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Martes , 16.10.2018 / 06:49 Hoy

Los orgasmos masculinos

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EL SEXÓDROMO

Verónica Maza Bustamante

elsexodromo@hotmail.com

@draverotika

FB: La Doctora Verótika


Los hombres no son la excepción: ellos también gozan de diferentes tipos de clímax a lo largo de sus vidas y de acuerdo a las parejas o momentos que van sucediendo en su existencia. Aquí algunos de ellos:

1. El de la masturbación. Es, en muchos casos, el primero que experimentan. Es su acercamiento inicial al placer, por lo que pareciera resultar adictivo no solo durante la adolescencia, como se cree, sino durante toda la vida del varón, lo cual, lejos de causar un daño, les ayuda a estar en contacto con su propio cuerpo, con lo que sienten y cómo perciben su deseo. Cuando alguien es interrumpido durante el acto masturbatorio, es posible que su concepto de orgasmo se modifique, que su eyaculación no tenga control y sientan que es malo realizarlo. En cambio, si se vive como una posibilidad erótica más (incluso una forma de vida en aquellos a quienes no les interesa relacionarse con una persona hasta nuevo aviso), ellos estarán satisfechos, relajados y no, no les saldrán pelos en las manos.

2. El del oral. Una buena sesión de fellatio los puede llevar a tener unas explosiones de placer monumentales. Quienes ven al sexo oral como un mero preámbulo o “juego” (es decir, que no llega a ser un generador “serio” de orgasmos) deberían intentar llegar a la eyaculación únicamente mediante caricias con la lengua, los labios, el rostro y las manos ajenas. El estallido que verán será suficiente para entender que la boca tiene lo suyo (¡y es magnífico!).

3. Sin eyaculación. Si bien hay algunos hombres a los que se les dificulta tener un “orgasmo húmedo” porque padecen alguna disfunción, es cierto también que de vez en cuando ellos sienten como si estuvieran llegando al clímax pero no se presenta la eyaculación. Eso es fenomenal: tienen toda la sensación de haber llegado a la muerte chiquita pero pueden seguir en el acto erótico más tiempo pues conservarán su erección.

4. La otra vereda. Las sensaciones que genera el sexo anal no son iguales a las del vaginal pues hablamos de cavidades con estructuras diferentes, por lo que ellos se deben mover y acomodar de otra manera, lo cual también involucra intensidades, atenciones y percepciones que pueden resultar intensas.

5. Penetración a detalle. Una cosa es simplemente penetrar “hasta venirse” y otra es trabajar el orgasmo. Cada vagina es un mundo, y quienes tienen parejas del sexo femenino deberían saber que cambiar el ritmo, el acomodo, la intensidad, el tiempo, el tipo de fricción, la postura, no da únicamente gozo a las mujeres, sino que ellos se la pasarán igual de bien. Si en cada encuentro se dejan llevar por la curiosidad y el asombro comprenderán que siempre podrán experimentar una serie de sensaciones diferentes, aunque pase el tiempo y sigan con la misma pareja.

***

EL ARTE SHUNGA DE HOKUSAI

Contemplo por enésima vez las pinturas eróticas del artista japonés Katsushika Hokusai y no puedo evitar sentir cierta excitación frente a sus imágenes que, a primera vista, ofrecen escenas características del arte japonés pero, contempladas a detalle, muestran una deliciosa gama de posibilidades eróticas que van de lo onírico a lo realista pero siempre con una sublimación de los cuerpos y sus posibilidades que resulta hipnótica.

Catalogadas como arte shunga (“imágenes de primavera”, producidas principalmente en el periodo Edo, de 1603 a 1867), están relacionadas directamente con la representación del sexo y, en su momento, fueron prohibidas por el Código penal japonés hasta que lograron llegar a los museos y, con la aparición de internet, ser apreciadas por un público internacional.

El sueño de la esposa del pescador es especialmente interesante. En él, una joven se encuentra entrelazada a dos pulpos, uno pequeño que envuelve con uno de sus tentáculos su pezón mientras la besa, y otro de mayor tamaño que le practica sexo oral.

Hace poco leí un artículo en donde un grupo de científicos analiza la pintura, comentando que la circunstancia en realidad sería erótica para la mujer pero no para el pulpo, pues no presenta los colores que éstos toman cuando quieren aparearse, amén de que los octópodos tienen una suerte de lengua dentada, capaz de destrozar conchas marinas, por lo que se volvería un peligro en tan delicada zona femenina.

Es interesante la nota pero me hace entender que poco se han fijado en el título de la obra quienes la analizan de manera tan literal. Lo que vemos es una visión de la mujer, no la realidad. Ella está soñando, y sabemos que en el mundo onírico todo es posible. Casada con un hombre de mar que seguramente pasa las noches en sus aguas, la esposa proyecta, quizá, un deseo insatisfecho en esa posibilidad de que un ser con numerosos tentáculos y una boca que a simple vista se nota succionadora, haga uso de su ansioso cuerpo. Eso es, en buena medida, lo perturbador y, a la vez, excitante de la imagen: en la fantasía no hay límites. Menos aún en los sueños, donde uno puede ingresar a un mundo de posibilidades más allá de la ciencia o la comprensión racional del deseo.

En otras de sus imágenes shunga, Katsushika presenta a parejas de amantes en pleno trance erótico. Sobresalen en ellas dos aspectos que, al igual que en el caso anterior, encierran su poderío: tanto hombres como mujeres están envueltos casi por completo en kimonos, telas y ropa diversa pero, al fijarse bien, el espectador descubren enormes penes erectos (muy alejados de las medidas de los hombres asiáticos, quienes se encuentran en el rango más bajo en cuanto a centímetros del miembro) que amenazan con entrar, o lo hacen, en vulvas con abundante vello, igual de grandes y húmedas.

El efecto es el mismo: los artistas del arte shunga se podían permitir esa exageración de las partes del cuerpo como manera de expresar sus deseos íntimos o, en una de esas, la manera en que se percibían a ellos mismos y a sus amantes.

Ver estas piezas de Hokusai es como admirar La gran ola de Kanagawa, también de su autoría, donde el mar es el protagonista y se levanta amenazante incluso frente al monte Fuji. Ésa es la posibilidad del arte, la de trasladarnos por unos instantes a parajes inconcebibles que, sin embargo, se sienten cercanos, intrigantes y hasta seductores en medio de nuestra cotidianidad.

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