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Series para ‘cabecitas blancas’

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EL ÁNGEL EXTERMINADOR

Ricardo Guzmán Wolffer


¿Aburridos de tantas producciones sobre narcos? Aquí les damos mejores opciones televisivas para las fuerzas juveniles del Inapam.


Si hablamos de series que hablan de aquellas épocas en que los espectadores más venerables y canosos eran niños o estaban incubándose en las gónadas paternas, la reina sería la británica Downton Abbey (seis temporadas). Ubicada en Yorkshire, vemos las peripecias de la aristocrática familia Crawley y sus sirvientes. Notable por su tono políticamente correcto, con todo y los amoríos de las hijas, las muertes en la guerra, el terrible maltrato al mayordomo homosexual (que en realidad es odioso por gandalla, no por gay, y tiene mala puntería en la búsqueda de su media naranja), los accidentes automovilísticos, etcétera. Vemos las peripecias de una sociedad monárquica obligada al cambio luego de la Primera Guerra Mundial. La mala suerte de unos y la necedad de otros integrantes de la familia no le piden nada a los dramas de la “época de oro” del cine mexicano, donde el Torito Jr. se achicharraba casi en los brazos del inolvidable Pedro Infante, riéndose como loco, cual ciudadano ante el bonche de fotomultas que de la nada le caen. Resulta notable ver las actividades de parte de la servidumbre: algunos solo vestían a los aristócratas. Los amantes de las modas y de los coches se deleitarán con el vestuario, escenografías (algunas trucadas impecablemente) y locaciones, a lo cual se añaden diálogos impecables y una trama donde, además de ver las transformaciones sociales, estamos atentos con las peripecias amorosas de todos y la forma en que la servidumbre se pone el pie para quedar bien con los señores y las damas. Algunas intrigas, algún encarcelado, la hija “mala suerte” que o se le muere el novio o la deja plantada en el altar por culpa de la hermana hocicona y termina por tener un hijo natural.¡Qué horror! Cada personaje encarna a una fracción de esa sociedad donde los títulos sí contaban y donde las bibliotecas eran sinónimo de estatus, sobre todo cuando no hay mucho que hacer en esos castillos hermosos y gigantescos. Obvio, ganó premios a granel.

En contrapartida, está la serie Cranford, de la BBC (dos temporadas). En un pequeño pueblo casi lleno de viejas solteronas, vemos las dificultades para que algunas se casen y para que otras acepten que si no se han casado es porque… ¡no quieren! Sí, cómo no. En contraposición con las elegantísimas y siempre a la moda damas de Downtown, aquí vemos los problemas para comprar un tocado o un chal, ni se diga hacer un vestido. Ubicada en 1840 y basada en las novelas de Elizabeth Gaskell, vemos con azoro las prácticas médicas (“ampútale el brazo, no vayas a perder el prestigio”, le dice el doctor viejo al doctor joven que intenta salvarle la extremidad a un carpintero), el poder inmenso de los chismes y los malentendidos. Un eficaz reparto encabezado por la genial Judi Dench que encarna a la solterona a la que se le va el tren matrimonial en la tercera edad, cuando se le muere el novio al que 30 años rechazó por motivos incomprensibles en este siglo XXI. O la hermana que se muere de una preocupación, literalmente. Las peripecias de los más pobres, castigados por cazar sin permiso en los terrenos de la única lady de la serie, son enternecedores; especialmente cuando la lady despide a las personas que saben leer, dando por hecho que no les corresponde ese papel en la sociedad. El sacrificio de su administrador, quien muere en una explosión en la construcción de esa modernidad llamada ferrocarril, por ayudar a un niño a que curse la escuela es conmovedor. Claro, a los pupilos del secretario Nuño les sonará muy conocido el drama.

Para rematar, Galerías Paraíso, también titulada como El paraíso de las damas, otra serie de la BBC (dos temporadas), basada en la chulada escrita por Emile Zolá, donde no solo es una clase de sociología ver cómo se impusieron las enormes tiendas departamentales, para desgracia de los pequeños comerciantes, sino también es un deleite ver las modas y los mecanismos que aplican los dueños para acercar a las compradoras, varias capaces de hipotecar sus casas y a sus maridos con tal de seguir comprando. Aquí no hay más división social que los que compran y los que venden, ya sea como intendente o como empresario capaz de casarse para capitalizar a la empresa.

Cualquiera de estas series hará las delicias de quienes estamos aburridos de ver narcos matándose y parecer héroes. Hasta puede que reconozca a alguna tía nonagenaria entre los personajes. O a usted mismo, estimado. Como yo.

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