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El rock del 2014

(Yorko)
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EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Hugo García Michel


Año difícil en todos sentidos, en México y en el mundo, y para el rock también… en México y en el mundo

No fue este un año especialmente brillante en los siempre movedizos terrenos del rock. En ese sentido, resultó muy semejante a 2013 y con ello parece marcarse una tendencia a la baja, sobre todo si vemos lo bueno que fue el periodo 2007-2012 para el género. Hablo por supuesto del panorama internacional, porque en el nacional la caída al vacío lleva ya muchos años y, por ende, las cosas fueron aún peores este año que el pasado, cuando hubo al menos cuatro o cinco discos más o menos decentes. En 2014, si acaso sólo escuché un par de platos mexicanos por los que pudiera apostar algo.

Lo anterior no significa que no haya habido muchos buenos álbumes, sobre todo en los países anglosajones, pero los de excelencia, los que podrían aspirar a alcanzar algún día la categoría de clásicos, esta vez fueron contados.

2014 estuvo marcado por la muerte de antiguas glorias como Joe Cocker, JJ Cale, Jack Bruce, Phil Everly, Pete Seeger, Johnny Winter, Bobby Womack, Ian McLagan y Bobby Keys. Viejos músicos como Leonard Cohen, Tom Petty, Bruce Springsteen o Neil Young produjeron magníficos discos y gente como Jack White o grupos como Timber Timbre ratificaron su enorme calidad artística. Un regreso, con más pena que gloria, fue el de Pink Floyd (o, más bien, el Pink Floyd de David Gilmour), con un álbum que levantó más expectativas de las que cumplió.

Entre los trabajos discográficos destacados —fuera de los que en lo personal me parecen los diez mejores y que enlistaré al final—, se encuentran To Be Kind de Swans, Tales from the Realm of the Queen of Pentacles, de Susan Vega; Here and Nowhere Else, de Cloud Nothings; Wig Out at Jagbags, de Stephen Malkmus and the Jicks; Warpaint, de Warpaint; The Cautionary Tales of Mark Oliver Everett, de Eels; Everyday Robots, de Damon Albarn; I’m Not Bossy, I’m the Boss, de Sinéad O’Connor; Brill Bruisers, de The New Pornographers; LP1, de FKA Twigs; El Pintor, de Interpol; This Is All Yours, de Alt-J; Everything Will Be Alright in the End, de Weezer; Foundations of Burden, de Pallbearer; Hypnotic Eye, de Tom Petty and the Heartbreakers; Syro, de Aphex Twin; High Hopes, de Bruce Springsteen; Are We There, de Sharon van Etten, y esa locura felizmente deconstructora que es el With a Little Help from My Fwends, de The Flaming Lips.

Por lo que respecta a nuestro país, el hecho más importante y al mismo tiempo el más triste fue sin duda el fallecimiento del Capitán Pijama, gran músico subterráneo, creador demencial y escritor delirante, aparte de excelente amigo. Nunca se le apreció debidamente en vida y, por desgracia, tampoco a partir de su desaparición física.

En cuanto a la producción discográfica nacional, sólo rescato el muy grato Alfa Beta Grey, de Jumbo, y el Cry Is for the Flies, de Le Butcherettes, aunque este proyecto de la mexicana Teresa Suárez (alias Teri Gender Bender) tiempo ha que emigró a California.

Cómo estará de mal el estado del rock en México que su máximo exponente del 2014 fue un grupo tan inocuo e intrascentente como Little Jesus, que no es sino un émulo —y para colmo mal hecho— de Vampire Weekend.

Pero no nos deprimamos y veamos la lista de los que son, a mi modo de ver, los diez mejores discos de 2014 (el orden es descendente):

10.- Lost in the Dream, de The War on Drugs. El estupendo grupo de Filadelfia, con Adam Granduciel a la cabeza, consiguió labrar con este, su tercer opus, una brillante joya de música al mismo tiempo etérea y concisa (como si The Cure se fundiera con Bruce Springsteen). El mejor trabajo de The War on Drugs hasta el momento.

