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Se7enta centavos

(Fotoarte: Karina Vargas)
(Fotoarte: Karina Vargas)

MUNDOS PARA-LELOS
Rafael Tonatiuh


“DAN CÁRCEL A POLICÍA EN PERÚ POR SOBORNO DE 70 CENTAVOS.
El uniformado Luis Salazar deberá pasar siete meses en prisión por cobrar en junio 70 centavos de dólar al chofer de un camión para no imponerle una multa por una infracción vial.”
‘MILENIO Diario’. 04/07/2014. 05:33PM


Ante el caso del policía peruano consignado por recibir 70 centavos de mordida, cabe preguntarse: “¿Setenta centavos es mucho o poco dinero?”

La casa de cambio de la fecha en que escribo este artículo, 7 de julio de 2014, señala que un dólar equivale a 2.77098 nuevos soles (moneda peruana), dejándome en las mismas, pues no sé si en Perú un café con leche cueste dos nuevos soles, mil trescientos nuevos soles o la bicoca de 0.49284 nuevos soles.

Cuenta la leyenda que Judas vendió a Jesús por 30 monedas y luego se ahorcó, pues le pagaron con la divisa de Manasés, más baja que el Shékel, por lo que el negocio de la Última Cena no rindió ni para un Primer Desayuno.

El gran pecado de Judas consistió en vender “la gallina de los huevos de oro”, pues Jesús invitaba cenas, aparecía panes, convertía el agua en vino y ahorraba gastos funerarios, en cambio con sus moneditas no llegó muy lejos, pues los romanos no volvieron a ofrecerle ni media moneda por Andrés, Bartolomé ni Matías (Judas se vio como esos mexicanos que votaron por seis años de martirio económico a cambio un monedero Monex); lo que debió hacer fue besar a Pedro, y cuando el autor intelectual descubriera el error, argumentar: “Me equivoqué, pero si le pones más interés al asunto, seguro que se afinan mis sentidos”.

Quienes tengan habilidad para descifrar parábolas, comentarán: “No importa si es mucha o poca la recompensa, lo esencial es que ese dinero se obtuvo mediante una acción inmoral”, y como dicen los rabinos, sirve para comprar “el pan de vergüenza”.

El monto, por otra parte, es relativo. Me viene a la mente el cuento sufí de Nasrudín, cuando un limosnero le pidió dinero y el Mulá le preguntó: “¿Para qué lo quieres?”. “Para comprar pan y agua, pues llevo una vida piadosa”. Nasrudín entonces le dio cinco monedas. Otro limosnero le pidió dinero, y al ser interrogado, respondió: “Es para adquirir vino, mujeres y apostar a los dados”, entonces Nasrudín le otorgó 50 monedas, que hicieron protestar al primer limosnero, y el altruista le contestó: “Ese hombre tiene más necesidades que tú”.

Sobre el Judas peruano sobreviene la indignación: “¿Cómo es posible que un ser humano se venda por tan poco?”, pues uno está condicionado a venderse por lo más que se pueda.

Imaginemos al priista Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre citando a una edecán en su despacho. Seguramente no lo hará por eficientar el trabajo ni por amor al arte, y dudamos que le haga la siguiente propuesta indecorosa: “He decido nombrarla coordinadora de campaña, pero a cambio quiero que me deje tomarla de la mano”.

El policía de marras no merece tanto la cárcel por deshonesto ni por pedir tan poco, sino por estúpido. Recuerdo que en el Mundial de 1990, un jugador de Camerún pateó salvajemente la espinilla de un argentino, y una amiga observó: “Todo mundo faulea, pero hay que saber faulear sin que lo veamos todos”.

No importa si el agente pidió 70 centavos o 700 dólares, el caso es que lo hizo ante mútiples testigos y su ineptitud lo llevó a la cárcel, lo mismo que a Granier, el fraudulento y millonario ex gobernador de Tabasco, presumiendo sus mil camisas por un teléfono intervenido.

En la película Sopa de ganso, de los Hermanos Marx, hay un chiste ejemplar: Chico es el acusado y Groucho el juez, quien le pregunta: “¿Dónde está su abogado?”. “No tengo abogado. Ofrecí un dólar por defenderme y nadie aceptó”. Entonces Groucho se baja de la tribuna, se quita la toga y el birrete, se dirige a los miembros de jurado y, lloriqueando, señala a Chico: “¡Vean la cara de inocencia de este hombre!”.

Voy contarles un caso reciente: el mío. Para variar, dejé dentro del cajero automático mi tarjeta de débito con la que me pagan en MILENIO Diario. Me percaté la noche del martes 1 de julio; el miércoles me dieron mi reposición en Recursos Humanos, agregando que tenían que pasar el reporte a Monterrey, para que se autorizara el trámite y que probablemente tardarían un par de días en activarla.

Pasé el fin de semana estirando los 500 pesos que retiré. Mis principios me impedían pedir prestado, pero la necesidad me ayudó a vencer a mis principios, quedando como un lamentable pedinche y aún así nadie me dio nada, usando el mismo argumento que las autoridades neoyorquinas esgrimieron para impedirle al millonario chino Chen Guangbiao, otorgar 300 dólares a los indigentes de la Gran Manzana: “Ese dinero va a malgastarse en drogas y alcohol”. Tienen razón ¿y?, crecí bajo las normas sociales capitalistas, que nos enseñan que el dinero no tiene sentido si no se usa para embrutecerse.

Hoy es lunes y aún no puedo sacar dinero, por lo que me despido con una pregunta: ¿alguien puede regalarme un centavo que le sobre?  

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