QrR

De redentores y poetas

Junto con una de las coordinadoras del encuentro, fuimos allá, llevados en una camionetota conducida por don Redentor (me cae que así se llama).
Junto con una de las coordinadoras del encuentro, fuimos allá, llevados en una camionetota conducida por don Redentor (me cae que así se llama). (Especial)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR

Ignacio Trejo Fuentes


Me invitaron a participar en un ciclo literario en Ciudad Juárez, pero a mí y a otros escritores nos reunieron en Chihuahua City para que diéramos pláticas e hiciéramos lecturas en otras ciudades del estado, antes de llegar a la tierra de Juanga (yo había estado allá muchísimas veces, y conocí, entusiasmado, el Noa Noa, que era un  galerón inmundo, con sinfonola y sillas y mesas de plástico, de esas que ofrecen las compañías cerveceras: ahora es un vulgar estacionamiento). Me comisionaron, con un poeta chileno y una poeta chihuahuense, a leer en Ojinaga (debe su nombre a un general).

Junto con una de las coordinadoras del encuentro, fuimos allá, llevados en una camionetota conducida por don Redentor (me cae que así se llama). Fuimos por una carretera alterna  con el fin de que viéramos un cañón espeluznante (la palabrita quiere decir que pone los pelos de punta); pero qué va, yo había visto el Cañón de Colorado y otras maravillas, así que mientras mis amigos se deshacían de la sorpresa conversé con don Reden. Luego de casi cinco horas, llegamos a Ojinaga, desierto en medio del desierto (los desiertos no me apantallan: viví en Israel), y lo primero que dije fue: “¡Qué gaviotas tan maravillosas!” Eran zopilotes.

En una prepa leímos cuentos, poesía y crónicas ante 300 azorados estudiantes, sin duda acarreados, y al terminar el numerito nos llevaron a comer al restaurante más chic de la población, que no era mejor que un Vips capitalino, que desprecio. Comimos buena carne, y en un intervalo en el que salí a fumar (¡hasta dónde llega la puritana prohibición!) me acompañó nuestro anfitrión, un periodista de prensa escrita y de radio que representaba al alcalde, y me dijo que en Ojinaga nunca llueve. “Mire”, me dijo, “allá a lo lejos ya es Estados Unidos, y como puede usted ver está lloviendo. Pero la lluvia no pasa por aquí, nos da la vuelta: llueve por allá, pero a nosotros no nos pela”. Sí, llovía, en el lado gringo. Y la poeta chihuahuense juró que ella haría llover.

El poeta chileno rogó que fuéramos hasta la línea fronteriza, y don Rede nos llevó. El chileno no cabía en sí de entusiasmo: “¡Estoy viendo los Estados Unidos!”, exclamaba. “Sí”, le dije, “y aquellos carros son de la Border Patrol”. La poeta chihuahuense se metió al “río”, que no era más que un desmedrado arroyo de agua color café con leche, y se puso a gritar: “Que llueva, exijo y ordeno que llueva”. Los dioses parecieron hacerle caso porque, de repente, se soltó una impresionante cantidad de lluvia, no de agua, sino de polvo, algo así como las tormentas de arena que yo había padecido en Israel. Nos refugiamos en la camioneta y le gritábamos que dejara sus locuras y se refugiara. Don Rede y el chileno fueron por ella y la subieron a la camioneta. La polvareda era tan espesa que tardamos mucho en llegar a casa de un chicho local que nos había invitado a visitarlo mientras llegaba el numerito de lecturas de la tarde.

Qué tipo tan impresionante, el anfitrión. Su casa es formidable, una mansión, y al entrar vi una alberca, obviamente seca, aunque llena de basura: ¡en Ojinaga sería un crimen tener una piscina funcionando si no hay agua! Nos invitó café, trago, pasteles, y en una de esas le pregunté: “¿Qué es esa sala que dice ‘Cine’?”. “Pues mi cine”, dijo y nos hizo pasar. De veras, era un cine en miniatura, en declive, con doce butacas auténticas que, contó después, le regalaron cuando el primer cine de Ojinaga se incendió. Había alfombras y motivos egipcios por todos lados. Puso el video que estaba, y era Lo que el viento se llevó. Tras admirarme, salí a seguir tomando cafecito; solo don Rede se quedó para ver el final de la película.

En esas estábamos cuando empezó a llover: una lluvia menuda, débil, casi nada. La poeta chihuahuense exclamaba: “¡Se los dije, haría que lloviera!” Seguimos con la charla hasta que debimos hacer la lectura en algo así como la Casa de la Cultura de Ojinaga. En vez de preparatorianos, estaban representantes de la alta sociedad local; las señoras —lo juro— llevaban abrigos, y los señores traje y corbata, lo que era absurdo con ese calorón. Leímos, y uno de los asistentes agradeció que leyéramos crónicas y cuentos y poesía, porque los ocasionales conferencistas solo hablaban de Pancho Villa: “¡Ya me tienen hasta la madre con Villa!” En mi intervención conté que la poeta chihuahuense había hecho llover, y le aplaudieron. Y durante el coctel espléndido volvió a llover, ahora copiosamente. “¡Amarren a esa bruja de los güevos, no la dejen ir!”, vociferaban los asistentes.

Como pudimos, cargados de botellas de bebida local, regresamos a Chihuahua City; me escandalicé porque nos habíamos perdido una gran cena-reventón. Al día siguiente fuimos a Ciudad Juárez, y en el camino —casi cinco horas infernales— nos detuvieron en un retén militar. Heroicos esos soldaditos, parados a media carretera bajo el sol asfixiante. Don Rede les indicó que la camioneta era propiedad de la Universidad Autónoma de Chihuahua y nos dejaron continuar. Protesté airadamente: “No, revísenos bien, porque traemos una banda de delincuentes colombianos”. En efecto, iba con nosotros el gran William Ospina —ganador, entre otros premios, del Rómulo Gallegos.

En Juárez (así dicen los locales) me hice cuate del poeta dominicano Billiard, quien es ni más ni menos que secretario de Cultura de la República Dominicana. Visitamos preparatorias y cárceles. “¡Anímate, maestro”, le decía, “tenemos público cautivo!” Pero su preocupación era otra: su hijo, al saber que viajaría a México, le encargó una camiseta del Chicharito Hernández, y esa se volvió obsesión del poeta. Juro y perjuro que cuando lo visite en Santo Domingo, le llevaré al vástago unos shorts autografiados por Javier, a fin de cuentas es mi amigo.

< Anterior | Siguiente >