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La mudanza

Caja

El otro día, mientras padecía el intenso tráfico navideño frente al volante, escuchaba a Cecilia Malmström en una entrevista de radio. Malmström es la Comisaria de Asuntos de Interior en la Unión Europea, nació en Estocolmo, creció en Francia y en Gotemburgo, y habla un español impecable pues, según contaba, en alguna etapa de su juventud algo estudió en Barcelona. En las lenguas que se aprenden de mayor, por bien que se hablen, siempre hay matices que se escapan, y en esa entrevista a Malmström se le escapó uno, que me hizo reconsiderar un dicho, dicho tantas veces que ya no se sabe lo que dice: “se ve la luz al final del túnel”.

El dicho se aplica a una situación nefasta, oscura, cuya inminente mejoría se alcanza a vislumbrar. Aunque también he leído testimonios de moribundos, que no han terminado de morirse, que aseguran que, en el momento del despegue hacia el más allá, se ve una luz al final de ese túnel que constituye, al parecer, el trayecto entre la vida y la muerte.

Según este dicho, esta frase machacona y recurrente, uno cambia de una realidad a otra por medio de un sistema de túneles; tenemos uno que va de la vida a la muerte, pero también otro que va, por ejemplo, de la penuria económica a la bonanza, o del amor desgraciado al esplendoroso amor. Como uno está continuamente en tránsito hacia otra situación o realidad, el túnel funciona perfectamente como metáfora de ese tránsito. Aunque también es verdad que habrá quién a mitad del túnel solo vea oscuridad, e incluso habrá quién al comprobar que eso que hay delante es negrura absoluta, volteé hacia atrás buscando el consuelo de la luz que había al principio y se encuentre con que también detrás lo único que hay es negrura absoluta. Para esta situación específica, la de la persona que está dentro de un túnel y que para delante y para atrás no ve más que oscuridad, la comisaria Cecilia Malmström acuñó, supongo que involuntariamente, gracias a esos matices de la lengua española que ignora, una opción del dicho, mucho menos espartana, que expresó textualmente así: Europa ya “ve la luz en el túnel”. La comisaria se refería a la situación de la economía europea, pero lo cierto es que, con su interpretación, abrió una relajante posibilidad: ¿por qué en lugar de hacer esa larga, y penosa caminata, hacia esa luz que se ve al final del túnel, no encendemos la luz del túnel, y acabamos de una vez? Esto lo iba pensando hace unos días mientras me mudaba de casa y contemplaba el largo túnel de cajas de cartón que ocupaba el pasillo que, sintomáticamente, terminaba en la luz de una ventana. Esa luz alumbraba las decenas de cajas de cartón en las que se empaquetó mi casa, en un ordenado despiece, cada objeto fue a parar al interior de una caja y después la casa atomizada fue subida a un camión y llevada a su nuevo espacio. Que las casas quepan en cajas constituye una coincidencia fonética que no puede ser casual.

La casa atomizada, contemplada en ese brutal despiece que impone una mudanza, nos hace ver lo simple que es nuestra realidad material, y también su calidad de lastre, lo mucho que pesa, lo mucho que impide volar. Las posesiones materiales, las modestas y las valiosas, quedan herméticamente uniformadas por el cartón y adquieren un aire inútil. Al estar ahí contemplando el túnel de cajas que inundaba el pasillo, y que esperaban a que las fuera abriendo una a una para reintegrar la casa, pieza a pieza, en el nuevo espacio, recordé la costumbre de un rey francés, del siglo XV, Felipe el Hermoso, que cuando había que tratar un tema fundamental para el destino del reino, citaba a sus ministros en el baño, dentro de una gran tinaja de agua tibia donde todos comparecían desnudos; Felipe pensaba que la ropa de rey imponía demasiado, era un obstáculo para el diálogo, y que sin ella los ministros, a su vez también desnudos, se atrevían a decirle la verdad. Quizá si en lugar de haber sido “el Hermoso”, Felipe hubiera sido “el contrahecho”, habría echado mano de otro procedimiento. Pero estaba yo en lo mucho que pesa una casa y en el cambio de perspectiva que ofrece el meterla en cajas. “¿Qué está escribiendo?”, me preguntó uno de los empleados de la compañía de mudanzas, mientras coronaba una pila de cajas con otra caja, y se asomaba al nicho que yo había logrado hacerme para poner la computadora, encima de otra pila de cajas, y escribir este artículo. “Estoy escribiendo sobre lo mucho que se utiliza la frase ‘la luz al final del túnel’, y sobre la perspectiva que ofrece el meter tu casa en cajas”, le respondí, tratando de hacer una suma de las líneas que había escrito. Como vi que el tema no parecía interesarle, le conté lo del rey francés que recibía desnudo a sus ministros para que le dijeran la verdad, y luego traté de hacerle ver que había cierto paralelismo entre la manera en que uniforman la desnudez y las cajas de la mudanza. Tampoco le interesó y, cuando parecía que iba a decir algo, el jefe le pidió que se pusiera a trabajar, que siguiera cargando esa casa en cajas, mientras yo llegaba al punto final.

Jordi Soler
@jsolerescritor

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