• Regístrate
Estás leyendo: ‘Los Caifanes’ cumplen 50 años
Comparte esta noticia
Sábado , 15.12.2018 / 10:29 Hoy

‘Los Caifanes’ cumplen 50 años

Publicidad
Publicidad

EL ÁNGEL EXTERMINADOR

Miguel Cane

@aliascane

Poco se habla del cine mexicano de los 60, pero el 50 aniversario de Los Caifanes, película de Juan Ibáñez con guión del mismísimo Carlos Fuentes, lo amerita: no solo es un filme de culto, también es retrato fiel de una realidad nacional que sigue manifiesta en algunos aspectos del lenguaje y la interacción de clases.

Realizada en locaciones de la Ciudad de México durante el otoño/invierno de 1966, Los Caifanes, cinta que tanta controversia causó en su estreno, es protagonizada por Julissa (Paloma), Enrique Álvarez Félix (Jaime) y los caifanes: Sergio Jiménez (El Capitán Gato), Ernesto Gómez Cruz (El Azteca), Eduardo López Rojas (El Mazacote) y Óscar Chávez (El Estilos). Juan Ibáñez, con claras influencias del trabajo teatral de Peter Brook y del cinema estilizado de Federico Fellini, narra la aparentemente simple anécdota de lo que ocurre cuando Paloma y Jaime, dos jóvenes “liberales” pertenecientes a la alta sociedad, se escabullen de una pedante party de intelectuales y aristócratas (filmada en la residencia que Carlos Fuentes compartía con su entonces esposa, la legendaria Rita Macedo) y acaban compartiendo refugio de la lluvia en un auto desvencijado con un grupo de mecánicos de clase humilde que regresan a la ciudad a pasar las fiestas navideñas.

El encuentro de estos dos mundos es cuidadosamente retratado por Ibáñez: desde la elegante vernissage de gente “sofisticada”, pasando por los cabarés de barriada hasta las vecindades desiertas del Centro Histórico y las carreteras de madrugada, todas las atmósferas se sienten auténticas y nuestros ojos (los de Jaime y, muy especialmente, los de Paloma) se abren a las realidades desconocidas.

Los Caifanes fue una cinta reveladora en su momento: anteriormente, el lenguaje cinematográfico se regía por convenciones más apegadas a los requerimientos sociales. El propio Fuentes ha sido citado diciendo que el melodrama mexicano de la “época de oro” es nuestra leche materna como sociedad posrevolucionaria y, en cierta forma, eso era verdad; la posición desafiante que el autor adopta (nació con la cuchara de plata en la boca, pero siempre se sintió fascinado por los ritos y misterios del pópulo) e Ibáñez (a su vez fascinado por los personajes estrambóticos y ambientes sórdidos) causó furor y revuelo. Nunca nadie se había atrevido a subvertir todo lo que la Liga de la Decencia consideraba tradicional.

Los actores principales, a excepción de la pareja protagónica, no tenían experiencia cinematográfica: eran alumnos del Centro Universitario de Teatro y esto les sirvió para dar mayor dimensión a sus interpretaciones. Álvarez Félix dotó de una sutil ambigüedad a su personaje de Jaime, pretencioso arquitecto de una familia más cercana al mundo de F. Scott Fitzgerald que a la tradición rulfiana. La interpretación del hijo de María Félix, condenado a un destino acartonado en teledramas, es lo suficientemente enigmática como para hacer que su personaje trascienda del papel y adquiera otra clase de matices.

Mención aparte amerita Julissa, quien durante años anteriores se había visto lastrada por una imagen mediática de chica dulce y sensible, incapaz siquiera de pensar en irse a la cama con alguien si no era propiamente casada. Paloma, personaje escrito específicamente para ella por Fuentes, es un parteaguas en lo que había sido una carrera estable y rosa: los impulsos y los deseos yacen en el fondo de su ropita in y sus zapatitos a juego con su abriguito platino. Hay curiosidad, miedo y un fuego que se aviva por minutos, es el personaje que más evoluciona conforme se desarrolla la trama, plena de un humor macabro y ácido y de una inquietante sensación de posibilidad.

Esto resulta aparente, en las breves escenas de su encuentro con las (muy folclóricas) prostitutas de barrio, en el baño del cabaré. No la repelen tanto como le fascinan, con sus sueños delirantes, sus caras pintarrajeadas y su desesperanza ominosa oculta tras sonrisas carmesí. Paloma disfruta reinventarse, reencontrarse y acaso liberarse. Hacia el final de la noche, ella y Jaime y los caifanes habrán encontrado preguntas y respuestas, aún si no significan exactamente lo mismo.

Considerada una de las cintas más importantes y significativas del cinema mexicano del siglo XX, cuya influencia se siente aún hoy (como en la famosa banda de rock liderada por Saúl Hernández), Los Caifanes celebra sus 50 años, sintiéndose tan viva y vigente como lo fue en su día. Su influencia vive y respira: es parte indispensable de las imágenes preciosas que conforman un todo; el absoluto amor al cinema.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.