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Miércoles , 20.06.2018 / 19:07 Hoy

¡MADRES!

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EL SEXÓDROMO


Verónica Maza Bustamante

elsexodromo@hotmail.com

@draverotika

FB: La Doctora Verótika

Esta semana salió a la venta mi nuevo libro: ¡Madres! Lo que nadie se atreve a decirte sobre la maternidad, y quiero compartirles su introducción.

“Las mujeres toman siempre la forma del sueño que las contiene.”

Juan José Arreola


Cuando estaba embarazada, comencé a comprar todos los libros que encontraba sobre la maternidad. A visitar portales de internet que me dieran claridad sobre lo que estaba viviendo, esa suerte de náuseas y acidez estomacal mezclada con una inmensa alegría e incertidumbre, de cambios corporales y emocionales aunados a una urgente necesidad por querer hacer todo lo que estuviera a mi alcance para que ese embrión que sentía moverse en mi interior llegara al mundo de la mejor manera. Tenía 38 años y muchos miedos en torno a mi capacidad para ser una buena madre, pero también la certeza de que haría mi mejor esfuerzo por criar a un ser humano digno. “¡Vaya tarea tan titánica lo que eso representa!”, me decía en mis noches de desvelo, cuando mi enorme panza y las dudas no me dejaban conciliar el sueño.

Estaba contra mí la edad. Al menos eso me decían desde médicos hasta entrometidos en general. Un año y medio atrás me había sometido a una cirugía para extirpar numerosos miomas en mi matriz que la había dejado “delicada” para enfrentar el proceso de parto, pero no deseaba someterme a una cesárea. Viví dos abortos espontáneos que me tuvieron, debo reconocerlo, con el semáforo en rojo durante siete meses. Pero también poseía claridad en torno a mis miedos, así que decidí informarme para erradicar algunos y saber cómo enfrentar los que podrían afectarme en realidad.

Tomé un curso psicoprofiláctico, acompañada por mi esposo, para tratar de tener un parto en agua. Seguí leyendo y preguntando a mis amigas que ya eran madres, a lectoras, a familiares. Cada una tenía una historia diferente, una opinión que se contradecía con otras. “¡No me confundan!”, solía decirles entre risas cuando se interrumpían para hablar sobre sus vivencias, que me resultaban contradictorias. Cambié de ginecólogo hasta encontrar a una que estuviera en sintonía con mis deseos y no me quisiera imponer lo común. Elegí un hospital donde pudiera tener, al momento de la verdad, la posibilidad de dar a luz como deseaba pero entendiendo que si era necesario un proceso quirúrgico tendría las herramientas para realizarlo.

Sin embargo, tras parir justo como quería y tener un hijo sano, afronté nuevas inquietudes y temores que ya no tuvieron bibliografía precisa qué consultar. Revisé volúmenes que hablaban al respecto aunque de una manera compleja o demasiado académica, por lo que en ese periodo en donde todo es tan intenso y pasa tan rápido no me resultaban funcionales, así que comencé a llevar a cabo la misma labor que he hecho en mi metodología como educadora sexual: a vivir y analizar, a sentir y tratar de entender, desde mi visión, las etapas que iba experimentando. A expresar de todas las maneras posibles lo que se me atoraba en la tripa, en el alma y en el corazón. Desde entonces he pasado por muchas alegrías y algunas tristezas, he tenido desconsuelos, dudas, momentos de enorme belleza, carcajadas al por mayor, frustraciones, enojos, milagros cotidianos y mucho amor.

Me enfrenté a incidentes jamás experimentados. Me sorprendí al vivir cosas que, descubrí con el tiempo, eran de lo más comunes pero nadie se atrevía a decir, ni siquiera otras madres que habían pasado por eso pero no lo comentaban porque, también lo entendí al paso de los años, no querían ser mal vistas en una sociedad que nos ha inculcado que madre sólo hay una, que serlo es lo mejor del mundo y está prohibido quejarse.

Se dice que no hay escuelas para padres y es cierto. Nadie puede obtener un certificado para serlo y, quizá debido a ello, cuando nos confrontamos con la decisión de ser madres —o simplemente nos llega la noticia de que lo vamos a ser—, reproducimos los esquemas dictados por nuestras propias progenitoras, las abuelas, las comadres, las heroínas de las películas de antaño y de las telenovelas, que tienen una dosis de verdad pero nos dejan a medias en cierta información que, de saberla, nos resolvería angustias diversas.

Sobre todo esto hablé con mi ahora editora, Alicia Quiñones, una noche de otoño en la que nos topamos a las afueras de un bullicioso hotel durante la Feria Internacional del Libro en Guadalajara. Mi hijo tenía ya cinco años y finalmente me sentía una mujer plena. Le conté de mis periodos de recuperación de mí misma, le platiqué anécdotas divertidas sobre las penurias y los regocijos de la maternidad y la manera en que, junto con mi marido, trataba de formar a un retoño que viviera en bienestar. Nos reímos y deliberamos juntas, hasta que me dijo: “¡Vaya! ¡Todo esto podría convertirse en un libro!”.

Y aquí estoy, ofreciéndoles este ejemplar que no busca brindar verdades absolutas sino ser un acompañamiento útil en ese proceso tan maravilloso de ser madre. De hablar con el corazón en la mano sobre mis vivencias pero también dar información compartida por expertos en diversas áreas. Pueden verlo como un manual de autoayuda, aunque las invito a que también lo usen como un pretexto para analizar sus propias vivencias, sentimientos y conclusiones.

Creo, también, que puede ser una buena lectura para quienes apenas están vislumbrando la posibilidad de embarazarse y no saben a qué se podrían enfrentar, si están en una “buena edad” o en una correcta posición económica, laboral y amorosa para traer a un ser humano al mundo, así como para aquellas que han pasado una o varias pérdidas de embarazos. Yo soy de ese grupo; me habría gustado leer, en esos momentos, algunas palabras para aliviar mi duelo sin perder la esperanza de lograr mi objetivo. Y sí, también me sometí a tratamientos de fertilidad: espero que las lectoras que estén pasando por ello sepan que las entiendo.

Lo ideal sería que sus parejas o acompañantes en la crianza, sean del sexo que sean, pudieran emplearlo para comprender sus experiencias e idear maneras para compenetrarse en este camino. En los últimos años, los estudios sobre masculinidades nos han demostrado que el rol del padre y esposo (novio, concubino) está cambiando para bien. Es necesario comenzar a romper mitos en torno a su papel y su figura.

La maternidad es un viaje único e irrepetible. Individual. Pero que, como todo, debería tener un apoyo que facilite la misión con el objetivo de educar a seres humanos sanos, respetuosos, útiles, reflexivos, libres y felices.

Dicho esto… ¡que comience la aventura!

***

¡Madres! se presenta el martes 22 de noviembre a las 19:30 horas, en el Foro del Tejedor de El Péndulo de la colonia Roma (Álvaro Obregón 86), con un “MadresFest”. Me acompañan Alicia Quiñones, Primitivo Olvera, Jazmín Solar, Jaime Ades, Mauricio Díaz Hueso y Fernando Rivera Calderón. ENTRADA LIBRE.

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