para abajo, los empleados, los que realmente trabajan, quienes sí saben cosas, pero cobran menos.

El día de hoy, quisiera pedir un aplauso para esa persona que no tiene título, pero que sí sabe cosas porque estudió una materia (como el químico de Breaking Bad, que lo mismo cocina metanfetaminas que fabrica piedritas que explotan). Esa gente que no alardea en las redes sociales que “está viendo el Ciudadano Kane”, sino que miran películas checoslovacas en privado, sin que nadie lo sepa.

Gracias a ti, quien careces de título pero tienes conocimientos chidos, porque eres el que nos salva de todos los pedos.

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