QrR

¡Han robado a Tongolele!

(Karina Vargas)
(Karina Vargas)

PREGÚNTALE AL PROFESOR SABELOTONA
Rafael Tonatiuh


Querido Seki:

Lo más probable es que haya sido un ratero, aunque nunca falta la posibilidad de que la propia bailarina exótica haya metido sus prendas en el refrigerador, decorado con ellas el árbol de Navidad, se las haya puesto a sus mascotas o las traiga puestas debajo de la ropa, pues ya saben que nuestra venerable Tongolele es una sobreviviente de la Época de Oro del cine nacional, con 83 añitos a cuestas, una rumbera que ya pierde el rumbo de la conversación, con grandes posibilidades de que se le vaya el patín regacho, aunque todos los días se levante a las cinco de la mañana para darle al yoga y a la zumba, porque es una granny sana que hace ejercicios físicos y espirituales y se levanta temprano y come legumbres crudas y se ve rebién buena por fuera, pero con el alzhéimer bien adentro, que no es precisamente un amante alemán, sino una señal de que ya se le fundió el bulbo raquídeo.

Tampoco es conveniente echar en saco roto la posibilidad de que la mucama de Tongolele le haya rentado la ropa a un fan fetichista, un torero, descubridor de talentos del beisbol, delegado de la Anda, uno de esos vagabundos bohemios que acudían a la casa de la artista, cuando un cuate ganaba una Diosa de Plata o algo por el estilo, porque ustedes sabrán que en el mundo de la farándula hay mucha lujuria y perversión, y no faltará el sobrino de la cuñada de una consuegra de Tongolele que se enteró que todavía puede probarse unas pantimedias y una pelucha todavía calientitas, a bajo precio, quizás hasta con un vello bello de pilón.

Profesor Sabelotona:
¿Quién se robó las mangas del chaleco?
Mayita Mazariegos

Querida Mayitas:

Como todo mundo sabe, el huevo fue primero que la gallina, sencillamente porque su estructura molecular es más sencilla, como la de los protozoarios que dieron origen a la infinidad de complejas especies que hoy pueblan la tierra. De allí que la camisa, evolucionara a partir del chaleco.

El robo de las mangas del chaleco tiene su origen en tiempos muy remotos, cuando surgieron las primeras prendas de vestir, las cuales evolucionaron a partir de las hojas de parra que usaron los primeros pobladores del planeta para cubrirse de la lluvia, del viento, del frío y de los piropos de los pelados. Así evolucionó la prenda textil: del hilo vino la tela, de la tela el chaleco y del chaleco la camisa.

Durante cientos de años la gente usó camisa sin conocer su origen, hasta que unos naturalistas, al mando de Napoleón Bonaparte, descubrieron los vestigios de chalecos antiguos bajo las pirámides de Egipto y se les ocurrió fabricar chalecos, para venderlos en París. Cuando los fabricantes de camisas observaron que el chaleco se comenzó a poner de moda, buscaron la manera de quitarse de encima a la competencia, enviando espías a sus fábricas, quienes revelaron que las mangas de los chalecos las almacenaban en bodegas para fabricar ropa en tiempos de gusanos de seda flacos.

Los fabricantes de camisas parisinos fueron los primeros ladrones de mangas de chalecos, quienes, al no serles de utilidad las mangas sin camisas, las vendían en el mercado de la bolsa (es decir, para hacer bolsas), así fue hasta finales del siglo XIX, que los fabricantes de polainas descubrieron las bodegas donde los fabricantes de camisas guardaban las mangas de los chalecos robadas y comenzaron a robárselas para regalarlas como promoción en concursos de belleza.

En la actualidad, uno mismo, de una u otra forma, participa del robo de las mangas, pues cada vez que compras una prenda ésta lleva un 0.3 por ciento de manga de chaleco robada (como el jamón de pierna de oferta, que tiene un 0.3 por ciento de pierna).

Profesor:
¿Quién se ha robado mi queso?
El Ratón Miguelito

Roedor amigo:

Tu queso y el queso de la señora del siguiente turno se los roba el despachador del súper que te pesa el queso en la báscula, mientras te chorea sobre la marca con menos grasa, pesándote unos gramos de más que se van almacenando durante la jornada hasta ser kilitos; por la noche, a la hora del corte de caja, los despachadores se reparten el queso que le estuvieron robando a la clientela durante el día.

Hay ocasiones en que el botín es tan grande que no tienen dónde esconderlo, por ello lo cortan en cubitos, le ponen palillos y lo reparten como muestras gratis (por cierto, estas muestras también sirven para desaparecer el jamón robado).

< Anterior | Siguiente >