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Eran los noventa y Beakman estaba ahí

Efecto Beakman.
Efecto Beakman. (Especial)

Tendría a lo mucho seis años, el tedio de los comerciales me hizo mover el control y al azar eligió el canal cultural, mis ojos se volvieron verdes, por primera vez un batón de científico loco atraía mi interés.

La hiperactividad de la asistente en turno, los colores de su ropa, la rapidez de los experimentos, el aprendizaje divertido, la ciencia amable, palabras sencillas, una rata adorable y sucia, dos pingüinos drogados, unos ojos saltones y un laboratorio desordenado se convirtieron desde ese momento en mi rutina vespertina frente al televisor por un buen tiempo.

La noticia parecía normal, el Instituto de Física de la UNAM celebrando su 75 aniversario, qué gusto, y de repente las palabras Beakman, gratis, en, la, UNAM le dieron un giro enorme a ese cartel. El ídolo de una generación, el mentor de cantidad de televidentes jóvenes que han llenado los bancos de las aulas de ciencias se anunciaba parecido a un “como lo vio en televisión”. 

Tres días agendados y un montón de boletos disponibles, parecía sencillo. Los organizadores contemplaron a lo mucho 400 asistentes por presentación y eso si les iba bien. Soltaron el aviso, todo listo. De manera impredecible desataron la fiebre de I love Beakman y tuvieron que apurarse a conseguir un lugar que permitiera meter a más de cuatro mil almas.

La explanada del museo Universum cubrió la demanda, la logística fue cautelosa y no hubo sobrecupo ni desmayados, las fechas de presentación serían del 20 al 22 de febrero, cerrando presentaciones el domingo en Chapultepec. Como acto de solidaridad y difusión, se dispuso también de la transmisión en vivo de las actuaciones, un poquito de señal que levantara el rating del canal de TvUNAM.

El actor Paul Zaloom nunca imaginó que de todos los países en los que se transmitió el show que protagonizó en los que se incluyen Uruguay, España, Argentina, Panamá y Brasil, México sería el elegido como el mayor club de fans; comparándose a sí mismo con el recién y justamente divulgado Sixto Rodríguez, yanqui setentero a quien nadie ovacionó hasta que se descubrió la relevancia de su música en la revolución Sudafricana durante el apartheid.

Un pase, dos horas de espera y un sol amable representaban para los asistentes en su mayoría veinteañeros, la oportunidad de conocer a aquel que en segundos explicaba lo que todo un curso en la escuela apenas lograba enseñar. La sorpresa se duplicó al saber que la voz que dio vida a Zaloom en español lo acompañaría en la exhibición. Juan Carralero, persona a la mar de agradable y bonachón, dio a esos recuerdos una vitalidad completa. 

La explanada estaba llena, llenísima. Sonrientes y emocionados, los asistentes coincidían gracias a cápsulas informativas que pasaban en pantalla el porqué del gusto por Beakman, pues eran de esas presentaciones hechas por gente “de onda”, personas que se refieren a los jóvenes como chaviza y que les pasa el rocanrol. Tras los videos que incluyeron una breve interpretación de la Filarmónica universitaria; cámaras, luces y micrófonos se probaron por última vez.

Beakman, Juan Carralero y el camarógrafo Javier estaban en escena, el furor se sintió de inmediato, con gritos, goyas y aplausos se recibió al acompañante de tardes infantiles, así se amenizó lo que duró la exposición. Una carta de picas, agüita amarilla, un soplahojas, un rollo de papel, y un par de artículos más, junto a algunos voluntarios sirvieron para explicar el centro de gravedad en las personas, la teoría de Bernoulli y el fenómeno de la espuma en las sodas gaseosas, terminó.

Tras un breve descanso la bata voló, era solo Paul Zaloom, advirtiendo que no es científico pero si un divulgador de la ciencia, recordó a la querida rata Lester expresando su aprecio por el fallecido Mark Ritts y reconoció el ingenio de Jok Church por crear El mundo de Beakman, las miradas se clavaron en la pantalla, el video recorrió desde la infancia de Paul, los bloopers de la serie, hasta llegar al proceso de creación del set.

“Thank you, Pumas”, “Beakman is a nasty man” y “mis amigos no creen que soy famoso en México” fueron frases destacables en el acto. El motivo de que ese programa de tv abierta tuviera un recibimiento tan efusivo y entrañable a partir de 1994 y hasta 2000 es curioso, pero no muy difícil de inferir, existía un proceso de cambio, la tecnología comenzaba su revolución, los niños no teníamos computadoras, no teníamos redes sociales, tampoco celulares. Tal vez era la última época en la que los críos citadinos jugaríamos en el patio e intentaríamos experimentar para aprender.

Hace veinte años los campesinos tomaban las armas, igual que ahora. Se firmaban tratados comerciales, igual que hoy. El mundo estaba en crisis, igual que siempre y Beakman saludó a México, igual que ayer. ¡Bada bing, bada bang, bada bum!

Karina Vargas
@lula_walk

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