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“El pervertido del queso suizo” y otras historias

Sexodromo
(Sandoval)

Estoy disfrutando de mis tradicionales vacaciones en Suiza, patria de mi esposo, quien la abandonó hace ya siete años para irse a vivir a la Ciudad de México y formar una familia conmigo. Gracias a las redes sociales, he estado en contacto con lectores, radioescuchas y amigos mexicanos, con quienes comparto tanto información como fotografías de los lugares que visito.

Varios me han preguntado detalles sobre la educación sexual en el país helvético, espacios de entretenimiento para adultos, regulaciones para la pornografía y la prostitución, lugares donde se podría tener encuentros candentes.

Confieso que desde visitas anteriores he buscado espacios como esos por los que hoy me preguntan. He ido a cines porno, a exhibiciones de arte sadomasoquista, he entrado a sex shops y caminado por el Red Light District de Zürich, he visto burdeles, table dances, burlesques travesti y neo-burlesques, he entrevistado a naturales de estas tierras sobre sus hábitos eróticos y me he entregado al hedonismo por completo.

Ahora vuelvo a investigar sobre temas relacionados con la sexualidad y el erotismo en la nación alpina. Hay asuntos interesantes que quiero compartirles.

“EL PERVERTIDO DEL QUESO SUIZO”

Esta historia no se desarrolla en Suiza sino en Estados Unidos, pero buscando información del país enclavado en el corazón de Europa occidental llegué a la nota (de hace un año); me dio tanta risa que quise contárselas, pues ya saben que si bien abogo por la educación erótica, también me doy el permiso de manejar el humor.

La entrada de la nota publicada en el Montevideo Portal no tiene desperdicio: “Al parecer, el olfato de la policía de Filadelfia ha sido lo suficientemente fino como para rastrear el olor a queso suizo y partes pudendas hasta la puerta de un hombre, quien fuera arrestado ya dos veces por una inusual práctica fetichista”.

Resulta que lo que más le gusta a Chris Pagano es frotar trozos de “queso suizo” sobre su pene hasta alcanzar el orgasmo. Hasta ahí no hay nada grave, pues cada quien sus gustos y formas de excitarse; el problema es que cuando las expresiones de la diversidad erótica dejan de ser consensuadas, entonces se vuelven delitos. En este caso, la policía apareció porque el susodicho se bajaba los pantalones y, desde la ventana de su auto, preguntaba a mujeres si aceptarían “tallar el queso suizo contra su pene” a cambio de 20 dólares, convirtiéndose eso en exhibicionismo y provocación sexual, propuesta indecorosa, delito contra la libertad e integridad sexual de las mujeres a las que abordaba.  

Fue un reportero de The Philadelphia Magazine quien lo bautizó como “el infame pervertido del queso suizo”. Según la publicación, Pagano señaló que ha probado “con muchos tipos diferentes de queso: americano, provolone, Cheez Whiz, Monterrey Jack y cheddar , pero finalmente me quedé con el suizo; es el mejor. En primer lugar, porque cuando uno piensa en cuajadas de manera general, la imagen que se aparece en la mente es la del producto de Suiza, pero también debido a los agujeros y la textura” (entiendo que habla de la versión comercial que se vende en el país del Tío Sam, pues en Helvetia hay muchísimos tipos de lacticinio, siendo pocos los que tienen hoyos). Además, afirma que en realidad el único que le gusta comerse es el mozzarella, pero nunca después de emplearlo en su anatomía.

La próxima vez que coma un trozo de algún queso de estos lares (es decir, en unas horas), no lo veré igual.

LA MALETA SEXUAL DE SUIZA

En este país se hablan cuatro idiomas: alemán, francés, italiano y romache (o rumanstch, lengua que he aprendido de manera autodidacta y ahora manejo con soltura, aunque son pocos los que la hablan). Las religiones predominantes son la católica y la protestante. De sus más de siete millones de habitantes, un millón son extranjeros. Es decir, hablamos de una fascinante variedad y un destacado entendimiento por la diversidad (no mencionemos hoy la aprobada propuesta “Fin a la inmigración masiva”). Además, los suizos son campeones en las urnas, pues participan directamente en el proceso de toma de decisiones políticas. Suelen estar convocados a votar una media de cuatro veces al año sobre múltiples cuestiones, tanto a escala nacional como cantonal y municipal. La educación sexual no está exenta de esta situación.

En diciembre pasado, un grupo de padres de familia conservadores reunieron suficientes firmas (cien mil) para forzar un plebiscito en donde se decida si se aprueba o se prohíbe la educación sexual obligatoria para los menores de nueve años. Ellos están en contra, pues aseguran que promueve “la sexualización de los infantes”. Aún no se fija la fecha para la votación, pero se llevará a cabo.

La iniciativa procede de un grupo de padres de Basilea, quienes reaccionaron ante los Sexkoffer (maleta sexual) que se repartieron en los colegios: una caja de accesorios pedagógicos que contiene penes y vulvas de peluche, videos, libros, rompecabezas con la imagen de un hombre y una mujer a los que se les van “quitando” las piezas con la ropa hasta que quedan desnudos. Se supone que este material se emplea a partir de los 12 años, aunque en 2011 el Estado implantó la educación sexual desde los cuatro años en 30 escuelas de ese cantón.

Pero, ¿qué más quieren prohibir esos padres de familia que parecen de Provida? La Oficina Federal de la Sanidad Pública, en colaboración con el Ministerio de Educación, ha previsto enseñar a los menores de entre cuatro y seis años la anatomía del cuerpo humano y dar información sobre el acto erótico. Entre los seis y los diez años se abordan temas como la masturbación, la orientación sexual (desde la perspectiva de la ideología de género), los preservativos, la primera menstruación y la primera eyaculación.

Los promotores gubernamentales afirman que quieren “dar los conocimientos esenciales, las capacidades, las competencias y los valores que necesitan para conocer su sexualidad, sintiendo placer físico, psíquico y emocional”, pero los papás de Basilea que firmaron contra el asunto desean abolir la educación sexual a niños hasta los nueve años de edad; hacer que sea optativa hasta los 12 y obligatoria para los mayores, con la condición de que esté impartida por profesores de biología que se concentren “en la reproducción” sin tocar los “aspectos sociales de la sexualidad”. O sea, estos papacitos del montañoso país parecen tener la lógica conservadora de muchos progenitores de Latinoamérica.

María Inés Carvajal, médico escolar del Servicio de Salud de la ciudad de Berna, precisa que la educación sexual busca prevenir el abuso sexual, el embarazo indeseado, las infecciones de transmisión sexual y desarrollar una sexualidad sana y armoniosa. “Lo importante es que los niños aprendan a hablar de sus sentimientos, tengan una persona de confianza y sepan decir “no” cuando es necesario”, señala para el portal Swissinfo. Además, este sistema pone acento en crear relaciones equitativas entre los géneros, evitando estereotipos “que dicen el sexo es malo, como a veces se escucha del lado de la Iglesia.

Evitamos prejuicios como ‘el hombre necesita más sexo que la mujer’, transmitimos la idea de que ambos tienen los mismos derechos, y eso puede preocupar a quienes tienen otros valores”.

Ya veremos qué deciden los avanzados suizos cuando esta votación se lleve a  cabo.

CONTINUARÁ…

Verónica Maza Bustamante

@draverotika

elsexodromo@hotmail.com

Facebook: La Doctora Verótika

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