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Las pequeñas puertas de Ave Barrera

Falsificar obras de arte puede ser un trabajo quizá no del todo noble, pero sí bastante productivo…, a menos que quien lo haga se deje succionar por un complicado torbellino de enredos, misterios, ambiciones, delirios y aventuras que terminen por dejarlo en calidad de masa inerte. Esto es más o menos lo que le sucede a José Federico Burgos, el personaje principal de Puertas demasiado pequeñas (Universidad Veracruzana, 2013), un relato ameno, divertido y poseedor de una gran calidad literaria. Con Ave Barrera, su autora, es la siguiente charla.

¿En qué momento nace tu inquietud por la escritura?

Desde niña supe que quería escribir. Me fui a dar un paseo muy largo por todos los ámbitos de la literatura, después me dio por la investigación y por la edición y hasta ahora retomé la escritura. Pero desde muy chica supe que lo que quería era contar historias.

¿Por qué esta historia en especial?

La historia de la novela surgió un poco por mi nostalgia de la Guadalajara que había vivido en los años noventa. Más tarde viví varios años en Oaxaca, así que fue una especie de vuelta a mi lugar de origen. Por otra parte, me inspiré en muchas cosas que viví con mi papá. Él es anticuario, escultor —hace réplicas de esculturas renacentistas—, le gustaba mucho el arte barroco. Yo vivía con él su trabajo, estaba en su taller desde chiquita, andaba con él de aquí para allá con sus clientes. Frecuentábamos una casa y mientras él hablaba con su cliente, yo me soltaba y andaba de metiche por todas partes. Me llamaba la atención el hecho de entrometerme en un espacio ajeno. Recorrí esa casa muchas veces y se quedó muy grabada en mi memoria. Me encantaban sus espacios, sus silencios, la altitud de sus muros y la estrechez de sus puertas. Tiempo después, me enteré que esa casa era del arquitecto Luis Barragán.

¿Cuáles serían los temas esenciales de ‘Puertas demasiado pequeñas’?

Uno de mis temas favoritos es el del silencio y eso lo asocio con mi padre literario y mi gran ejemplo que es Juan Rulfo. En esta novela se casan tres temas principales: el silencio, la arquitectura y el arte y Rulfo. Además, tuve que hacer mucha investigación sobre la pintura y la falsificación, aparte de lo que ya conocía por las técnicas que utilizaba mi papá en su taller.

Vayamos al personaje principal: algo que me llamó mucho la atención de tu novela es que sí parece que está narrada por un hombre, no encontré ese “toque femenino” que tienen muchas de las narraciones escritas por mujeres.

Yo siempre he dicho que la literatura no debe tener género. Hice un esfuerzo muy grande por ponerme en los zapatos de mi personaje, hablar como él, ser él.

Los personajes secundarios también son muy importantes y en prácticamente todos los casos muy interesantes, ¿en qué te basaste para crearlos y desarrollarlos?

Todos son personajes de ficción pero que de alguna manera tienen su huella biográfica: los conocí en algún momento o conocí rasgos de algunos que se fueron sumando, aglutinando en ellos. El papel que desempeñan todos es en cierta forma protagónico. De cada uno se pueden seguir su historia y sus conflictos personales. Yo creo que cada persona tiene su propio conflicto y que éste merece ser abordado si forman parte de una historia. Eso le da mucha riqueza a la obra que uno escribe. No sirve tomar a un personaje, aunque sea “secundario”, sólo para utilizarlo, sin profundizar en él. Hay que darle una dimensión de persona para que cobre riqueza y esa riqueza se abona al conflicto de la obra.

Ya que hablas de la obra, ¿cómo defines a tu novela, en cuál o cuáles géneros encajaría?

A mí me gusta pensar que es una novela de aventuras, pero que quiere llegar a un poquito más, dar un paso hacia una cuestión más filosófica, más de introspección, más espiritual. Pero en dos palabras, me gusta definirla como una aventura iniciática. Eso es lo que vive José Federico Burgos y es muy divertido acompañarlo. Pero sí hay algo más: una vuelta de tuerca que le da un sentido más profundo al libro.

¿Cómo debe ser la literatura o, más específicamente, ‘tu’ literatura?

Me gusta apostar por una literatura entretenida, legible, amena. Que te permita entrar en su mundo, pero que al mismo tiempo te deje algo, que sientas que hay un trabajo literario ahí. A estas alturas, uno no puede casarse con esa literatura críptica y muy elaborada que tal vez los lectores no disfrutan tanto y los hace soltar el libro al momento en que no se sienten identificados con la oralidad de la novela. Pero tampoco tenemos que caer en el facilismo de la literatura comercial. Se puede encontrar un punto medio.

Hugo García Michel

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