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Martes , 18.09.2018 / 09:26 Hoy

Ni hablar, "Chachita", "trais" puñal

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EL ÁNGEL EXTERMINADOR

Miguel Cane


Según contaba Ismael Rodríguez, Eva María Muñoz nació actriz. Apenas iba a cumplir cinco años de edad cuando acudió a su primer casting para El secreto del sacerdote, de 1941, con Pedro Armendáriz y Arturo de Córdova, y la cámara se prendó de la criatura; no había réplica que no diera con absoluta naturalidad. Pronto, tras adoptar el mote de Chachita —cortesía del propio don Ismael, durante el rodaje de ¡Ay Jalisco no te rajes!, con el Charro Cantor y Gloria Marín— se convirtió en la auténtica respuesta mexicana a Shirley Temple, igual de talentosa que aquella güerita, pero incluso con más ambición: ella sí seguiría siendo actriz por setenta años.

Oriunda de Orizaba, Evita era hija de un actor y músico —Paco Muñoz—, así que el oficio lo conoció desde la cuna y le encantaba; tanto era su amor por su trabajo que, sin proponérselo, fue actriz del método —cuando no tenía edad para saber quiénes eran Stanislavski o Lee Strasberg— y para muestra, basta un botón: a los nueve años, en La hija del payaso, dramón en el cual encarnaba a una niña que había sido criada en un ambiente circense, que era entrenadora de elefantes, aprendió cómo amansarlos y también a hacer bailar perros, así como a tocar la marimba y el xilófono; después de estrenada la película, la chiquilla aprovechó lo aprendido y realizó varias presentaciones personales en el Circo Atayde Hermanos, demostrando sus aptitudes.

Su consagración le llegó un par de años más tarde, al encarnar a (naturalmente) Chachita, prepúber abnegada en Nosotros los pobres. Memorables resultan sus escenas reclamándole airadamente a La tísica (nada menos que Carmen Montejo, a la sazón solo 11 años mayor que ella), a la que, por circunstancias y maledicencias, cree ser una cusca cualquiera, sin imaginar siquiera que se trata de su pobre madre retornada al barrio, misma que fallece mientras la muchachita, arrepentida, le suplica a gritos su perdón con un acento barriobajero que, volvería a apuntar don Ismael, ella misma había desarrollado con un oído natural para los acentos (esto le vendría muy bien ya como adulta para hacer imitaciones de Olga Guillot, Mona Bell o Celia Cruz); gracias a esta cinta y a su secuela —que se rodó casi simultáneamente— Chachita se convirtió en auténtica estrella de la llamada “época de oro del cine nacional”.

Por otra parte, en Ustedes los ricos haría mancuerna por primera vez con Freddy Fernández El Pichi, con quien tuvo excelente química —la célebre secuencia de “¡Chachita, te cortastes tus trenzas!”, tomada verbatim de un relato de O. Henry, se incorporó al lexicón mexicano y hasta a fecha se usa—, por lo que fueron pareja cinematográfica por décadas, participando juntos en 12 cintas —incluyendo la comedia romántica de politécnicos versus universitarios, Una calle entre tú y yo— a lo largo de su adolescencia, para verse reunidos después en el famoso sitcom de Televisa Nosotros los Gómez (transmitido todos los martes por la noche entre 1986 y 1989).

En la televisión, Evita Muñoz encontró un nicho perdurable cuando comenzaron a escasear los papeles en cine; desde 1958 (cuando se casó con el actor y dramaturgo Hugo Macías Macotela, con quien tuvo tres hijos) participó en telenovelas como la primera versión de Gutierritos, al lado de Rafael Banquells y la temible María Teresa Rivas (que en realidad era una mujer encantadora, pero que hizo una especialidad de encarnar villanas desalmadas), algunos episodios de la maratónica El amor tiene cara de mujer y, durante tres años consecutivos —1974 a 1977—, fue la sensacional Hermana Carmela, cómplice de Cristina Salinas (Gracielita Mauri) en la monumental Mundo de Juguete, en la que se daba vuelo como una monjita ocurrente y temeraria, que llevaba a la madre superiora (precisamente, la eximia Gloria Marín) a la exasperación con sus aventuras.

Otra arena en la que destacó —la señora era una intérprete todoterreno— fue en el teatro, donde tuvo algunos momentos realmente memorables al lado de Silvia Pinal en las primeras puestas del musical Mame y, acompañada de Virma González, en una exitosa temporada en 1983-1984 de la comedia ácida y negra de Hugo Argüelles, Los amores criminales de las vampiras Morales, en los que encarnaban a María Adelfa y Rosa Fulvia, las hermanas titulares, unas solteronas excéntricas de provincia que eran capaces lo mismo de disfrazarse de heroínas de ópera que de matar a los hombres que pretendían aprovecharse de su soledades y desesperación, para despojarlas de su fortuna.

Al fallecer Evita Muñoz Chachita, efectivamente se cierra un capítulo de la historia del cine mexicano. Ya ninguno de los protagonistas principales de la célebre trilogía de Pepe el Toro —Pedro Infante, Blanca Estela Pavón, Miguel Inclán, Carmen Montejo, Katy Jurado, Joaquín Cordero, Amanda del Llano, Wolf Ruvinskis, Mimí Derba, Miguel Manzano o el mismo Pichi, queda con vida. Ahora, Chachita y el Ata podrán seguir su romance imaginado, juntos en la otra vida.

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