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Martes , 16.10.2018 / 03:59 Hoy

Los hijos del mundial

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El Sexódromo


Lo están viendo en la pantalla, rodeados de compatriotas que levantan banderas, besan sus camisetas, chocan las copas, lanzan frases de apoyo al aire, reparten sonrisas. Es el partido final del Mundial de futbol. Alemania contra Argentina, en un duelo intenso entre dos equipos que se han sabido defender y anotar, que tienen toda una historia como campeones en esta copa que cada cuatro años levanta pasiones cuyas expresiones van de la risa al llanto, del enojo a la esperanza, de la decepción al amor.

La tensión genera que los televidentes aprieten los dientes, se estrujen las manos. Sus ojos tienen un brillo especial. Si Messi anota un gol, los albiazules lanzan porras, se abrazan, gritan. La expresión de la felicidad en los latinos es un derroche de emociones. No hay límites. La hinchada argentina es de las más intensas, para bien y para mal. Si Klose logra meter el balón en la portería contraria, los alemanes alzarán sus tarros de cerveza, se darán palmadas en la espalda; algunos gritarán sin perder la compostura, pero otros enloquecerán como pocos, con el rostro pintado de negro, rojo y amarillo.

No puedo determinar quien ganará (aunque desde el principio del Mundial mis gallos han sido los teutones), pero tal vez podría determinar que sucederá en muchas alcobas luego del partido o en su respectiva noche. Créanme. Habrá acción. Y sí, de la que se imaginan: erótica. La ropa de las selecciones saldrá volando a la menor provocación. No un faje cualquiera, sino todo el “numerito”.

Tras diversos encuentros deportivos de nivel internacional se ha comprobado que luego de la gesta final los sentimientos de la afición están tan a flor de piel, que un número importante de parejas decide expresar su alegría o su depresión yéndose al colchón. Hablamos de parejas con una relación estable pero también de aquellas que se acaban de conocer, incluso durante el partido mismo. Sucede algo parecido que con las catástrofes: en momentos de alta tensión, cuando todo el temor o la alegría aflora, los seres humanos necesitan una válvula de escape a todo ese cúmulo de sentimientos, pero también sienten la urgente necesidad de hacer palpable su vida, de sentir que existen, que están vivos. El encuentro erótico es excelente para alcanzar esa sensación.

De tal manera, cuando el silbatazo último aparece, las lágrimas o las carcajadas dominan el lugar. Después, con un poco de suerte y mucha disposición, serán los gemidos los que envuelvan el entorno de aquellos que se dejaron llevar por su deseo. El problema es que en esta urgencia por sentir el aquí y el ahora, suelen olvidarse los métodos anticonceptivos, las opciones que existen más allá de la penetración (en pocas ocasiones es tan necesaria o solicitada como cuando se quiere expresar a través de la piel un estado de gran intensidad), aquello que puede evitar un embarazo no deseado o el contagio de alguna infección de transmisión sexual. ¿Y adivinen qué? Resulta que cada cuatro años, en el país que resultó campeón del Mundial (también aplica en certámenes menores), nueve meses después de que éste se llevara a cabo, aumenta el índice de nacimientos. Es un baby boom mundialista.

Esta semana leí un artículo publicado en diversos medios españoles donde informaban que, de acuerdo con un estudio realizado por el British Medical Journal, nueve meses después del triunfo de Barcelona en la Champion League de 2009 se registró en Cataluña un 16 por ciento más de nacimientos. Unos cien mil fueron atribuidos a la felicidad que generó el gol triunfal de Andrés Iniesta, jugador que, por cierto, aproximadamente 40 semanas después de la anotación en Sudáfrica 2010 que convirtiera a la selección española en campeona del mundo, tuvo a su propia hija.

Se habla del concepto “You’ll Never Walk Alone”, que tiene que ver con la sensación de pertenencia a una manada que lleva a los seres humanos a querer compartir la alegría, entre otras maneras, teniendo sexo. El futbol es perfecto para dar ese bienestar de poder compartir una serie de acontecimientos con muchísimas personas. Durante los torneos mundiales la gente habla con desconocidos, se reúne con los conocidos, observa situaciones que tienen un sentido. Esa situación genera entusiasmo, alegría, un “no estoy solo/a”, y sabemos que estos estados de euforia nos acercan a veces de tal manera que terminamos sin ropa y encamados.

El Departamento de Educación Sexual de Prime Argentina, a raíz del Mundial de Brasil, realizó un estudio cuyos resultados señalan que 93 por ciento de las personas prefiere festejar los triunfos de sus equipos teniendo sexo. También indica que casi 40 por ciento de los consultados aseguró que prefiere ver los partidos con su pareja, lo cual facilita que se exprese eróticamente la alegría o se trate de suavizar el descontento por el resultado.

Además, hoy en día son mucho más las mujeres, a comparación de hace un par de décadas, que disfrutan viendo los partidos. Ellas tienen un plus, como lo comentaba hace poco en mi página de Facebook: las representantes del sexo femenino vemos algo que, por naturaleza, muchos hombres no ven: el atractivo físico de los jugadores. Si a eso se le suma el público homosexual masculino, entonces tendremos un amplio número de aficionad@s que, aunque no haya goles, se entretienen con los close-ups.

Ezequiel López Peralta, sexólogo argentino, comenta que “los jugadores son vistos como objetos de deseo, el Mundial erotiza y esa erotización se traslada a la pareja. Y la misma euforia de alentar a la selección puede ser un elemento de unión emocional en la pareja. Ver un partido produce una activación fisiológica en la que intervienen los mismos mecanismos de excitación sexual. De ahí al encuentro íntimo hay un paso”.

Si a este banquete visual se le agrega imágenes como las que circularon por todo el planeta de algunos jugadores de la selección de Croacia nadando desnudos, con los músculos perfectamente bien marcados y una serie de tatuajes embelleciendo sus cuerpos, entonces el asunto se pone aún más caliente.

Dicen que el futbol une. Y parece ser que cachondamente también. No dudo que más de una pareja se haya conocido en esta euforia mundialista e, independientemente de la gestación de hijos en común, hayan establecido una relación duradera.

Así que mañana domingo no hay que olvidar comprar y cargar preservativos, sobre todo si se es de alma entusiasta. El temperamento europeo, dicen, es menos intenso que el latino. Habría que seguir haciendo apuestas, en esta ocasión para determinar qué nación tendrá el número más alto de nacimientos por abril de 2015 y si la mayoría de los niños que lleguen al mundo en ese entonces se llamarán Leonel o Miroslav.

Ya veremos qué sucede 40 semanas después del partido de mañana en el Maracaná. Luego no digan que nadie les recomendó que cargaran sus condoncitos. ¡Y que gane el mejor! (o lo que el árbitro diga, pues).


Verónica Maza Bustamante

@draverotika

elsexodromo@hotmail.com

Facebook: La Doctora Verótika

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