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Negro

Pez soluble
(Apache Pirata)

EL PEZ SOLUBLE 
Jordi Soler

El futbolista uruguayo Luis Suárez, universalmente famoso por haber mordido a un contrincante en el pasado Mundial de futbol, tiene, además de esta que sería la más flagrante, otra cuenta pendiente, también en el territorio del mal comportamiento, con la afición inglesa. Cuando jugaba en el Liverpool, antes de su traspaso millonario al Barcelona, le dijo “negro” a un futbolista que era, efectivamente, negro. Suárez alegó en su momento, y lo hace todavía cada vez que lo entrevista un medio de comunicación inglés, que hay países, como el suyo, donde decirle “negro” a alguien, aunque no sea negro sino propiamente un morenazo, no constituye una ofensa, si acaso un mote brusco y sin embargo cariñoso. La prensa inglesa, como seguramente le sucedería a la holandesa o a la de Estados Unidos, no puede explicarse cómo la palabra “negro” dicha a una persona de color pueda entenderse como un apodo ligero y no como un agravio. Visto el caso grosso modo se puede pensar que el que los ingleses, y el futbolista que fue objeto del insulto, se sientan ofendidos tiene tanto sentido como que Luis Suárez diga que para él la palabra “negro”, aplicada a una persona, tiene una carga cultural distinta.

Habría que analizar, desde luego, con qué intención profirió Suárez ese “negro”, y hay que tomar en cuenta que las mordidas que reparte en el campo cuando se enfada no ayudan, pero también hay que considerar que precisamente por la palabra “negro” pasa la línea divisoria entre los países que respetan escrupulosamente los derechos humanos y los que no son tan escrupulosos a la hora de respetarlos. Los países latinoamericanos y España (que es un país más latinoamericano que europeo) serían de los poco escrupulosos, donde los derechos humanos son un concepto nuevo, de la segunda mitad del siglo XX, que tiene poco arraigo social, si los comparamos con Inglaterra, por seguir con el mismo ejemplo, un país donde los derechos humanos forman parte de la conversación desde el siglo XVII. Desde el punto de vista inglés, decirle “negro” a un hombre de color es un claro atentado contra los derechos de ese hombre, en cambio el punto de vista español es mucho menos riguroso, en los periódicos de España, y también en la televisión y la radio, se le dice “negro”, con todas sus letras, a un hombre que es negro, y lo mismo pasa en México. Yo tengo, para no ir más lejos, dos amigos cuyo apodo es “negro”, aunque solo uno de ellos se ajusta al mote rigurosamente.

El tema da, desde luego, para muchas páginas y para discutirlo largamente, pero yo lo que pretendo aquí es llegar a lo que decía Mark Twain, ese escritor por cuyas páginas pasan los negros más emblemáticos de la literatura, sobre este tema. “Cuando era niño no tenía ninguna aversión por la esclavitud. No sabía que tuviera nada de malo. Nadie, que yo supiera, decía nada: los periódicos locales no decían nada contra la esclavitud, y desde el púlpito se nos decía que Dios la aprobaba, que era una cosa santa, y que quien dudaba solo tenía que buscar en la Biblia si quería tranquilizar su conciencia y después nos leían esos textos para reafirmar lo que acababan de decirnos; si los esclavos tenían aversión a la esclavitud, eran muy listos y no decían nada”. Mark Twain nació en 1835 y creció en Hannibal, Misuri, en el sur de Estados Unidos, en el mismo paisaje que después utilizaría para sus novelas Las aventuras de Tom Sawyer y Las aventuras de Huckleberry Finn. “La idea de que los negros sean ciudadanos de Estados Unidos me resultaba sorprendente y desagradable, pero ya me he reconciliado con ella; y una vez que me he reconciliado, y que el hielo se ha roto y que el principio ha quedado establecido, estoy listo para los que vengan. La idea de ver a un chino convertido en ciudadano de Estados Unidos me hubiera parecido, hace unos años, vergonzosa, pero supongo que ahora puedo aceptarla”. Esto lo escribió Twain en un periódico, en 1865, en esa época en la que empezaba a calar la idea, en aquel país, de que los negros eran iguales a los blancos, esa misma idea por la que el futbolista Luis Suárez se ha metido en problemas en Inglaterra. Resulta sintomático, y además rabiosamente contemporáneo, que morder a un colega dentro del campo, para los aficionados ingleses, sea una falta equiparable a decirle “negro” a un negro.

Mark Twain recuerda en su autobiografía el momento en que cobró conciencia de que los negros, que trabajaban como esclavos en su casa, eran personas como él mismo; cuenta cómo un muchacho, que acaba de comprar su familia en el mercado de esclavos, cantaba todo el día de una forma estentórea y molesta, al grado de que el escritor, que apenas era un niño sin inquietudes literarias, fue a suplicarle a su madre que le pidiera al nuevo esclavo que se callara. Su madre le dijo que no iba a pedirle eso al pobre muchacho, porque cantando se olvidaba de sus desgracias y de su horrible realidad de esclavo; porque sus canciones lo hacían olvidar la miseria del mundo.

 @jsolerescritor   


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