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Las letras del amor

EL SEXÓDROMO


Verónica Maza Bustamante

elsexodromo@hotmail.com

@draverotika

FB: La Doctora Verótika


Escribo porque mientras entretejo las palabras, las subo en el párrafo, las bajo de lugar, las jalo para un lado, las meto en otro, las acaricio con mis ojos, puedo sentir que vuelo. Percibo, en los momentos más afortunados, que hago el amor con las frases. Me detengo para leer, me entrego al teclear, dudo al expresar una idea pero me dejo caer al ver como una línea de la pantalla brillante del ordenador se llena, y luego otra, y otra, como en un multiorgasmo creativo que me deja lacia, lacia, después de ese tsunami de letras.   

Escribo porque investigo, porque reflexiono y deduzco, porque tengo una gran necesidad de interpretar y explicar lo que voy entendiendo del amor, del sexo, de la música… de la vida. Escribo porque estoy enamorada. Mejor aún: escribo porque amo. Ese es el impulso que siempre —cada vez de manera más clara— me acompaña, la vía de escape para esa pira que llevo dentro a diario.

Desde que era muy joven me gusta escribirle a la gente que me gusta. Y que me escriban a mí. Me atrae leer las cartas ajenas cuando me encuentro por internet algún artículo sobre la relación epistolar de personajes públicos, porque me parece que más allá de lo que quienes amamos esa acción podemos escribir en un libro, un medio de comunicación o una red social, es en esos cotos privados que son las misivas de amor (o las dirigidas a esas personas que nos mueven el tapete cañón) en donde a uno le nacen alas. No hay que ser poeta para conmover a alguien que, a su vez, nos genera conmoción: simplemente hay que sentirse libres, abrir los diques, sonreír mientras tecleamos.

Leo un fragmento de la correspondencia que Richard Nixon le envió a su Gitana irlandesa, Patricia Ryan: “Cada día y cada noche quiero verte y estar contigo. Pero no tengo sentimientos de posesión egoísta ni celos… Ven el domingo conmigo a un largo paseo; vayamos a las montañas los fines de semana, leamos libros junto a la hoguera, y más que todo, crezcamos juntos, para encontrar la felicidad que sabemos es nuestra”. Es algo simple, hasta cursi, pero a veces los deseos más sencillos, más cotidianos, son los mejores, y en este caso cobran mayor fuerza al pensar que el poderoso Tricky Dick pudiera expresarse así. O leer al complejo y aclamado James Joyce escribiéndole a su amante sobre “cosas sucias” (como él les llamaba), preguntándole por sus bragas o si se había acostado con tal o cual hombre minutos antes que con él.

Leer y escribir. Escribir y leer. Esa es la magia de las letras del amor. Somos partícipes y espectadores. Nos vemos reflejados en lo que nos dice aquella persona (o personas) en la que hemos depositado nuestra pasión. Moisés, un amigo de la redacción, me acaba de decir: “Qué lástima que ya nadie escriba cartas de amor”. Le respondo que sí se sigue haciendo; creo que ahora más que nunca, debido a la inmediatez de las redes sociales, de los chats y mensajes de celular. Esta naciendo una nueva era de relaciones epistolares, con mucho menos estilo que las de antes, sí, con dedazos y faltas de ortografía, con textos absurdos e inconexos, pero que a pesar de ello encierran el mismo deseo: lograr encontrar las frases que puedan explicar lo que pasa en nuestro cuerpo, espíritu y mente cuando estamos enamorados. O cuando ubicamos al amor a cada paso, en el simple hecho de estar vivos.

“El producto más franco, más libre y más privado de la mente y del corazón humano es una carta de amor”, decía Mark Twain, y Víctor Hugo le daba la razón a Adèle Foucher: “Hay que amarse y luego hay que decírselo, y luego hay que escribírselo, y luego hay que besarse en los labios, en los ojos, en todas partes”. ¡Ah, las cartas! Son uno de los mayores clichés relacionados con el amor. Pero de entre ellos es, quizá, el más bello de todos.


Los invito a que la próxima semana lean en Tribuna, de milenio.com, mi artículo “El Amor 2.0”, sobre los nuevos (o posibles) puertos del amor y cómo lo ven los modernos científicos, sociólogos, filósofos, psicólogos y almas diversas que viven en libertad.   



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EROTISMO PARA MEXIQUEÑOS NORTEÑOS

El próximo fin de semana se llevará a cabo la primera expo para adultos en el norte del área metropolitana, muy cerca de donde colindan la Ciudad y el Estado de México: se trata de la Expo Erótika y Sexo.

Sus organizadores prometen que habrá diversión en grande: bailes privados, juguetes para adultos, lencería, juegos, rifas, demostraciones de tatuajes, propuestas de hoteles, agencias de viaje, spas, gimnasios, así como exhibiciones y demostraciones de nuevos productos. También la participación de conductores, comediantes, sexólogos, y stand up comedy.

Además, la famosa pin-up mexicana Andy Velázquez, quien participa en el reality show Lucky Ladies, presentará el calendario que hizo para 2016 y se lo firmará a sus apasionados seguidores.


13 y 14 de febrero

WTC Mexiquense Teatro Las Torres

http://expoerotikaysexo.com/


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PASIÓN EPISTOLAR


Carta de Juan Rulfo a Clara Aparicio


“Desde que te conozco, hay un eco en cada rama que repite tu nombre; en las ramas altas, lejanas; en las ramas que están junto a nosotros, se oye.

Se oye como si despertáramos de un sueño en el alba

Se respira en las hojas, se mueve como se mueven las gotas del agua. Clara: corazón, rosa, amor...

Junto a tu nombre el dolor es una cosa extraña. Es una cosa que nos mira y se va, como se va la sangre de una herida; como se va la muerte de la vida.

Y la vida se llena con tu nombre: Clara, claridad esclarecida. Yo pondría mi corazón entre tus manos sin que él se rebelara. No tendría ni así de miedo, porque sabría quién lo tomaba. Y un corazón que sabe y que presiente cuál es la mano amiga, manejada por otro corazón, no teme nada. ¿Y qué mejor amparo tendría él, que esas tus manos, Clara?

He aprendido a decir tu nombre mientras duermo. Lo he aprendido a decir entre la noche iluminada. Lo han aprendido ya el árbol y la tarde... y el viento lo ha llevado hasta los montes y lo ha puesto en las espigas de los trigales. Y lo murmura el río...

Clara: hoy he sembrado un hueso de durazno en tu nombre.”

 

Carta de James Joyce a Nora Barnacle

 

3 de agosto de 1904

Querida Nora, ¿estarás “libre” esta noche a las ocho y media? Espero que así sea, porque he tenido tantas preocupaciones que necesito olvidarlo todo en tus brazos. Así que ven si puedes. En virtud de los apostólicos poderes investidos en mí por su Santidad el Papa Pío Décimo, por la presente te doy permiso para venir sin faldas para recibir la Bendición Papal que estaré encantado de proporcionarte. Tuyo en el Judío Agonizante.


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TODAS LAS CARTAS DE AMOR SON RIDÍCULAS


Fernando Pessoa

FRAGMENTO

Todas las cartas de amor son
 ridículas.
 No serían cartas de amor si no fuesen
 ridículas.

También escribí en mi tiempo cartas de amor,
como las demás,
ridículas.

Las cartas de amor, si hay amor,
tienen que ser
ridículas.

Pero, al fin y al cabo,
solo las criaturas que nunca escribieron cartas de amor
sí que son ridículas.

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