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Una nueva era

Tonazo
(Karina Vargas)

EN EL TONO DEL TONA
Rafael Tonatiuh

No puedes entender mi música hasta no tener sexo grupal en éxtasis.
DJ Harvey

El 30 de junio se cumplieron tres meses de que falleció mi mamá Lety Pérez, y el primero de julio comenzó a rentarse su departamento a un viejo amigo de la familia. Desde el primero de mayo hasta la tercera semana se junio, se pintó y arreglaron desperfectos; ahora comienza una nueva era.

Ese jueves 30 fui al mercado sobre ruedas del rumbo, al puesto de barbacoa de La Güera, donde mi mamá se comía su taquito. Le iba a decir a La Güera que “la jefa” ya cumplía tres meses de difunta, pero estaba lidiando con la falta de cambio, así que me ahorré comunicarle algo tan denso y pedí un consomé, uno de costilla y un Boing de guayaba. En el camino pasé por el puesto de Jordi, de quien realmente se trata este texto.

Jordi es un hombre sesentón, flaco, pelón, ronco, con lentes pequeños redondos, con un puesto de discos quemados de música selecta, básicamente rock y jazz, pero no faltaba su sección de música internacional, clásica, son cubano, flamenco y colecciones (yo tengo una de música italiana por décadas). Muchísimo rock progresivo, grupos de garage, bandas europeas, jazz latino, blues de todos los países, grandes consagrados: Jimmy Hendrix, Frank Zappa, Miles Davies, etcétera.

Jordi también es músico, ha tocado la guitarra con grupos de rock desde finales de los setenta. Cuando canté con La Capa de Batman le dejé discos nuestros y lo invité a nuestras presentaciones; no fue a ninguna, pero desde entonces me consideraba del gremio y me preguntaba que si había tocado con Zutano y Perengano. Luego llegaban al puesto sus colegas músicos y recordaban tocadas memorables; me halagaba que me presentara como otro músico.

Cuando pasabas a su puesto, mínimo te quedabas una hora, entre la plática y los discos que te ponía (casi siempre había fila de clientes queriendo escuchar discos). De por sí, agarrabas algunos para que te los pusiera cuando te soltaba una pregunta tipo: “¿Ya conoces a los Rivingtons? Son los que inventaron el ‘Surf del pájaro”. Y te ponía uno, dos, tres o más tracks de un disco, y luego de otro. Aunque tuvieras prisa, te convencía de escuchar al menos un track. Siempre que pasaba por su puesto, llegaba tarde y con cinco discos (me hacía descuentos).

Era un punto de reunión para melómanos (quizás porque su puesto estaba junto al de los melones), a veces me topaba allí con Hugo López, un hijo de Froylán López Narváez, quien una vez me dijo que en ese puesto encontró un tema que ponían de fondo en un anuncio de Alcohólicos Anónimos ("Sleepy shores" de Johnny Pearson). De cajón había tres médicos del seguro (uno de ellos era mulato) y se quedaban horas hablando de música. Se juntaban puros conocedores, a veces yo le preguntaba algo a Jordi y me contestaban ellos (y lo mismo hacía yo con ellos y con otros).

Nunca faltaba un despistado que preguntara si no tenía algún disco de Pibull, Gloria Trevi o algo que estuviera de moda, entonces, ligeramente indignados, le indicábamos amablemente que cinco puestos adelante vendían el tipo de música que buscaba.

Era una isla de difusión musical: en pleno estruendo de un blues eléctrico de Ten Years After, una ama de casa en mandil podía preguntar: “¿Qué grupo toca eso?”, y llevárselo.

Me resultó natural ver al médico mulato siempre en el puesto, e incluso que lo atendiera mientras Jordi salía a buscar cambio o tenía reunión de puesteros (supongo que sería su gran momento de relax, después de estar rodeado de enfermos). Un día, el doctor me vendió un disco y por causas del destino dejé de frecuentar el mercado, pero cuando lo hacía esporádicamente, ya no veía a Jordi, solo al médico mulato (aunque suene a albur, me pregunté si Jordi le habría traspasado el negocio).

El jueves que fui a echarme mi taquito de barbacoa, vi al doctor sentado en un banco plegadizo, ya sin puesto, con los discos colocados en un plástico sobre la banqueta, mientras las bocinas desgañitaban una canción de Chico Ché: “¡Los nenes con los nenes, las nenas con las nenas!”.

La imagen me trasmitió con elocuencia que a veces soñamos con un mundo mejor, pero las masas prefieren la baja calidad, y cuando uno quiere cambiar de giro y salvar el negocio, ya es demasiado tarde.

No sé qué se haya sido de Jordi, pero para darle un final feliz a este texto, pensemos que vendió su puesto para irse a la playa, en un bar marítimo se echó un palomazo con su lira, lo descubrió un asistente de los Rolling Stones y ahora viaja rumbo a Inglaterra.

Comienza una nueva era.

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