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Domingo , 19.08.2018 / 01:59 Hoy

Resurge el Caramelo Pesado (en vinil)

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EL ÁNGEL EXTERMINADOR

David Cortés


El rock mexicano está lleno de historias de proyectos inconclusos, bandas promisorias que jamás se consolidaron y otras que tampoco lograron dejar constancia de su trabajo en alguna grabación.

El periodo que va de 1970 a 1985, aproximadamente, es aún más oscuro porque en ese entonces era prácticamente imposible plasmar en vinil una grabación. Había que estar firmado por una discográfica y ni siquiera pensar en los sellos independientes que, al menos en ese tiempo, también estaban cerrados para el rock.

Al despuntar la década de los ochenta, Charly López (bajo y voz), Jorge Beltrán (guitarra y voz) y Arturo López (batería) formaron Caramelo Pesado, una entidad sonora que surgió de las brasas de Master Mind y Stomago Sagrado. Avecindado en Lindavista, el trío pronto se destacó por la pesadez de su sonido. Influidos por grupos como Guru Guru, Budgie, Captain Beyond, entre otros, Caramelo Pesado derivó a la sicodelia y la acidez, empezó a recorrer el circuito de lugares en los cuales se podía tocar en ese momento y alternó con bandas como Three Souls in My Mind, Ginebra Fría, Newspaper, Iconoclasta. “Llegamos a tocar también con Kerigma y Caja de Pandora —dice Arturo López—; en Lindavista tocábamos con Warfield, Sueño Negro, Máscara de Hierro, Squeet y Calígula (todas integradas por amigos nuestros), que de alguna manera eran similares, pero ninguna con la intensidad de Caramelo Pesado”.

“Éramos los reyes —cuenta el guitarrista Jorge Beltrán—. Hicimos muchas tocadas, aunque todo era fresa, fue una época donde Luis Miguel dominaba la radio y Judas Priest se escuchaba con dificultad”. Arturo López abunda: “Andábamos mucho por Lindavista porque ahí vivíamos, pero no solo tocábamos en esa zona, también íbamos a Hip 70 San Ángel, a la ENAP en Xochimilco, al Foro Tlalpan, a Contreras, a La Presa, Arboledas, Coyuya, Teatro de Santo Domingo, tocábamos en donde hubiera chance”.

En una ocasión, continúa, “nos tocó presenciar el truene de Three Souls in My Mind, en marzo de 1984, en un histórico concierto en el auditorio Che Guevara de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. El lugar estaba a reventar y esa tarde Caramelo Pesado abrió el concierto dejando el auditorio al rojo vivo, después vino una breve presentación de Ginebra Fría y cerró Three Souls in My Mind, tuvieron fricciones entre ellos, hubo algunos empujones, el bajo fue a estrellarse con la batería y ahí terminó el concierto. Muy poco tiempo después, Alex Lora formó el Tri”.

Los tiempos no eran los más favorables y luego de cinco años Caramelo Pesado abandonó la escena; sin embargo, de sus cenizas surgió una pléyade de bandas cuya influencia sería importante para el subterráneo de este país y cuyo eco trascendería incluso en el extranjero, entre ellas Nörvenich, Loch Ness, Humus, Semefo y Frolic Froth. “Entré en crisis cuando el grupo terminó —cuenta Jorge Beltrán—. Charly se fue a Radio Carolina y yo estuve en esa banda cinco meses porque quería tocar con él, pero después empecé a hacer mi trabajo en solitario porque no encontraba músicos como ellos. Pero Caramelo Pesado era mi formación, lo primero que hice cuando comenzaron las redes sociales fue hacer una página del grupo en Myspace”.

No obstante no tener ningún disco en su haber, la resonancia del trío era grande y llegó al extranjero en donde grupos como Guru Guru, Blue Cheer, Bang y November se declararon sus fans.

Ahora el baúl de grabaciones de Caramelo Pesado se abre para dar salida a un primer disco. Treinta años después de haberse disuelto, la banda edita un vinil en color gris, en edición de 500 ejemplares y portada abatible con tracks de la autoría del grupo y del que se excluyeron las versiones a temas de May Blitz, Master’s Apprentices, Tear Gas y otras, que eran muy populares en su repertorio. La placa homónima recoge grabaciones realizadas entre 1982 y 1984 en condiciones de bootleg, cortes que se agrupan en pares o tríos marcados por la densidad y una acidez extrema. Enfrentarse a estas composiciones-improvisaciones es como pararse frente a una manada de búfalos que justo acaban de iniciar una estampida. Lo mismo se incluyen grabaciones caseras que registros en vivo de un grupo que fue el embrión de una escena; la aspereza de la música del trío, totalmente indómita, llegó a oídos de influyentes músicos que se preguntaban cómo una música de esta calaña podía surgir en un país donde lo más exportable en ese momento eran los mariachis.

Para hacerlo aún más apetecible a los coleccionistas, el álbum trae un sticker que, dice Arturo López, “es un homenaje al logo de los discos Vertigo, sello discográfico de rock pesado y progresivo de los setenta en donde se editaron muchas de las obras que hemos admirado a lo largo de nuestras vidas. Además trae una estrella de madera impregnada con pachuli y con un trompetista del Apocalipsis impreso que corresponde al recuerdo de haber comprado algún disco en aquella época que oliera así; ese aroma era todo un símbolo de aquel momento, de la onda gruesa, del rock y de lo subterráneo”.

Cuando se le pregunta al guitarrista Jorge Beltrán acerca de la importancia no solo de la aparición de este disco, sino del grupo, contesta con su vehemencia acostumbrada: “Va a ser objeto de revaloración, fueron años en los que trabajamos muy duro y después de que se deshizo lo mantuvimos vivo en las redes y ahora se está viendo el resultado. Pasaron 30 años y estoy muy contento, hasta creo que puede haber una gira del Caramelo Pesado; es más legendario que nada, va a agitar todo”.

Arturo López, responsable de poner a circular la placa, tenía 16 años cuando se formó la banda. Desde el sillín que le permitía aporrear su instrumento veía el mundo “con gran incertidumbre respecto a la escena del rock nacional, pero con total certidumbre de que habíamos creado una máquina sonora de demolición capaz de derribar lo que nos pusieran enfrente. Imaginaba el nombre de nuestro grupo junto al de las grandes bandas que siempre admiramos, y soñábamos con el LP de Caramelo Pesado que aquí está al fin”. Él, como Beltrán y su hermano Charly, comparten el entusiasmo cuando llega el momento de hablar del legado del trío. “Mucha gente nos ha otorgado el título de ser el primer grupo mexicano de stoner/sludge, y sí, éramos la resistencia porque en esa época ya nadie tocaba rock pesado, ácido o sicodélico, era algo que ya había pasado y todos andaban en otras ondas; después llegó el metal con todas sus variantes y luego la vuelta al heavy rock con el stoner. Eso y haber tenido la tenacidad y el coraje de mantener el hilo que motivó el surgimiento de las bandas mencionadas”.

Abiertas las puertas que mantenían oculta a la fiera, es probable que el futuro depare más de estas sonoridades extremas y lleguen grabaciones de Nörvernich, Loch Ness, Semefo y Frolic Froth, grupos que en su momento albergaron a algún integrante de Caramelo Pesado, pero que se mantienen como un secreto en la historia del rock mexicano.

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