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Una mirada sudamericana al rock

El rock es universal, pero cada país lo vive y lo piensa de diferente manera.
El rock es universal, pero cada país lo vive y lo piensa de diferente manera. (Especial)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR

Silvia Herrera


Eric Clapton, Roger Daltrey, Jack Bruce, Nick Mason y Andrew Loog Oldham son algunas de las personalidades que aparecen en el libro Satisfaction. Conversaciones con el rock, del colombiano Jacobo Celnik.


El rock es universal, pero cada país lo vive y lo piensa de diferente manera. Por ello resulta instructiva la lectura del libro Satisfaction. Conversaciones con el rock (Aguilar, 2016), del periodista colombiano Jacobo Celnik, donde actualiza algunas entrevistas que ya habían aparecido en un volumen anterior, Rockestra, entrevistas a grandes del rock, escrito con su paisano Andrés Durán, y al que le ha añadido otras. Satisfaction está dividido en cinco secciones siguiendo un orden cronológico: “Los primeros padres” (Jack Bruce, Andrew Loog Oldham, Roger Daltrey, Dick Taylor, Eric Clapton. Ian McLagan); “Los buenos muchachos” (Nick Mason, Ray Manzarek, Ian Anderson, Greg Lake, Robert Plant, Jon Anderson, Chris Squire, Ian Gillan); “Más allá del 69” (Brian Eno, Phil Manzanera, Roger Hodgson, Steve Hackett, Brian May, Roger Taylor, Geddy Lee, Alan Parsons, Tony Levin, Steve Lukather); “La edad adúltera” (Vivian Campbell, Nick Banks, Lisa Fischer, Jazz Summers); “Antes del fin” (Steven Wilson, Noel Gallagher). Se trata de 30 conversaciones con 28 músicos y dos mánagers-productores, la mayoría originarios de Reino Unido.

Nos detendremos en los dos managers-productores, pues pocas veces se les toma en cuenta pero son los que más saben del negocio. Andrew Loog Oldham fue responsable del éxito de los Rolling Stones en su primera etapa, y precisamente a él le tocó estar en uno de los momentos claves del grupo cuando crean “(I Can´t Get No) Satisfaction”, en 1965, un año que Celnik considera fundamental, y tiene razón, en la historia del rock (otros dos himnos de ese año que recuerdan los editores son “Like a Rolling Stone”, de Bob Dylan, “My Generation”, de The Who). Lúcido y cáustico, Loog Oldham expresa abiertamente sus opiniones, que no se circunscriben a sus Satánicas Majestades. Por ejemplo, del creador de Apple le dice a Celnik: “Ojalá Steve Jobs se pudra en el infierno”. Y cuando el periodista le pregunta el porqué de su opinión, el productor remata: “Todo tiene un costo. Básicamente, el destrozó la industria discográfica. Fue más inteligente, les sacó ventaja, pero los que sufren son los artistas y los compositores que no obtienen nada. Las compañías discográficas siguen cobrando. Steve Jobs era un hombre ambicioso, y tuvo gran responsabilidad en la destrucción de la industria musical”.

Y sus opiniones sobre los Small Faces, grupo al que manejó también, y cuyo vocalista era Steve Marriott, quien después creó Humble Pie al lado de Peter Frampton, son igualmente severas. Solo añadiremos que uno de los grandes éxitos del grupo fue “Itchycoo Park”, a la que el grupo de Alice Cooper, Johnny Depp y Bob Ezrin, Hollywood Vampire, le hicieron una versión.

Pero continuemos con el otro mánager-productor, Jazz Summers. Fallecido en 2015, él estuvo asociado a Wham!, The Verve y Snow Patrol. Comercialmente el grupo que lanzó a la fama a George Michael le redituó grandes ganancias, si bien por una mala decisión suya dejaron de trabajar juntos. Artísticamente su colaboración con The Verve es la que vale la pena recordar. Summers produjo en los noventa uno de los últimos grandes himnos del rock, “Bitter Sweet Symphony”, sin embargo, fue víctima de uno de los grandes atracos de la historia del rock. Recordemos lo sucedido. Todo partió del hecho de que la introducción del tema era un sampler de “The Last Time”, pero no de la versión de los Rolling Stones, sino del disco The Rolling Stones Songbook, con la Andrew Oldham Orchestra. Lo malo para Summers fue que en el pleito legal que se entabló por los derechos, tuvo que enfrentarse con el gángster de Allen Klein, uno de los tipos más turbios que ha aparecido en la industria musical. “Tuve que escoger entre no sacar el disco o ceder el ciento por ciento sobre los derechos de publishing. Tenía en las manos el gran himno de los noventa”, le explicaba a Celnik. “Tocaba el alma de la gente, en vivo la gente se desvivía cantándola. Parecía un tema de los cincuenta por el grado de universalidad que ganó. Apostamos, perdí y ganamos”. Obviamente cuando dice que perdió habla de dinero y si ganó fue únicamente en lo artístico.

Aunque es inevitable estar en desacuerdo con algunas opiniones, Satisfaction es un libro que vale la pena leer por los músicos que aparecen y lo que dan a conocer.

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