QrR

Un molusco en el cuerpo

Sexodromo
(Sandoval)

El título de la columna de hoy no tiene que ver con alguna expresión comportamental de la sexualidad en la cual una persona se excite colocando un pulpo en su tinta sobre su vientre (seguro existe), sino con un padecimiento muy común en la actualidad: el molusco contagioso.

No sé a quién se le ocurrió bautizar con ese nombre, molluscum contagiosum, a un virus que lo mismo ataca a niños que a personas sexualmente activas. Supongo que se llama así porque las lesiones que aparecen tienen cierto parecido con los moluscos, pero el nombre puede prestarse a la broma, a que el paciente crea que el médico está cotorreándoselo, lo tome a la ligera o, por el contrario, se asuste de más.

El molusco contagioso es una infección cutánea de origen vírico que además de afectar a los infantes y a los amantes, también ataca con mucha frecuencia a personas inmunodeprimidas. Su transmisión puede darse por contacto directo con piel o mucosas, o mediante fómites (cualquier objeto carente de vida o sustancia que es capaz de transportar organismos infecciosos tales como bacterias, virus, hongos o parásitos de un individuo a otro).

Por ello se ha vuelto un mal bastante común en los consultorios dermatológicos, urológicos y ginecológicos. Cuando se manifiesta en el área genital es factible que se contagie durante un encuentro erótico (el preservativo no sirve para evitar el contagio, aunque sí minimiza un poco la posibilidad de adquirirlo), pero también usando toallas de baño o sábanas en hoteles, hospitales, balnearios, saunas, etcétera. En el caso de los niños, puede presentarse al compartir juguetes, en escuelas o salones de fiesta y, muy común, luego de tocar las erosiones de otros chiquillos (es típico que les salga en los brazos, en las manos, a los más pequeños). También aparece con mucha frecuencia en nalgas, estómago, pelvis, ingles o muslos.

Como explica la doctora Rosa Taberner en su blog Dermapixel, “después de un periodo de incubación de entre dos a siete semanas, aparecen las lesiones cutáneas, que consisten en pápulas pequeñas, del color de la piel, de un aspecto perlado y en ocasiones con el centro umbilicado” (que tiene figura de ombligo). Su tamaño varía, dependiendo el tiempo que han estado en el cuerpo, llegando a medir varios centímetros; por lo regular aparecen varias y suelen estar agrupadas, aunque el mismo afectado puede diseminar sus lesiones si las rasca y después se toca otra parte del cuerpo. En algunos casos, alrededor de los moluscos se presenta dermatitis, es decir, se hincha y se enrojece.

Hasta ahora, el asunto pinta tremendo, ¿no? Ya vi sus ojotes de susto. Pero no se me preocupen, el virus del molusco contagioso no es tan canijo como el del papiloma humano, que puede derivar en cáncer. Lo peor aquí es la cuestión estética (no lucen simpáticas las lesiones, porque están más cerca de verse como una babosa que como el pulpo Manotas) y las molestias. En ciertos casos no dan comezón ni hay irritación, pero por lo regular sí aparecen.

Entonces, si tienen estas pápulas, aunque sean pequeñitas, deben acudir con un doctor para que los prescriba. Pueden ir con su médico general, aunque les recomiendo que acudan, dependiendo del área, con un especialista: si está en zona genital, las mujeres deben acudir con el ginecólogo y los hombres con el urólogo. Si aparece en otras áreas, visiten al dermatólogo. ¿Cómo los va a diagnosticar? Casi siempre con solo mirar las lesiones se determina que fueron ocasionadas por el virus. En pocos casos se necesita tomar una muestra de una de las protuberancias para hacer un análisis más profundo.

