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La llama de mi Octavio

Sexodromo
(Sandoval)

Confieso que he amado a Octavio Paz pero no toda la vida, sino desde hace poco más de una década. Será que me recetaron El laberinto de la soledad en una etapa en la que me valía gorro el comportamiento del mexicano (a pesar de ello y gracias a mi excelente maestro de Ética, se me quedaron varias cosas grabadas que, años después, me impulsaron a leerlo por gusto) o que mi amor desmedido por Jaime Sabines me hizo ignorar por mucho tiempo su excepcional poesía, pero el caso es que cuando aterricé en Libertad bajo palabra me conquistó por completo.

Cobijada por sus libros, ha pasado largas horas haciéndome el amor con sus frases, incitándome a reflexionar, a verme en su espejo y a ver al otro, conmovida y emocionada por sus versos pero también por sus análisis, sus razonamientos. Comencé a buscar sus otros libros de poesía.

La siguiente fase en nuestra relación, aquella que me convirtió en su eterna adoradora, fue cuando leí La llama doble. Amor y erotismo (Seix Barral), ese lúcido ensayo en el que habla de “la conexión íntima entre sexo, erotismo y amor, desde la memoria histórica hasta la vida cotidiana más inmediata”.  Ahí se convirtió en “mi Octavio”, en ese hombre importante en mi vida que en 221 páginas me ha respondido algunas interrogantes, me ha enfrentado con dudas y contradicciones, me ha hecho temblar de la emoción al compartir una certeza, ha ampliado mi bibliografía relacionada con el tema, no me ha convencido en algunas teorías pero lo ha intentado en buena lid, se ha acabado varios de mis marcadores amarillos y naranjas hasta quedar convertido en un perfecto amante de papel, todo fluorescente, hinchado, muy bien sobado.

Hoy se los presto un ratito. Hagan con sus palabras lo que quieran, sean felices,  y después regrésenmelo, al fin que como él mismo dice, el amor no se explica sin la libertad. Pero aclaro algo: Paz usa la palabra “sexo” para definir la cópula y “erotismo” como aquello que inserta “la fornicación” en la sociedad, la vuelve un arte, un placer. La diferenciación es pertinente: los lectores constantes de esta columna ya sabrán que, en realidad, la palabra “sexo” se refiere únicamente a los genitales (si son masculinos o femeninos).

El espacio es breve, solo podré compartirles unas cuantas frases. Pero si se enamoran de ellas y quieren tener a su propio Octavio, corran a conseguirlo en su librería más cercana.

- El fuego original y primordial, la sexualidad, levanta la llama roja del erotismo y ésta, a su vez, sostiene y alza otra llama, azul y trémula: la del amor. Erotismo y amor: la llama doble de la vida.

- La relación entre erotismo y poesía es tal que puede decirse, sin afectación, que el primero es una poética corporal y que la segunda es una erótica verbal.

- El agente que mueve lo mismo al acto erótico que al poético es la imaginación. Es la potencia que transfigura al sexo en ceremonia y rito.

- Sexo, erotismo y amor son aspectos del mismo fenómeno, manifestaciones de lo que llamamos vida.

- En todo encuentro erótico hay un personaje invisible y siempre activo: la imaginación, el deseo.

- El erotismo es un ritmo: uno de los acordes es separación, el otro es regreso, vuelta a la naturaleza reconciliada… todas las mujeres y todos los hombres han vivido esos momentos: es nuestra ración de paraíso.

- El amor es elección; el erotismo, aceptación.

- El sexo es la raíz, el erotismo es el tallo y el amor la flor. ¿Y el fruto? Los frutos del amor son intangibles.  

