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Lunes , 24.09.2018 / 09:38 Hoy

Natalie Wood. El misterio permanece

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EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Miguel cane

En la secuencia climática de Esplendor en la hierba —una de las cintas más memorables de su filmografía, al lado de Warren Beatty, bajo órdenes de Elia Kazan en 1961— el personaje interpretado por la hermosa Natalie Wood se arroja, atormentada por un amor mal correspondido, al torrente de una presa con la intención de acabar con su vida. Rodar la escena fue causa de terrible angustia para Natalie (nacida Natasha Grudin, hija de inmigrantes rusos), quien desde niña padecía fobia extrema a las aguas oscuras. Por más que trató de convencer al director (mismo que convirtió a Brando en ídolo en Un tranvía llamado deseo) de que sería mejor filmar en un tanque en los estudios, Kazan la persuadió de que todo iría bien; la idea de que la ansiedad reflejada en su rostro fuera genuina le pareció ideal: la toma se realizó y Natalie salió ilesa, pero no pudo evitar sufrir un ataque de histeria. Aún así, la demoledora crisis sufrida por la joven en pantalla impactó a generaciones enteras de cinéfilos y le valió una nominación al Oscar como mejor actriz.

Veinte años más tarde, cerca de Isla Catalina, en la península de California, la chica que extasió los corazones de miles se convirtió en un cadáver flotante. Su deceso, aún 35 años más tarde, es la materia prima de teorías tan extensas como las aguas del Pacífico.

Natalie debutó, —empujada por su madre— a los cinco años en El Fantasma y la Señora Muir. Desde entonces, trabajó sin parar: a ésta siguieron Milagro en la Calle 34, La búsqueda —con John Wayne— y Rebelde sin causa (como pareja de James Dean). En 1957 se casó con Robert Wagner, también actor y su boda causó furor. Es de suponer que tantos ojos puestos en ellos iban a resultar en tensión: cuando Natalie conoció a Beatty en el set de Esplendor, la catástrofe no estaba lejos; Kazan aprovechó hasta la última gota la atracción mutua entre ambos. En enero de 1962 el matrimonio colapsó, para shock de la comunidad artística y los fans; el cuento de hadas terminaba en escándalo: la virginal María de West Side Story dejaba a su esposo por otro, de la noche a la mañana.

Mientras su ex, con el ego hecho trizas y sin trabajo, marchó a Europa, a mediados de los 60 Natalie hizo filmes con Robert Redford y Steve McQueen y tuvo una serie de romances tras romper con Beatty (que la dejó por la sublime Julie Christie). En aquellos años era habitual verla, de última moda, radiante de carisma, en fiestas de Beverly Hills. Aunque su exterior seguía incólume, Natalie también pasaba horas en psicoanálisis, tras sufrir una monumental crisis nerviosa, argumentando que por trabajar desde pequeña dándole vida a otras personas, no tenía idea de quién era ella misma. En un impulso, se casó con Richard Gregson en 1969 y al cabo de diez meses, con su hija Natasha recién nacida (hoy actriz por mérito propio), se divorció. Eran principio de los 70 y la estrella (una de las últimas creaciones del entonces extinto studio system) encontró que su carrera languidecía (su último éxito había sido Bob y Carol y Ted y Alice, filmado en 1968). De pronto, como en una película, todo cambió, de manera inesperada.

En 1972, Natalie y Robert Wagner se reencontraron, sólo que ahora los roles estaban revertidos. Gracias a cintas como La Pantera Rosa (donde era un hábil y conspicuo ladrón internacional de joyas) y programas de tv, Wagner gozaba de popularidad, donde Natalie llevaba casi dos años alejada de las cámaras. La afinidad entre ambos era fuerte y los antiguos rencores fueron relegados; el 16 de julio, a bordo de un yate, se volvieron a casar, yendo a pasar su segunda luna de miel a Isla Catalina. Periódicos y revistas deliraron con la reconciliación, dedicándole portadas y planas enteras, llegando al apogeo en marzo de 1974, cuando Natalie dio a luz a la hija de ambos, Courtney.

Fue en esa época que los Wagner adquirieron un yate al que bautizaron Splendour y comenzaron a hacer paseos por la costa californiana, en relativa felicidad: Natalie hacía películas, mientras su marido protagonizaba la serie Hart to Hart, aventuras de un millonario detective y su sofisticada esposa (Stephanie Powers, en aquel tiempo mujer de William Holden – que irónicamente, murió en un accidente doméstico poco antes que Natalie). Aunque no todo era como lo mostraban las publicaciones: Natalie era propensa a ataques de ansiedad (el más notable filmando la miniserie La Memoria de Eva Ryker, donde hacía de sobreviviente de un naufragio y encontró las escenas de desastre traumáticas) y consumía, por prescripción, ansiolíticos y pastillas para dormir. Después se especuló también que podía haber algún tipo de celos pasionales y profesionales entre ambos y aunque maquillada, existiría esporádica tirantez, como por momentos sucede en las escenas de un matrimonio.

El último fin de semana de noviembre de 1981, los Wagner emprendieron un paseo en el yate, llevando a Christopher Walken, compañero de reparto de Natalie en Brainstorm, la última película que filmaría. Según testigos (incluyendo el propio capitán del yate), todo estuvo bien durante el sábado 28, hasta que llegó la hora de cenar: entonces Natalie, su marido y Walken (que iba sin su esposa), bebieron de más y comenzaron una discusión que siguió por horas. En algún momento después de medianoche, Natalie – según afirmaron Wagner y Walken en declaraciones oficiales- se retiró a descansar. Después de la una de la mañana, su marido entró al camarote y lo encontró vacío. Solicitaron ayuda a la guardia costera y se inició una búsqueda, aunque fue horas después que apareció el cuerpo de la mujer, en mar abierto.

El impacto de la noticia fue brutal. De inmediato la leyenda negra sobre esa noche dio inicio: según muchos, Wagner estaba celoso porque Natalie tenía un affair con Christopher. O él tenía uno con Stephanie y ella le estorbaba. Natalie había estado ebria y trató de escabullirse de la discusión, a bordo del bote salvavidas, pero le fallaron los cálculos y cayó al mar (otra teoría considerada plausible). Algunos más —entre ellos un juez años más tarde, para consternación y furia de sus hijas, entonces ya adultas— llegaron a sugerir que en un arrebato, Natalie podía haberse suicidado.

El 2 de diciembre tuvo lugar su funeral en el cementerio Westwood, como evento multitudinario: Frank Sinatra, Fred Astaire, Liz Taylor y otras grandes figuras se reunieron para despedirla. Wagner, rompió a llorar y luego asumió su posición de viudez con mutismo por años (hasta 1991 volvió a casarse, con la inglesa Jill St. John). Ni él ni Walken han hablado nunca más de lo ocurrido y el misterio no fue resuelto, por lo que aún hoy, la imagen de Natalie Wood no sólo es emblema de una época de gloria que no volverá a las pantallas, sino también de la inquietante incertidumbre sobre lo que puede haber detrás, cuando una estrella repentinamente se apaga.

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