¿Y qué opciones terapéuticas existen para tratar el molusco? Hay tres formas: la “quirúrgica”, que como señala la doctora Taberner, implica “destrucción con medios físicos de las lesiones, como son la crioterapia, la electrocauterización o el curetaje con cucharilla dermatológica (con la que se raspa cada molusco hasta eliminarlo). Los agentes tópicos que producen una respuesta inflamatoria local y los agentes tópicos modificadores de la respuesta inmunitaria”. Esto es, pomadas o soluciones que después de días eliminarán las “verrugas” (ojo, no confundirlas con las del papiloma, que tienen forma de coliflor).

La elección del tratamiento va a depender de varios factores, en especial de la edad del paciente y el número de lesiones, la presencia o no de dermatitis asociada, su localización (en cara o genitales el curetaje puede ser complicado), la forma en que cada médico prefiera hacer el tratamiento, el deseo de los pacientes o de sus padres.

Si son numerosas, se recomienda la crioterapia (congelarlas con nitrógeno líquido), la electrocauterización (quemarlas con una aguja eléctrica) o el tratamiento tópico. En caso de que sean pocas, es conveniente hacer el raspado de cada una con la cucharilla o el mismo paciente puede, siguiendo las indicaciones del profesional de la salud, eliminarlas. ¿Duele? La cauterización y el curetaje sí, pero no demasiado y solo durante unos segundos. Las lesiones sin tratar pueden permanecer de dos semanas a cinco años y aunque es posible que se quiten por sí solas, el tiempo que estén en la piel habrá una gran posibilidad de seguirlas diseminando en toda nuestra amada anatomía, además de transformarnos en espeluznantes focos de infección.

Después de eliminar las lesiones es muy importante que el paciente no se toque el área, aunque le dé comezón (cuando salen las costras es difícil resistir las ganas de rascarse, pero con el control mental yo sé que lo lograrían, mis pequeños saltamontes), que lave con agua caliente toda la ropa de cama, las prendas que vistió cuando tenía las pápulas y evite el contacto sexual hasta que absolutamente todas las erosiones hayan cicatrizado.

No olviden que es un virus, es decir, luego de contraerlo siempre lo tendrán en su cuerpo, pues no hay tratamiento para eliminarlo. Pero si se cuidan para que no vuelvan a salir las protuberancias, no les va a dar más lata. Y en cuanto aparezca unita, ya saben el camino: es necesario quitarla de inmediato y sanseacabó.

¿Cómo pueden evitar contagiarse del mentado molusco? Es importante cuidar el sistema inmunológico (comer bien, tomar suplementos que lo refuercen, hacer ejercicio), porque de esa manera el organismo tendrá defensas para hacerse a un lado cuando el tremendo moluscón lo ronde. No podemos prohibirles a los niños jugar con objetos de otros pequeños, es imposible vivir sin abrazos, sin caricias, sin acudir a lugares donde pueda existir el riesgo de contaminación, así que lo mejor es tomar las medidas preventivas (que no asegurarán que jamás caigamos en sus redes) y no entrar en pánico de tal manera que evitemos el chulo ejercicio de disfrutar la vida.

Yo les recomiendo a las personas que me preguntan al respecto que, por ejemplo, no dejen de ir a los hoteles de paso, pero si les es posible lleven sus propias toallas y sábanas. En caso de que sea un rapidín no programado, es preferible que se sequen al aire (al fin que no les va a costar trabajo seguir desnudos unos minutos más). No hay que olvidar que somos responsables de nuestra vida sexual pero también de la de nuestros compañeros y compañeras de cama. Si se está en periodo de recuperación es de verdad importante no tener contacto corporal con los demás.

Les decía que el molusco contagioso es cada vez más común en la consulta médica pero no se han hecho campañas de información para que la gente lo conozca, así que les pido por favor que me ayuden a compartir y difundir esta información para que los únicos protóstomos celomados (moluscos, pues) que veamos sean los que se arrastran por el jardín o viven en altamar.

Verónica Maza Bustamante

elsexodromo@hotmail.com

Facebook: La Doctora Verótica

@draverotika

< Anterior | Siguiente >