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Dos nuevas prohibiciones absurdas y fascistas

Seis años de cárcel a quien grafitee en Puebla
Seis años de cárcel a quien grafitee en Puebla (Especial)

QRR!
Óscar Ocampo
@thepor8

Los grafiteros de Puebla y los cantantes de Chihuahua no estarán nada contentos con las medidas tomadas por las autoridades que limitarán su libertad de expresión y les prohibirán realizar lo que más les gusta.

Parece que los gobiernos de algunas entidades están convencidos de que la satanización de las actividades artísticas es el remedio infalible a la descomposición social y la proliferación del delito. Como ejemplo, las dos medidas aprobadas la semana pasada en sendos estados, que de sentido común no tienen nada.

Por un lado, el Congreso de Puebla aprobó una ley para frenar el graffiti, que establece un castigo ¡de seis años de cárcel! a quienes se atrevan a plasmar su gráfica en los muros. Torpeza que, por cierto, se suma a otras leyes aprobadas por la misma legislatura, como la polémica “ley bala”, que permitía a las fuerzas públicas utilizar armas de fuego, lo que costó la vida de un menor, antes que la echaran pa’ atrás, ley propuesta, por el gobernador Moren Valle.

Por otro lado, el municipio de Chihuahua no quiso dejar de subirse al tren del absurdo, y consiguió modificar su Bando de Policía y Buen Gobierno para castigar a los músicos que interpreten narcocorridos.

Es fácil adivinar que ninguna de las dos prohibiciones van a resolver algún problema, y por el contrario, sólo van a hacer que la sensación de represión y censura se sienta más dura y tupida. Para muestra, hay que recordar que la radiodifusión de narcocorridos está prohibida en Sinaloa desde 2011 y evidentemente la proliferación del narco se ha mantenido intacta.

Es que simplemente es difícil de entender de qué forma el hecho de restringir el repertorio de un músico callejero, que con acordeón colgado a los hombros se gana la vida haciendo música, podía ayudar a disminuir la existencia del narco.

El caso de los grafiteros se podría prestarse más a una discusión en donde muchos argumentarán que los muros que ellos eligen son generalmente propiedad privada o monumentos históricos, superficies que están dañando y por lo mismo, merecen un castigo; pero hay otros que alzarán la voz para decir que no hay ley más absurda que la que prohíbe a alguien manifestarse artísticamente de cualquier forma, y que son pocos los espacios que los jóvenes artistas tienen para hacerlo.

Pero tampoco es difícil adivinar que los diestros de la pintura en aerosol se apegarán al espíritu rebelde, crítico y sobre todo clandestino propio del grafiti, y el peligro de caer presos será un incentivo más para no dejar de manifestarse gráficamente, y esperemos que así sea. 


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