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No soy la morsa

¿Qué 'pex' con estas morsas?
¿Qué 'pex' con estas morsas? (Especial)

EN EL TONO DEL TONA
Rafael Tonatiuh


Hace una semana estuve en mi natal Xalapa, Veracruz, hospedándome en la casa de mi primo Guillermo López Memín, su esposa Flor y sus hijos Emiliano y Memo Benja.

Cuando era niño, mi primo era mi ejemplo a seguir. Unos años mayor que yo, de piel morena (de ahí que su nombre de Memo derivara en Memín, como el negrito Pinguín), primero me impresionaba que supiera mantener en equilibrio un palo de escoba sostenido en un dedo; luego, lo admiré porque pintaba coloridos Snoopys, hablaba inglés y ligaba gringas.

En los años sesenta, los discos LP de mis padres eran de flamenco, rock, los de Cri-Cri, El lago de los cisnes, canciones rusas, sones jarochos, la Sonora Veracruz, corridos narrados por López Tarso, una estudiantina y lecciones de italiano.

De entre los discos sencillos (45 rpm) recuerdo los de los Beatles, los Monkees, los Kinks, los Doors, Question Mark and The Mysterians y Los Venturosos. Cuando a mediados de los setenta nos trasladamos de Xalapa al Distrito Federal, mi hermano Toño y yo escuchábamos música protogrupera (Los Terrícolas, La Tropa Loca, Los Pasteles Verdes, etcétera), y en sus estaciones de radio conocí el rock tradicional de los años cincuenta.

A finales de los setenta llegó mi primo Memín a vivir con nosotros, trayendo su arsenal de rock melódico y semifolk (del que yo grababa cassettes para las chavas que me gustaban): Cat Stevens, Elton John, Bread, América, Seals and Crofts, Crosby, Stills and Nash; y, por su puesto, todos los discos de los Beatles (juntos y separados).

Cuando íbamos de vacaciones a Xalapa y nos quedábamos en casa de mi entrañable tía Marina (mamá de Memo, hermana de mi papá), por las noches sacábamos las guitarras al Callejón del Diamante para tocar las canciones de los Beatles. Memín desarrolló severas tendencias a la beatlemanía desde que escuchó el álbum Conozca a The Beatles, que tenía mi papá, El Pocho, en 1964 (año de mi nacimiento), y como muchos beatlemaniacos, con el tiempo aprendió música y hasta compuso una rola que decía: “Llueve, llueve, llueve, agua, agua, agua, mojada, mojada, mojada, de arriba para abajo, no de abajo para arriba”.

La noche del 8 de diciembre de 1980, cuando mataron a John Lennon, mi primo entró a su habitación sin hablar con nadie. Al día siguiente salió por los periódicos con los ojos enrojecidos, regresó y se encerró. No supe más de él hasta que lo vi en los noticieros de televisión, en imágenes desde el Parque de los Venados, tocando su guitarra con varias personas que se habían reunido para homenajear al Beatle asesinado.

Después de haber tocado como solista (recuerdo haberlo acompañado a una pizzería en la colonia Portales, donde se presentó por primera vez en el Distrito Federal), formó sus bandas y terminó volviéndose el presidente del Club de Fans de los Beatles en Xalapa, donde va a impartir un curso sobre el Cuarteto de Liverpool por parte de la Universidad Veracruzana. Quizás algún día surja la Facultad de los Beatles. No me extrañaría: la historia del grupo está llena de mitos y giros dramáticos como el descubrimiento de Brian Epstein, el toque que les dio Bob Dylan, el contacto con su gurú Maharishi Mahesh Yogui, la supuesta muerte de Paul y más.

Existen diversos personajes icónicos en todo el mundo que atraen a millones de fans: Jesús, Elvis Presley, Marilyn Monroe, el Che Guevara, Dalí, Chaplin, los Simpson, los Beatles. Nunca se dejará de hablar de ellos, pero lo interesante de los Beatles es que se continúan explorando, como si fueran zonas arqueológicas.

El programa de El Club de los Beatles, de Radio Universal, desde hace años se transmite diariamente y tiene un especial los viernes. Allí diariamente tocan su música (o música relacionada con ellos) y se aportan datos sobre el grupo y sus integrantes.

A veces, los hallazgos son tan absurdos que llegan al surrealismo, como cuáles fueron las películas que vio Ringo Starr en el verano de 1966 o la bizantina discusión acerca de cuantos “yeah yeah” se dicen en “Ella te ama”. Si no hablan de Lennon hablan de Yoko o de May Pang (la amante de Lennon) o de los hijos de Lennon o de los amigos de los hijos de Lennon (o de un lenón que le gusta “Sexy Sadie”). El programa puede reunir información sobre los Beatles suficiente como para cubrir seis veces la superficie del sol.

Los Beatles son como fantasmas, que después de su separación aún pululan como grupo y dan sorpresas. En 1985 fue un escándalo que Michael Jackson se quedara con los derechos de los Beatles (ahora Sony pagará 750 millones de dólares a los herederos del Rey del Pop).

Además de las “bandas tributo” de todas partes del mundo que se visten como la Banda del Sargento Pimienta o con los flecos de principios de los sesenta (al estilo The Rutles, el grupo parodia de Eric Idle, comediante de Monty Python), la industria Beatle sigue guardando versiones desconocidas recién descubiertas; ensayos, conversaciones, fotografías, películas, productos que se venden, como en la era de la beatlemanía, magistralmente retratada en Quiero estrechar tu mano, la primer película de Robert Zemeckis (filmada en 1978, que recrea la visita de los Beatles en Nueva York). Como en aquellos tiempos, si ahorita voy a los estudios de Abbey Road y me robo un papel higiénico, podría revenderlo al triple a un beatlemaniaco (y hasta más, si compruebo que Ringo agarró un cachito).

Los Beatles se hicieron famosos por muchas de sus tonaditas, de amor y para bailar, pero además de eso crearon ambientes sonoros increíbles, películas auditivas con la colaboración del auténtico quinto Beatle: George Martin, productor y arreglista. Lograron transmitir mundos fantásticos como los compositores sinfónicos.

En “Tomorrow Never Knows”, en el final de Revolver, las cintas al revés me suenan a pájaros robóticos que vuelan a contra corriente sobre un paisaje inexistente. Por supuesto, el Viaje mágico y misterioso,La banda de corazones solitarios del Sargento Pimienta y el Álbum blanco, son las obras maestras de su arte. El final de “Yo soy la morsa”, con cánticos de una tribu incomprensible y un conjunto de cuerdas desafinadas con la voz de un narrador, te lanza a un escenario mental inusitado. El final de “Un día en la vida”, con la orquesta anárquica y el pianazo de remate, nos dan cuenta de algo que comenzó como canción y concluyó en quién sabe qué cosa. “Sueño Número 9” es la abstracción total, un collage auditivo por momentos siniestro, como si Yoko Ono los hubiera poseído. En el 2006 el productor George Martin sacó versiones remezcladas para el Cirque Du Soleil, en Dolby Digital 5.1, logrando que los sonidos se desplacen coreográficamente por la habitación. La obra de los Beatles conmueve y estimula la imaginación.

El curso “The Beatles: mito y fenómeno musical y social”, revive los sentimientos despertados por el Cuarteto de Liverpool y enseña su huella tecnológica, musical y social a lo largo de los años. Se llevará a cabo los sábados 2, 9, 23 y 30 de septiembre. Informes: 01 (228) 842 17 00 (ext. 18904 y 18905). Xalapa, Veracruz. www.uv.mx/edu-cont.  

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