QrR

El erotismo onírico de David Miklos

Por Verónica Maza Bustamante

A la novela Dorada, de David Miklos, la edita la colección Sonrisa Vertical, de Tusquets, dedicada a la literatura erótica, así que puedo hacer el siguiente paralelismo: hay orgasmos que te llegan súbitamente, de improviso, y otros que los presientes, que vas sintiendo cómo te vas acercando, lentamente, sin entender bien a bien qué hacer para alcanzarlos. Sabes que cada instante estás más cerca y, si eres paciente, llegarán intensos y luminosos. Dorada es como estos últimos.

Si lees la contraportada del ejemplar, en donde te habla de una ciudad y una zona bucólica, La Dorada y Aguafuerte, respectivamente, a donde el protagonista llega siguiendo a una provocadora mujer para encontrarse que su misión es fecundar a 22 en total, puede ser que esperes una historia lineal, con detalles jugosos sobre el asunto. Pero no es así.

David Miklos, con su ya característico estilo, te sumerge en un viaje cercano a una película de David Lynch (cada quien lo puede interpretar a su manera, pero como yo lo digo, es a manera de halago), en donde no sabes qué es sueño y qué es realidad, qué supone estar arriba y qué abajo, adentro y afuera. Donde hay relojes que marcan las horas de manera extraña, escaleras que te llevan a puertas cerradas, calles con personas idénticas entre sí, diversos personajes pero tan sólo dos letras a manera de nombres de hombre,  un cuadro rojo, la pintura de una mujer que parece dormir, un río subterráneo capaz de revitalizarlo todo, senos que no caben en las manos, nalgas que provocan, coletas de caballo que se vuelven imperiosa necesidad, cuerda de la cual afianzarse para el extraviado protagonista de las numerosas erecciones.

Y así, cuando te das cuenta, ya estás perdido como lector en las páginas de esta historia extravagante y seductora, quieres que haya más encuentros sexuales con doradas, que se suban o se bajen más escalones y se nos abra la cortina del peep show más curioso del mundo por sorpresivo. Entonces no deseas cerrar el libro porque ya estás enganchado. Porque quieres saber a dónde va el asunto, desentrañar el misterio, el cual, al final, se abre como puerta de la percepción y, con la pequeña ayuda de la psicotrópica narración (así como el pastito que comen D. y U.), logras interpretar el asunto de la mano de su escritor.  

A pesar de ello, Dorada no es para todos. Aunque esté clasificada como "erótica" y es un ejemplar de no muchas páginas, algunos se quedarán a la mitad del camino porque ese estilo de escribir de Miklos, fraccionado, de frases cortas e historias que parecen, al principio, no ir a ningún lado, puede lograr que te enganches o que lo dejes sin remordimiento.  

En resumen: parece ser que David prepara unas alubias excelentes, pero le sale mejor cocinar historias. Y el buen comensal sabe que a veces hay que esperar un poco para capturar en la boca el verdadero sabor del platillo.



< Anterior | Siguiente >