QrR

El rey del otro cine

El otro rey del cine
El otro rey del cine

por Norma Lazo

Sobre Jorge Grajales se filmó el corto documental El rey del otro cine, de Gabriela Ivette Sandoval, el cual se presentó en el Festival Internacional de Cine de Guanajuato, la edición 2012 del Festival de Cine Macabro, el Festival Internacional de Cine de Vladivostok y en el shorts corner del Festival de Cannes.

El maestro Grajales comenzó a difundir, valorar y apreciar un cine denostado, ignorado y proveniente de latitudes insospechadas desde décadas atrás. Su peculiar y creciente colección fue la materia prima que le sirvió para montar un cineclub en las instalaciones del Centro Cultural José Martí en febrero de 1999. Este espacio se distinguía de los demás porque proyectaba una vez por mes un maratón nocturno dedicado a temáticas variopintas. En los casi 15 años que duraron estas funciones, Grajales sorprendió al público con cine de Bollywood, spaghetti-westerns, cine de acción hongkonés, cine fantástico checoslovaco o ciberpunk japonés; cine extraño de diferentes partes del mundo. Su labor de difusión incluyó la traducción y el subtitulaje de películas para ponerlas al alcance de todos. Para ello aprendió cantonés, japonés y coreano. Su curiosidad natural por el séptimo arte oriental lo llevó a una tienda de video japonesa. En un principio fue ignorado, pero gracias a que había aprendido algo de japonés los propietarios lo trataron con respeto y se volvió asiduo a su negocio. No podía ser de otra manera: Grajales es quien más conoce de cine asiático. Es el responsable principal de que por estos lares empezara a sonar el nombre de Takashi Miike. Fue el primero en proyectar en México películas de Wong Kar-Wai, Park Chan-Wook y Kim Ki-Duk, cineastas hoy infaltables en las muestras de cine.

En su largo camino por el cineclub del Centro Cultural José Martí reunió muchas anécdotas, como aquella vez cuando en su primera emisión programó L’ultimo mondo cannibale, de Rughero Deodato, y Tokio Snuff, nombre español de Shiryo no Wana, de Toshiharu Ikeda. Recibió una llamada de la Segob antes de la función. El misterioso interlocutor quería saber si esa noche en verdad se proyectarían películas snuff. El maestro Grajales aclaró que ese género no es más que un mito y que los caníbales eran de mentiritas.

Pero dejando de lado las historias, más importante es que los maratones del Martí no solo fueron un éxito entre el público, con el tiempo se convirtieron en un espacio abierto en el que convivían lo mismo cinéfilos que indigentes (que de otra forma jamás se hubieran acercado al cine), vecinos y curiosos, vendedores ambulantes y universitarios. El maratón de cine alternativo del Martí también fue ejemplo de la restauración de un espacio público, creando una vida cultural en una zona que muchos no se atrevían a pisar por considerarla fea o peligrosa. Y eso para mí es lo fundamental de la cultura: su capacidad de crear tejido social y, en ocasiones, hasta restaurarlo.

La discusión sobre la relevancia de la cultura popular o si debe hablarse de cultura y contracultura quedó atrás. Hoy la cultura de masas es referente en muchos ámbitos, incluso un filósofo como Žižek suele legitimar el goce peculiar producido por la cultura popular. Con todo, el maratón del Martí ha sido cancelado sin explicación o diálogo, como una larga lista de actividades culturales, por la secretaria de Cultura, Lucía García Noriega. En una entrevista para Siempre! Tv la secretaria dice que cualquier acto cultural debe de ser transversal, en sus propias palabras: “No tiene que haber programas de género ni programas de minorías, tienen que estar todos incluidos en los programas”. ¿Cómo se incluyen a todos si no se toma en cuenta lo que quieren las minorías? Quizá por eso le causan tanta emoción eventos como Los niños interpretan a los Grandes Maestros del Impresionismo, de la Central de Abasto. Me pregunto si los niños hubieran preferido pintar inspirados en el Místico o Blue Demon. Al parecer hemos vuelto a la cultura del Saber ver, no hagas, Ve: la cultura es un sujeto inanimado que mira pinturas y esculturas. Siento tristeza por el cierre de ese espacio y otras opciones culturales, esos espacios que son un abrazo tibio en una ciudad caótica e insensible. El espacio de los maratones del Martí es tan solo uno de ellos. En las palabras del escritor y monero Bernardo Fernández, Bef, “el cineclub del Centro Cultural José Martí fue un punto de encuentro y espacio de vanguardia durante cerca de 15 años. Su promotor, el incansable Jorge Grajales, ha tendido puentes culturales muy importantes a través del cine con diversas tradiciones cinematográficas. Su cancelación será una pérdida irreparable para la vida cultural de nuestra ciudad”. Sin duda está bien Saber ver, pero estaría mejor saber escuchar.

< Anterior | Siguiente >