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Jueves , 19.07.2018 / 07:14 Hoy

Patti Smith, un idilio entre el punk y la poesía

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EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Karina Vargas


En diciembre del año pasado la prensa resaltó el “error” que la cantante neoyorquina tuvo frente a una audiencia que esperó sin éxito el arribo del Nobel de Literatura 2016. Sin embargo, aquel mes fue más que un traspié: la intérprete de “Horses” cumplió apenas su séptima década.

“A decir de mi padre, nací larga, flaca y aquejada de bronconeumonía”, recuerda Patti en las páginas dedicadas a su infancia en el libro Éramos unos niños y continúa con una minuciosa descripción de los cuestionamientos que comenzaron a desprenderse del fervor inculcado en casa y en las lecciones de catecismo a las que acudía. Dudas y resoluciones que, junto a su afición por la lectura, resultaron en la habilidad de inventar frases que suplieran las oraciones que recitaba antes de ir a la cama. Como aquel rezo que le dedicó a su ciudad favorita: “Nueva York me sedujo, Nueva York me formó, Nueva York me deformó, Nueva York me pervirtió, Nueva York me convirtió” u “Oath”, el poema que hizo a manera de declaración existencial para comprometerse a hacerse responsable de sus actos: “Jesús murió por los pecados de alguien/ pero no por los míos”.

Sin querer, la pequeña Patti plantaba con ello la semilla de un oficio literario y poético que permanece vigente en las letras de sus canciones, en las antologías de sus poemas: “Witt”, “Seventh Heaven”, “Babel”, “Ha! Ha! Houdini”, “The coral sea” y “Auguries of innocence” y en sus narraciones autobiográficas Woolgathering, Just Kids y M Train.

Su decidida búsqueda de libertad la sacó de Chicago, la encaminó a Nueva York en 1967 y la llevó por escenarios a veces precarios, otras veces brillantes, al lado de figuras como Allen Ginsberg, William Burroughs, Janis Joplin, Frederick Smith, Lou Reed y más personajes del Hotel Chelsea y el icónico CBGB. Un encuentro fortuito con el “álter ego” de Bob Dylan, como lo describe Patti, con el cantante Bob Neuwirth y el interés de éste en ver los poemas de Patti hechos canción, la motivó a hacer del poema “Fire of Unknown Origin” su primera canción: “La Muerte viene por el pasillo vestida de mujer/ la Muerte viene vestida por la carretera con sus mejores galas/ la Muerte viene no puedo hacer nada/ la Muerte se va, algo debe haber que permanezca/ un fuego de origen desconocido se llevó a mi amor”.

A Patti Smith el punk la encontró recitando sus poemas, en la iglesia de Saint Mark junto a Lenny Kaye y la Melody Maker que él tocaba por ese entonces, época en la que Smith aún se rehusaba a participar en el mundo de la música ante la disyuntiva de ser poeta o cantante. Al respecto, luego del éxito en el recital y tentada, tiempo después, a sellar un trato con una disquera, Patti transcribe un extracto del libro Crazy Horse: the strange man of the Oglalas para retrasar cualquier decisión impulsiva: “Caballo loco cree que vencerá en la batalla, pero si se detiene a recoger el botín, será derrotado”. No obstante, su ánimo de impregnar a la palabra escrita de “la inmediatez y el ataque frontal del Rock & Roll” la condenaron a ser globalmente reconocida por su labor al frente de una banda y así ganarse el mote de “La madrina del punk”. Si Patti Smith no quería ser intérprete musical, menos coqueteaba con la idea de ser referente de algún género en específico, pero fueron las condiciones de esa época las que la colocaron en esa definición. Y su postura ante las normas que dictan cómo debe verse o comportarse una mujer, se inmortalizó en la portada del disco Horses, en la que con su camisa blanca, un saco, un pantalón y un par de tirantes más su postura desafiante, pero delicada, expusieron una definitiva muestra de feminidad alterna.

México, Smith, Dylan, Rivera y Kahlo

La primera vez que Patti visitó México fue en la primavera de 1971 para ofrecer una charla en la Casa Azul de Frida Kahlo sobre la pintora, viaje que aprovechó para probar el café de Veracruz, de donde, según William Burroughs, “es el mejor café de todo el mundo”. Cuarenta y un años más tarde, el 6 de mayo de 2012, Smith realizó su primera presentación en la Ciudad de México, ahí reconoció su amor por Diego Rivera, Frida Kahlo y Roberto Bolaño. Al año siguiente, en la conmemoración del día de las madres, ofreció un segundo concierto, esta vez en el Plaza Condesa en compañía de su hijo Jackson. El 30 de diciembre del año pasado, veinte días después del incidente ante una sociedad bien vestida acomodada en un salón, cuando suplía con la canción “A hard rain’s a-gonna fall” al literato más destacado de 2016, según la Academia sueca. La madrina del punk celebró 70 años de ser un poema andante, en los que apegada al arte ha escrito una historia plausible que no se limita a ser intérprete de un cancionero.

Larga vida a Patti Smith y perpetuidad a su legado.


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