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La resistencia negra en Pelourinho

por Pablo Pérez-Cano

Salvador de Bahía, Brasil.- No se puede decir que la situación sea fácil en Pelourinho. La guía de turismo de la editorial Lonely Planet recomienda no andar por aquí después de que ha comenzado a oscurecer, advierte sobre los asaltos de los adictos al crack que, junto con las prostitutas, son huéspedes en los edificios corroídos por los años y el salitre desde que la élite baiana se mudo a Corredor da Vitoria y desdeñó el que fuera el barrio más chic de la primera capital de Brasil.

Cada semana el calendario marca Terça da Benção (martes de bendición), una conmemoración que mezcla motivos católicos con la religión africana del Candomblé, se festeja a los orishás. Este mes se cumplen 30 años desde que el poeta Clarindo Silva retomara esta data como punto de encuentro para los bohemios, convocándolos a llenar las ruas con arte y fiesta. La década de los ochenta fue de efervescencia para la Terça,que atraía a escritores, músicos, y periodistas. Ahora son jóvenes de nuevas generaciones los que abarrotan las ladeiras (calles inclinadas), los terreiros y las plazas cada semana, para escuchar a músicos consagrados y nuevos talentos.

Tomando las precauciones mínimas, cualquier paseante puede disfrutar de este barrio que durante las noches se transforma en arrabal para oídos exquisitos. El grupo de samba-reggae Olodum el domingo, los contestatarios (banda de músicos jóvenes) Fela Kuti el lunes y deschongue masivo el martes con la presentación de cuatro agrupaciones de samba más la presencia de Gilberto Gil en el Terreiro de Jesus, plaza principal de Pelourinho. En otra época, Terça da Benção era el día en que los esclavos estaban obligados a ir a misa, los negros escondieron a su deidad Ogún tras san Pedro, en San Marcos; veían a Xangó y a través de San Cosme y San Damián adoraban a Ibeji . Las cosas han cambiado: Brasil es un país que superó las imposiciones culturales y se presenta al mundo como un país que no se parece a Europa pero tampoco se ha anclado en la latinoamericanidad. Es una mixtura rebelde de todas las culturas.

En Brasil se bebe cerveza pilsen, estilo de cerveza tan ligera que irremediablemente las vejigas quedan llenas antes de que se pueda disfrutar de los primeros impulsos del alcohol. Cosa peculiar, porque probablemente existen pocas ciudades en el mundo donde un sanitario público es más inútil: aquí se mea en la calle. Durante los show de música en el Terreiro de Jesús, plaza principal, uno a uno y después de forma torrencial y desesperada se camina a la calle Do Bispo y se orina con tranquilidad ceremoniosa pese al caos del tumulto en la rua, que se va convirtiendo en un riachuelo amarillo. Terminado el ritual, hay que volver de prisa pero con ritmo a la plaza con ánimos renovados.

Gilberto Gil en concierto

Gil está frente a unas tres mil personas, la mayoría locales que se dedican reír y festejar el hecho mismo de tener música para bailar. Los extranjeros, razonan más la música, el que tienen enfrente fue el exitoso ministro de cultura de Lula da Silva, amigo de Stevie Wonder y preso político de la dictadura militar. No dura mucho la clase de historia, de pronto todos han bebido cerveza de más y solo se puede bailar con la música de Gilberto que toca su guitarra mientras lo acompaña una voz femenina, una sexy mujer con look afro de los años 70: Não te ensino minha malandragem/ Nem tão pouco minha filosofía/ Por quê? Quem dá luz ao cego/ É bengala branca, canta y el sensualismo desata la safadez.

Un francés se faja a una morena que acaba de conocer, un policía se quiere llevar a un uruguayo que se rehúsa a pagar una cuenta, alega que le están queriendo cobrar de más.  Una chica de micro minifalda le palpa el pene a otro turista con una inocencia perversa propia de una madre que le hace cosquillas a su hijo, después se ríe de él y se va. Los baianos hacen más o menos lo mismo, coquetear y bailar, pero con más naturalidad. Estos son sus ritmos, estos son sus estilos. Ahora en el escenario cantan Qué bloco é esse: Somos criolo doido/ Somos bem legal/ Temos cabelo duro/ Somos black power.

El ritual de la xixi

El río de amoniaco escurrió hasta la calle de la Asunción y descendió directo hasta la calle de la panadería. Unos malandros que vendían maconha y cocaína en una ladera oscura la vieron pasar contundente y veloz; creyeron que tenía un destino trazado por fuerzas ancestrales, pero su camino solo era guiado por la inclinación de las calles empedradas. Fue frenando su andar hasta que en algún punto de la madrugada, la orina se detuvo. Kilómetros arriba, la fiesta terminaba con un golpe de tambor.

Pablo Pérez-Cano / @pabloperezcano


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