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Jueves , 16.08.2018 / 13:41 Hoy

Noche húmeda

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EN EL TONO DEL TONA
Rafael Tonatiuh


Dame un beso, lo que quiero es eso;
con sabor de uva, aunque se me suba:
"Saliva", Thalía.

Cuatro de junio, seis de la tarde. Un relámpago llamó nuestra atención en el cielo lluvioso detrás de los edificios del Centro Histórico del Distrito Federal. Karina Vargas, Óscar Chiquibeibi Ocampo y un servidor escuchamos el trueno afuera de la redacción de MILENIO Diario, tratando de meternos bajo un paraguas, rumbo a la presentación del libro de Verónica Maza Bustamante y Antonio Helguera: El Motel de los antojos prohibidos (Editorial Grijalbo) en el Terraza del Howard Johnson Hotel Alameda, en Revillagigedo 23, a unas cuadras de Morelos, así que nos fuimos caminando.

Adentrarse por esa zona es rodar dentro de un cómic, entre los místicos dragones del Barrio Chino, la arquitectura art decó y los luminosos antros para todos los niveles y edades.

El hotel indicado tiene una escalera por la que pudo haber bajado Mauricio Garcés dando brinquitos, en cuya esquina hay una tienda con maniquíes exhibiendo tangas demasiado gays para mi gusto.

Tomamos el elevador y llegamos a una terraza retrosetentera decorada con maniquíes y figuras psicodélicas, tipo Naranja mecánica.

Una lona cubría media terraza, protegiendo de la lluvia a quienes habían alcanzado asiento. Al fondo, junto a la mesa de los presentadores, estaban apiladas varias sillas plegadizas. Un señor agarró una silla y se sentó donde pudo, alcanzando la orillita de la lona. Varios lo imitamos.

Verito inició la presentación hablando de la humedad, indicio de una noche lista para el deleite, cuando fue interrumpida por el personaje que representara Marisol Gasé, envuelta en cuero negro, portando un látigo y seduciendo a quien tuviera a la mano, enterrándole sus uñas, aventándose unos albures buenísimos, recitando unos cánticos épicos, crípticos, eróticos bien intensos, sacados del libro a presentar. Frenó la lluvia.

Helguera dijo que "lo corrieron del Semanario desde la fe, cuando se enteraron de que había ilustrado un libro con 21 prácticas sexuales fuera del clóset, "muchas conocidas y practicadas por Norberto Rivera, incluyendo las que violan la ley". Verito habló de la dendrofilia (o ganas de tirarse a los árboles) y recordé un cuento de Clive Barker sobre un sujeto muy caliente que se ponchaba a los edificios.

A la hora de la preguntas, un anciano muy amable dijo: "Según la religión, hay cosas que no deben hacerse, así que eso, ¿cómo lo resuelven?".

Fue un instante de sorpresivo desconcierto tras el cual Verito señaló que su investigación era laica, como cree debe ser la educación sexual. Marisol tuvo un momento de inspiración, se levantó y dijo: "Si Dios no hubiera querido que nos masturbáramos, nos habría puesto las manos en la cabeza, no cerquita de nuestras partes sensibles" e hizo una demostración en pantomima.

Alguien del público le respondió al anciano: "¡Jesús defendió a una prostituta!", un muchacho inexperto le devolvió el micrófono al anciano, quien replicó: "¡Sí, pero le dijo que desde entonces se apartara del pecado!". Estuve a punto de participar, hablando del telepredicador musulmán turco Mücahid Cihad, quien asegura que una mano se puede embarazar de un masturbador; afortunadamente, apareció Fernando Rivera Calderón, cantando la rola que compuso especialmente para la presentación, y cantó otra rola para recordar por qué nos gusta coger (o al menos a él).

Al final, el DJ Yann Zaragoza Dumas puso un buen set de burlesque punk mientras corría el vino de honor. Me topé con Ana Laura Santos, América Pacheco, Josselin Recoder, Eduardo Limón, Tachito, Humberto Ríos, Miguel Preciado, Armando Pérez, Lupita Rosas, La Negrita, Nostragamus, Dodosito, Canito Trailero Intergaláctico, Lourdes Ruiz La Verdolaga (campeona de albures) y el anciano que articuló aquella pregunta tan extraña.

El Pelón pidió dinero para "una vaquita", pues el vino de honor había perdido el honor. Bajamos por el elevador: Karina Almaraz (ahora de rubia, vestida como ama de casa de los años cincuenta en tonos pastel) y el excelente fotógrafo británico, Adrian Mealand. Nos adentramos al garage, donde el dueño del hotel colecciona carrazos de los años ochenta. Pensé: "Si eres propietario de un hotel, tienes algo de varo, te puedes dar el lujo de coleccionar algo, los automóviles de los años ochenta no deben ser tan cotizados y debe sobrar dinero para el reventón". Adrián me hizo un videoclip con su cámara, entre los carros, cantando "El rap de los gremlins".

El Pelón propuso ir al Bósforo, una mezcalería que está en Luis Moya 31, a ver si le vendían una botella de mezcal. El lugar es doblemente dark: por oscuro y underground, y porque ponen música negra: soul y funk. Excelente antro gótico de Ciudad Gótica. Salimos de allí sin que nos vendieran la botella. Mientras fueron al Oxxo, yo me metí a comerme unos tacos de birria y les dije que luego los alcanzaba.

Cuando volví a la terraza ocurrió lo que temía: ya se había marchado mucha banda y lo que juntó el Pelón "de vaca" (tres six de chelas) ya se había absorbido con la lluvia.

Regresamos al Bósforo, donde tuve la oportunidad de conversar con el anciano que había elaborado aquella pregunta tan extraña, quien resultó ser el proveedor del lugar y botánico etílico, conocedor de profundos sabores vegetales provenientes de misteriosos agaves: cuish, tepextate, raicilla.

Salí de ahí pensando que si montar un cactus mientras bebo el néctar de sus venas sería una mezcla de dendrofilia con masoquismo, alcoholismo y vampirismo.

Afortunadamente no tengo manos en la cabeza ni dedos con puntas de maguey, y mejor dejé de pensar en pendejadas y me fui.

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