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Mala influenza

“Esta vacuna es muy eficaz, está elaborada con virus muertos y fragmentados”.
(Ilustración: Karina Vargas)

EN EL TONO DEL TONA
Rafael Tonatiuh


“El león también se defiende de la mosca”:
Proverbio


El jueves 9 de noviembre me informaron en la redacción de MILENIO Diario que unos médicos estarían aplicando la vacuna contra la influenza en el segundo piso.

Me formé en la cola, recordando los viejos días escolares, cuando salía hecho la madre del salón para que no me agarraran las enfermeras y me lastimaran con sus terroríficas jeringas.

Salí de mi ensueño cuando una enfermera le dijo a una mujer: “Esta vacuna es muy eficaz, está elaborada con virus muertos y fragmentados”, ¡Ay, cabrón! Sonó a una mezcla de ejecución de los Zetas con nombre de banda metalera y película de David Cronenberg. Empecé a dudar si querría abono microcelular en mi organismo.

Busqué información por internet, pero ninguna me satisfacía, pues parecía demasiado normal, como si se ocultara algún secreto de Estado. Tras 15 minutos de búsqueda, leí un artículo de Kenia que decía que la vacuna podría “tener reacciones secundarias como generar alucinaciones y paranoia”. ¡Jamás volveré a ser un paranoico! ¡No volveré a pelear con ese demente que se cree Muhammed Alí! ¡Estoy rehabilitado!

En ese momento un enfermero tomó mis datos, dando la vuelta a la hoja. ¿Por qué mi nombre encabezaría una nueva lista? ¿Acaso pensaban sacarme del resto de quienes se iban a vacunar, para llevar mi historial aparte, con quién sabe quién? ¿Por qué? ¿Tendría qué ver el Cisen, la CIA o los rusos con esto? La bata del enfermero no decía Secretaría de Salud, sino Instituto Tecnológico. Iba a investigarlo por internet cuando una doctora me pidió que descubriera el hombro de mi brazo izquierdo. Otra enfermera abrió un nuevo paquete de jeringas; con que esas tenemos, una jeringa especial para Rafael Tonatiuh, empecé a sospechar quién estaba detrás de todo esto: Masiosare, un extraño enemigo, un político multimillonario y poderoso que me odia por que un día publiqué puras verdades sobre él y quien ha hecho todo lo posible por eliminarme (obviamente sin conseguirlo). Iba a cubrirme el brazo cuando me clavaron la aguja y sentí cómo el líquido recorrió mis venas cual lava volcánica abriéndose paso ardientemente entre los idílicos rincones de Pompeya (o el falo de un negro penetrando a una ardilla). Sentí un escalofrío seguido de un ligero mareo.

Me entregaron un comprobante de vacunación: “CdMx, Jurisdicción Sanitaria: J.S/Cuauhtémoc. Vacunación Universal. Clínica de Esp. N°5”. Más tarde averiguaría qué transa con esa clínica (a todas luces sospechosa). Por lo pronto, corrí hacia el baño para vomitar, a ver si sacaba la vacuna de mi organismo.

Masiosare es una mente brillante pero poco original, eso de contratar a un equipo de exterminadores profesionales, haciéndolos pasar por médicos, me recordó aquella vez que contrató a todo un equipo de trabajadores de obras públicas. Me di cuenta porque esa tarde, al tomar un taxi rumbo a MILENIO, el taxista me preguntó: “¿Cómo a qué horas sale?”. “Pues hasta en la noche, jefecito”. Aquella vez llegué temprano a mi casa. Por la noche llegaron los camiones con treinta exterminadores disfrazados, haciendo hoyos en la calle a una hora inapropiada, esperando a que yo pasara para meterme en un camión y eliminarme. Masiosare descorchó una botella de champagne, pensando: “Qué chingón soy, en vez de un secuestro a oscuras, lo haré entre el estruendo y un equipo de iluminación”. Trago amargo de champagne, yo estaba dentro de mi casa, escuchando bajo mi ventana cómo me mentaban la madre esos “trabajadores” nocturnos. Pobre taxista, la que habrá pasado por haberles mentido.

Esta vez, Masiosare logró inocularme una sustancia al organismo. Desconozco cuáles puedan ser sus efectos. Tal vez sea un veneno, una castración química, un agente nervioso, un virus mortal, una fórmula para transformarme en hombre mosca, orina de Javier Duarte o lo peor: algún narcótico que trastorne mi mente y me haga cometer barbaridades que no suelo hacer, como agarrarle las nalgas a la policía, robarme el dinero del erario o masturbarme frente a las recepcionistas de los Estudios Churubusco, cual estrella de Hollywood.

No le daré la satisfacción de dañar mi reputación a ese turbio Masiosare, así que cualquier acto extraño, inmoral e ilegal que yo cometa, responsabilizo a Masiosare por el delito de intoxicación inducida.

Para que la policía investigue a fondo, pueden encontrar mi comprobante de vacunación en el cajón de mi buró derecho, con todos los datos que pudieran llevarlos a su guarida.

Si en MILENIO ven llegar a un hombre mosca, no se asusten, soy yo.

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