***

EL BUZÓN DE VERÓTIKA

Tengo un hijo de nueve años al que mi esposo y yo ya le explicamos en qué consiste “hacer el amor” (cuando nos preguntó sobre la manera en que los bebés se metían en la panza de la mamá), pero hace unos días me preguntó por qué no todas las personas que lo hacían tenían un hijo. A mí me gustaría que supiera que no siempre pasa eso y que podemos tener relaciones sexuales por placer e incluso sin amor, pero no sé cómo hacerlo.
Alicia

 Explicar a los niños por qué se pueden tener encuentros eróticos por placer y no con el fin de reproducirse es complicado, pero hacer la diferencia entre lo que es el coito y lo que es ejercer el erotismo es difícil de entender hasta para los mayores, estimada Alicia. Me alegra mucho saber que estás interesada en hacerlo. Tu hijo se encuentra justo en la edad en que el promedio de los chicos se hace esas preguntas. Podría decir que eres afortunada por el hecho de que te las hace a ti, pero más que por suerte, creo que es debido a que desde pequeño has estado abierta a estos temas, le has respondido sus dudas.

Los especialistas sugieren que sea a partir del cuarto grado de primaria cuando se les hable a los hijos al respecto. Y para sexto año ya tendrían que saberlo. El maestro en sexología Fernando Álvarez Vázquez, en su libro Recetas mágicas para la sexualidad infantil (editorial Línea Continua), apunta la conveniencia de que por medio de imágenes de apoyo se les explique que una relación coital es la entrada del pene en la vagina, y “hacer el amor” (o tener un encuentro erótico, pero ese término no lo manejes aún porque será más difícil de entender para él) integra mucho más elementos, como la afectividad, la intimidad, el respeto, la comunicación, el placer.

Las razones por las que se tienen relaciones sexuales son diversas, habría que decirles. Una de ellas es para tener un hijo o hija. En ese caso, “cuando el pene se introduce dentro de la vagina, expulsa un líquido en el cual se encuentran pequeñas células llamadas espermatozoides. Una de ellas se junta con otra célula llamada óvulo, la cual está dentro de la mujer. La unión de ambas forma una célula más grande que se coloca en una pared del útero de la mujer para que más tarde se convierta en embrión, luego en feto y por último en un bebé”, indica Álvarez. Conviene aclararles que cuando una pareja de adultos se gusta, se lleva bien, saben divertirse juntos, se tienen amor y respeto, entonces podrían estar preparados para ser papás; antes de eso sería muy complicado.

De esta misma manera, convendría decirles que hay parejas que lo hacen porque quieren conocerse mutuamente, pues es una forma de darse amor y sentirse contentos, pero no quieren ser papás. Entonces usan métodos especiales para no tener hijos.

Para mí es mucho mejor hablar con los niños de “adultos” y no de “personas casadas”, porque este último caso también tiene numerosas aristas que se pueden ir explicando pero en otro momento, para que el chiquito o la niña no se hagan bolas.

Si el pequeño reacciona con disgusto o repugnancia (sucede muchas veces), no se debería impulsar este sentimiento, ratificarlo para salir del trance o no decir nada.  Es importante que se les diga, como aclara Debra W. Haffner en su libro De los pañales a la primera cita (Alfaguara), algo así como: “Comprendo que te parezca asqueroso. Es normal porque es algo que solo deben hacer los adultos. Cuando tú seas mayor, ya decidirás si te gusta o no. Podemos hablar de ese asunto en otra ocasión, cuando tú quieras”.

A esta respuesta yo le agregaría un tono poco solemne recurriendo a alguna palabra, frase, expresión facial, tono de voz que el hijo o hija identifique con la complicidad, pues eso ayudará a que siga teniendo confianza y trate esos temas con naturalidad.

Obviamente estos asuntos son mucho más complejos, pero no se le puede explicar demasiado en una sola sentada a un pequeño. Por ello, es importante que la información que les demos sea constante, no sólo cuando nos sentimos en aprietos por sus preguntas. Las reglas de oro serían: hay que responder a sus inquietudes, darles información correcta, transmitirles los valores propios y dejar la puerta abierta para futuras conversaciones.

No olviden que el silencio es, también, una manera de educar, pero no la mejor. Gracias, Alicia, por poner el tema en este espacio.  

Verónica Maza Bustamante

@draverotika
elsexodromo@hotmail.com
Facebook: La Doctora Verótika

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