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Domingo , 22.07.2018 / 22:07 Hoy

Sexo para el enfermo

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EL SEXÓDROMO

Verónica Maza Bustamante

elsexodromo@hotmail.com

@draverotika

FB: La Doctora Verótika

La nota apareció esta semana: Elisabeth Scharfenberg, congresista del Green Party, organismo de oposición en Alemania, propuso que el gobierno otorgue “asistencia financiera sexual” a los ciudadanos con necesidades médicas que no puedan subsidiar relaciones sexuales de otra forma. Para sustentar su solicitud, enumeró todos los beneficios que otorga a la salud la actividad erótica, los cuales son numerosos.

En el país teutón la prostitución es legal desde 2002; por ello, lo dicho por Scharfenberg se ha relacionado con este trabajo y la congresista no ha especificado qué tipo de apoyo pide. Quizá se pregunten: ¿por qué? ¿Hay otra opción? Sí: la asistencia sexual. En Alemania se ha considerado un servicio del sistema sanitario específicamente para personas con discapacidad. ¿Qué diferencia hay entre ell@s y las prostitutas? Al ser un recurso específico para hombres y mujeres enfermos (que no pueden salir de su casa, que están inmóviles, que diariamente están medicados, que tienen padecimientos crónicos o degenerativos, etcétera), se trata de personas que no solo se prestan para tener un encuentro erótico, sino que están capacitados para tratar a los pacientes según su mal. No siempre es necesaria una relación con penetración: en muchos casos, con abrazos, besos, caricias será suficiente.

Por supuesto, otros legisladores alemanes han apuntado que aunque se pudiera comprobar una “necesidad médica” de sexo para los pacientes, el Estado tendría que ejercer sus presupuestos en necesidades más básicas, como nutrición e higiene. Incluso el legislador Karl Lauterbach fue directo (en su interpretación del asunto): “No necesitamos prostitución pagada en los hogares de los ancianos, y ciertamente todavía menos prescribirla”.

Es verdad que hay otras cosas que son prioridad en el sentido de que pueden matar a una persona (ciertas enfermedades o el hambre), a diferencia del placer (nadie se muere si no tiene sexo). No obstante, tener una existencia sin gozo, sin sentir otro cuerpo junto al nuestro, sin experimentar orgasmos nos convertirá en seres humanos tristes o, cuando menos, que no estarán en total plenitud (salvo lo que opinen los asexuales). Y una población de personas felices o, de perdida, alegres, será siempre un buen lugar.

Además, el mensaje de Lauterbach anula el derecho sexual de los adultos mayores a tener placer compartido (sea gracias a una sexoservidora regulada, una asistente sexual o una amiguita), y eso no debería aplicarse en ningún país.

Habrá que seguir la nota, para ver si Alemania llega a dar el paso que dio Suiza en 2007, cuando reguló de forma oficial la figura del asistente sexual y cuenta con un programa de formación para ellas y ellos, impartido por diferentes asociaciones y sindicatos de mujeres y discapacitados reconocidos por el gobierno helvético.

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¿Y LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD?

En 2009, el periódico español El Mundo publicó una entrevista con Marien, una asistente sexual en Barcelona, que atiende a “hombres con síndrome de Down, tetrapléjicos, quemados, gente que padece obesidad mórbida y otras discapacidades”. Comenzó en 1998, cuando se anunció por primera vez en periódicos de Cataluña como escort independiente dispuesta a atender a personas con discapacidad. Las llamadas no se hicieron esperar, así que se especializó en la atención erótica de ese sector.

En aquel entonces era la única en España que ofrecía un servicio profesionalizado, con artículos diversos que la asistieran en su labor, aunque reconocía que dejaba que sus clientes le indicaran qué camino tomar. Con el dinero que había ahorrado pagó dos departamentos, estudió Ciencias Políticas en la Universidad Autónoma de Barcelona y hace ocho años pensaba comenzar a estudiar un doctorado.

Esta semana, el mismo diario presentó al griego Dimitri Zorzos, el primer asistente sexual (también se les conoce como “parejas sustitutas”) para mujeres discapacitadas en España. Tiene 37 años, en la práctica se hace llamar Dyon y desde 2011 se ha capacitado en ello. Estudió con la sexóloga Silvina Peirano, siendo el primer hombre en tomar sus clases.

En el artículo de El Mundo, una mujer con parálisis cerebral de nacimiento explica la diferencia entre un prostituto y un asistente sexual: “Con 40 años mis amigos me pagaron un gigoló y no tiene nada que ver. Te folla, se viste y se va. Es distinto”. Con Dimitri ha conocido el placer de ser “tocada de maravilla”, ha recuperado las ganas de vivir, ha mejorado su estado de salud y se siente capaz de enamorarse de un hombre que la quiera.

Ahora, Dimitri Zorzos quiere llevar a cabo un nuevo proyecto: un taller de Sexualidad Funcional, en donde quiere contar sus experiencias y preparar a otros asistentes. Cobra por sesión entre 75 y 200 euros, según el caso, pero si sus pacientes no tienen solvencia económica, acepta una parte en dinero y otra “con un intercambio. Ellas pueden pensar qué y ser creativas. Soy muy comprensivo. Han llegado a pagarme con poemas”.

Además de Silvina Periano y su organización Sex Asistent Catalunya, en España también se encuentra Rafael Reoyo, activista por los derechos
humanos de las personas con diversidad funcional. Con él he tenido interesantes charlas a través de Facebook, donde nos contactamos. El suyo es un proyecto de índole teórico-académico que promueve la asistencia sexual como herramienta para el empoderamiento y la igualdad de oportunidades. Ve la asistencia sexual “como un medio para conseguir que las personas con diversidad funcional sean consideradas como sujetos de deseo” y quiere visitar México para dar a conocer su labor y preparar a personas interesadas en dedicarse a este trabajo.

Para la activista, feminista, política y escritora Beatriz Gimeno, no hay diferencia entre el trabajo sexual y la asistencia sexual: “Me parece muy hipócrita pensar que uno no (debería permitirse) y otro sí. No tengo nada en contra de que una persona pague a otra por tener sexo, es una opción, pero sí estoy en contra de que se asuma que eso da derechos a la persona que paga… y surja una obligación para quien ofrece el servicio”.

El tema genera debate, es interesante y complejo. Habrá que investigar si en México podría surgir una posibilidad semejante, y cuáles serían sus lineamientos.

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