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La lírica en el rock mexicano

por David Cortés

Vive del lugar común y para muchos se ha convertido en un acto de fe. Nadie que se acerque a él debe poner en duda sus principales cualidades, a riesgo de pagar la temeridad con la exclusión. Se dice que es cultural, rebelde, una forma de vida, contestatario, poesía, retrato de la juventud, etcétera, etcétera.

Lo cierto es que el rock, por lo menos en México, está adocenado, tiene las garras sin filo y hace mucho perdió el hambre por la denuncia. Sin embargo, es necesario ponderar, porque eso sucede en el mainstream del rock, en la primera división del mismo; la vida en el subterráneo es diferente, pero está tan oculta, que para llegar a ella se necesita sed de aventura.

Sónicamente el rock mexicano muestra adelantos, pero su lírica se ha empobrecido, no retrata nada del acontecer cotidiano y cualquiera que llegue a estas tierras e imagine encontrar en el songbook rockero nacional un trazado de la vida en este país enfrentará un chasco. ¿Es obligatorio escribir de lo que sucede en la nación?, ¿los temas baladíes no deben tener cabida en el rock mexicano?, ¿cuál es la responsabilidad social de los músicos?

Para Pato, guitarrista de Los Malditos Cocodrilos, en el rock azteca “hace falta una apertura temática urgente, falta un trabajo más consistente, conocimiento básico y oficio en lo que significa escribir una letra. La mayoría de las líricas del rock mexicano son monotemáticas, hablan de temas de amor o existenciales en tono depresivo; el humor, la rebeldía, casi siempre están ausentes e incluso muchas de las letras del pop, o géneros afroantillanos, o de regional mexicano muestran más oficio y riesgo que las del rock actual”.

En contraste, Carla Morrison dice: “Escribo de lo que siento día a día, emocionalmente, dedico mi trabajo a mis emociones, a mis sentimientos, a todo aquello que moldea y simplifica mi alma… mi arte lo manejo de esa manera. El hecho de que no hable de la violencia que pasa en mi país no quiere decir que no me importe, simplemente lo voy explorando por otros lados de mi vida, pero prefiero no hacerlo en mi música, en mi arte”.

Para el compositor Jorge Fratta, “una gran mayoría de músicos, sobre todo los representantes de esa pobreza lírica, no gustan de la lectura, que no lo es todo. Tampoco se nutren de otra cosa que no tenga que ver con el rock como subcultura. La falta de lectura se nota en su manera de hablar, en las entrevistas, en la falta de individualidad, en su lenguaje reducido y lleno de muletillas y anglicismos”.

La carencia de asuntos sociales en la temática del rock nacional se debe, en palabras del guitarrista de Los Malditos Cocodrilos, a que la escena del rock mexicano “se ha visto influenciada de toda la propaganda oficial en la que el pensar y expresarse de manera distinta se estigmatiza y criminaliza: en automático excluyen temas incómodos porque para eso están los noticieros”.

Fratta coincide con él: “Pocos tienen los huevos de comprometerse y ser incómodos al sistema, unos por ignorancia (no leen ni el periódico) y los que sí, por no querer comprometerse aunque les interese, pues sus disqueras/mánagers los apremian para que no se compliquen y queden bien con todos”.

Por su parte, Charlie Daniels, guitarrista de Los Daniels, reconoce que los músicos tienen una responsabilidad social, por lo que “hay que tener cuidado con lo que se dice y muestra en público, uno debe estar consciente del mensaje que quiere dar”. Sin embargo, al preguntarle por qué no hacerlo en sus letras, señaló: “Si pasan cosas terribles en nuestro país y en el mundo, por qué darle más atención de la que ya tiene a ese tipo de cosas tan negativas; es importante estar enterado, lo sé, pero la música a fin de cuentas es una válvula de escape y te transporta a mejores lugares. Prefiero que escuchen nuestra música y por un momento se olviden de tantos problemas y pasen un momento agradable que recuerden por mucho tiempo”.

En palabras de Rafael Catana, “la responsabilidad social del músico de rock es hacer bien su trabajo, comprometerse con él. Sí tiene una responsabilidad social, que es mirar desde su telecaster los tiempos que corren y desde esa trinchera dar su punto de vista: si se quiere o no comprometer, es una decisión individual”.

Fratta es tajante: “Si es rock, está comprometido con lo social, si no, no lo es. Lo que falta son rockeros, sí, aunque hagan pop o cumbia o lo que sea (Celso Piña o Serrat son más rockeros, en ese aspecto, que muchos que conocemos bien greñudotes)”.

A manera de conclusión, en un tema que no puede agotarse en una sola entrega, nos dice Carla Morrison: “Tengo responsabilidad, pero no total, Tengo responsabilidad de hablar de lo que quiero y siento y hacia dónde dirijo mi arte, mas no soy la presidenta de México, no puedo clavarme en asuntos que aunque sí me competen, no tengo el mandato para nada. Soy una de millones que queremos cambios, pero eso se da sobre la marcha, con años y con lucha”.

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