9.- Morning Phase, de Beck. Seis largos años de ausencia discográfica llevaba Beck hasta la aparición de este nuevo trabajo, el perfecto complemento para su Sea Change de 2002. Estamos ante una obra calma, reflexiva, relajada, melancólica, sin mayores estridencias, Morning Phase no es el mejor disco de este prolífico músico, pero sí uno de los más entrañables.

8.- World Peace Is None of Your Business, de Morrissey. Un trabajo fino y elegante, hasta altivo y soberbio, con un conjunto de composiciones de sorprendente variedad y de espléndida factura. Intenso, preciso, crítico, politizado (incluso panfletario en momentos, pero ya conocemos a Morrissey), con una producción impecable, estamos ante uno de los mejores álbumes de este polémico británico.

7.- Somewhere Under Wonderland, de Counting Crows. Los cuervos han regresado con un estupendo disco que no hace sino refrendar aquel su viejo estilo basado en el folk rock, pero sin sonar en absoluto anquilosados o demodés. Todo lo contrario. Se trata de hecho de un larga duración pleno de frescura, de júbilo y de vitalidad. Como si nos encontráramos frente a un grupo debutante.

6.- You’re Dead!, de Flying Lotus. Cuando el rhythm n’ blues, el jazz, la electrónica, el hip-hop y la música de vanguardia se funden, dan como resultado una obra tan impresionante (y complicada) como esta. Música elaboradísima, de difícil acceso, pero a la que una vez que se penetra resulta imposible (e indeseable) escapar. Un discazo.

5.- Hot Dreams, de Timber Timbre. Un plato lleno de detalles sutiles, pero al mismo tiempo de una poderosa fuerza soterrada. La música que hacen estos canadienses, tan oscura y en momentos ominosa, atrapa a quien la escucha y lo hipnotiza con su avernal belleza y su dúctil sonido. Hot Dreams hechiza, fascina, pervierte. Por eso vale tanto la pena.

4.- lullaby and… The Ceaseless Roar, de Robert Plant. Espléndido trabajo del legendario ex vocalista de Led Zeppelin, una obra con la cual Plant retornó a sus raíces británicas sin dejar de lado su fascinación por la música del Medio Oriente y de la árida África del norte, aparte de su irrenunciable amor por el blues.

3.- Lazaretto, de Jack White. El geniecito del rock actual volvió a pegarla con este álbum sensacional, en el que sigue creando una amalgama entre la música de raíces estadunidense y su propio estilo autoral e interpretativo. La inteligencia, la creatividad y el talento en función del arte más auténtico.

2.- Popular Problems, de Leonard Cohen. Concisa y maravillosa colección de nueve canciones que en poco más de media hora sintetiza, de una y muchas maneras, la fructífera e intensa vida de Cohen, una biografía de 80 años tan apasionada como apasionante. Será un clásico.

1.- St. Vincent, de Saint Vincent. Annie Clark sigue siendo una de las compositoras e intérpretes más interesantes y propositivas de este siglo y lo reconfirma con esta placa impecable, quizá no tan experimental e incluso un poco inclinada al pop, pero con la misma finura y calidad que demostró desde su primer trabajo. A mi parecer, el disco del año.

 

DIEZ CANCIONES DEL 2014

 1. “Slow”, de Leonard Cohen.

2. “Lazaretto”, de Jack White.

3. “Birth in Reverse”, de St. Vincent.

4. “Glimmer”, de Neil Young.

5. “Back to the Shack”, de Weezer.

6. “Hot Dreams”, de Timber Timbre

7. “Earthquake Driver”, de Counting Crows.

8. “Brill Bruisers”, de The New Pornographers.

9. “Red Eyes”, de The War on Drugs.

10.- “Morning”, de Beck.

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