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La mafia y sus cocteles

Aquella época casi idílica, en la que la preocupación de las fuerzas de la ley era que el pueblo no bebiera alcohol dejó.
Aquella época casi idílica, en la que la preocupación de las fuerzas de la ley era que el pueblo no bebiera alcohol dejó. (Especial)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR

EL PEZ SOLUBLE

Jordi Soler


Durante la Ley Seca en Estados Unidos, que duró de 1920 a 1933, hicieron inmensas fortunas los mafiosos más espabilados. La prohibición de la venta, la distribución y el consumo de bebidas alcohólicas, abrió una oportunidad de negocio que, incluso sin guardar ninguna proporción, se parece a la oportunidad de negocio que existe hoy alrededor de la prohibición de las drogas.

Para saciar la sed de los bebedores, mafiosos como Al Capone o Meyer Lansky, introducían a Estados Unidos, de riguroso contrabando, whiskey de Canadá, scotch de Europa y ron de Cuba, en unas cajas que llegaban por mar, en embarcaciones clandestinas, a puertos oscuros y fuera del radar de la policía, como lo hemos visto últimamente en la estupenda serie Boardwalk Empire. El agente encubierto del FBI, Jack García, que combatía en esa época a los distribuidores clandestinos de licor, cuenta: “Los mafiosos ordenan siempre bebidas de marca. No piden nunca whisky con agua, sino Cutty con agua, y nunca beben de botellas sin marca. Siempre obtienen bebidas gratis, pero dejan unas propinas tan extravagantes que acaban gastando más que si hubieran pagado por sus bebidas; pero eso los tiene sin cuidado, para ellos el major trago es el regalado”. Con estos parámetros Jack García iba localizando mafiosos y a partir de ellos desmantelaba células de contrabandistas.

Aquella época casi idílica, en la que la preocupación de las fuerzas de la ley era que el pueblo no bebiera alcohol dejó, además de un índice alarmante de bebedores, una serie de recetas de los cocteles que algunos gángsters, cuando no bebían whiskey a pico de botella, mezclaban diligentemente para sus invitados.

Al Capone, por ejemplo, dejó un coctel que lleva su nombre. Capone fue el rey de la mafia en Chicago, entre 1925 y 1932 montó un imperio de bebidas alcohólicas de contrabando, o de destilación local, con tanto éxito, y tantos cadáveres en el camino, que el Estado lo clasificó con el Enemigo Público número uno. Al Capone bebía rye whiskey, esa bebida que está hecha mayoritariamente de centeno, y lo bebía famosamente mientras oía grupos de jazz en The Green Mill, un célebre lounge de Chicago en donde tenía una mesa fija, situada a la derecha del escenario, conocida como Capone booth y que desde luego nadie se atrevía nunca a ocupar. Mientras Capone estaba adentro de The Green Mill, nadie podía entrar ni salir del lugar. Más o menos como pasa hoy en México cuando entra un narco al restorán. La receta del coctel que Capone se inventó es esta: 3 onzas de rye whiskey, 1 ½ onza de vermouth, ½ onza de Campari y una cascarita de naranja. Se mezclan todos los ingredientes en una coctelera y se sirve en dos vasos largos, dos tumblers dice textualmente, que son esos vasos altos y amplios en los que sirve Starbucks el café.

Otro de los mafiosos con su propio coctel fue Meyer Lansky, que también hizo fortuna en la época de la Ley Seca a partir del entramado que coordinaba entre la mafia judía y la italiana. Sus negocios llegaban hasta Barbados y también a la Cuba prerevolucionaria y, como añadido, era dueño del Hotel Flamingo en Las Vegas, donde tenía una enorme barra para mezclar su famoso coctel. Según Sandi Lansky, su hija, la bebida favorita de su padre, y de muchos de sus secuaces, era el famoso whisky escocés Dewar’s. Este era el coctel que preparaba Lansky en la barra del Flamingo: 2 onzas de ginebra, 1 ½ onza de jugo de limón, un toque de angostura y dos gotitas de miel. Todos los ingredientes se mezclan en una coctelera con hielo, que se agita durante treinta segundos, y el producto se sirve en un vaso helado.

Lucky Luciano era otro famoso gangster neoyorquino de los años treinta; no era un gran bebedor y fue quién empezó a distribuir masivamente cocaína y heroína en Estados Unidos. A pesar de no beber mucho también, quizá para no ser menos, se inventó un coctel que lleva su nombre: ½ onza de bourbon Basil Hayden’s, ½ onza de vermouth dulce, ½ onza de vermouth seco, ½ onza de miel de maple y dos toques de angostura. Se sirve todo mezclado en un vaso helado y se adorna el conjunto con una delicada cerecita.

Santo Trafficante, Jr., era el Capo de un gang familiar originario de Tampa, Florida. Sus filas estaban compuestas por sus hermanos, sus primos, sus hijos y sus nietos, y sus negocios llegaban también hasta la Cuba prerevolucionaria. A la luz de la familia Trafficante, ese apellido que ya era toda una declaración de principios, consuena de manera especial ese parentesco fonético que hay entre la palabra “mafia” y la palabra “familia”. Los ingredientes del coctel que se inventó Santo Trafficante, Jr., durante una fiesta de navidad, rodeado del cariño de su amorosa familia, son estos: 3 ½ onzas de vodka (de contrabando) con esencia de naranja, 1 onza de puré de naranja, 1 onza de jugo de naranja y un toquecito de Campari. Se mezclan todos los ingredientes, con hielo, en una coctelera, y se sirve en una copa de Martini, decorado con una cascarita de naranja. La cerecita, la cascarita, dos gotitas; qué delicados eran, cuando querían, estos cabrones.

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