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Viernes , 20.07.2018 / 23:13 Hoy

Las virtudes de los ‘minipenes’

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EL SEXÓDROMO


Verónica Maza Bustamante

elsexodromo@hotmail.com

@draverotika

FB: La Doctora Verótika


Dicen que el tamaño no importa, y es cierto. No lo digo como frase de consolación para aquellos hombres que a lo largo de los años me han escrito para preguntarme qué hacer para agrandar sus penes, sino porque creo que lo realmente valioso es que cada varón y cada mujer sepa comprender las características corporales que más los atraen e ir en busca de éstas. No tiene que ver con “saber mover la varita”, aunque eso es algo que todos deberían dominar, sino con la aceptación de nuestros antojos. Y así como hay personas que prefieren esos falos de tamaño “porno setentero” tipo John Holmes, existen otras que prefieren los más pequeños.

Leo en la revista Vice que un londinense llamado Ant Smith ha generado todo un movimiento en defensa de “su pitito”. Muy cerca de llegar a su quinta década ha escrito poemas a su miembro que, además, según informa, “parece un dedo chueco”. Fue uno de los 55 hombres que respondieron la encuesta realizada por Monica Heisey para esa publicación, sobre el tamaño de los genitales masculinos.

La mayoría de los hombres que entrevistó y lo tenían pequeño “consideran que el tamaño de su pene es común”, señala la autora del estudio. Sin embargo, los poseedores de aquellos que miden menos de diez centímetros en erección comentaron que a veces los rechazan para tener relaciones sexuales. “John, de 67 años, que vive en Ontario, dijo: ‘De las ocho mujeres con que he estado, todas me dijeron en algún momento que no estaban seguras sobre si iba a poder satisfacerlas o no. Solo una encuentra que su tamaño de dos centímetros y medio cuando está flácido, diez centímetros erecto —de hecho no llega a ser micro—, tiene una serie de ventajas que ha plasmado en poemas, los cuales recita en público desde hace meses, aunque su esposa se avergüenza un poco en esos momentos no tanto por la revelación de su figura, sino por- que elogia su habilidad para tragar su semen.

Quizá si estos hombres se hubieran enterado antes de que hay personas atraídas por los miembros pequeños se hubieran ahorrado años de pesar al suponer que nadie les haría caso a causa de esto. Basta echar un ojo hoy en día en los foros femeninos donde se habla sobre medidas, para darse cuenta de que hay adoradoras del mini y el microgenitalismo. Algunas reconocen que se debe a que han probado con algunos de dimensiones mayores y les ha dolido; otras, que les gusta la sensación generada por “la puntita” en el primer tercio de su vagina, que es más sencillo realizar el sexo oral en ellos, menos doloroso el anal y, unas más osadas, que con dos poseedores de tamaño mini pueden realizar una doble penetración.

En la antigua Grecia se preferían los pequeños y finos, como el de los adolescentes que se ejercitaban en el gimnasio. “Éste era el pene que se esculpía en las kouroi y se pintaba en los jarrones por toda la cuenca del Mediterráneo. Los artistas griegos mostraban su desprecio al ser pintados por los extranjeros y esclavos con grandes órganos. Aristóteles dio una base ‘científica’ a esta preferencia estética, al escribir que un pene pequeño es mejor para la concepción, porque en uno grande el semen se enfría y se vuelve ‘no generativo”, narra David F. Friedman en Una historia cultural del pene.

El médico y fisiólogo holandés Regnier de Graaf desarrolló en 1668 la investigación más completa sobre el pene realizada hasta entonces. Tuvo la posibilidad de planear experimentos de todo tipo, diseccionar a su antojo miembros de difuntos y hasta conseguir, mediante un proceso científico, que se mantuvieran erectos para así analizarlos en toda su extensión.

De Graaf señaló que en realidad el tamaño del pene no tenía importancia alguna y que, en ocasiones, menos equivalía a más. En su Tractatus mencionaba a un joven casado con una chica virgen de buena familia. Él tenía una “armadura venérea” de grandes dimensiones, por lo que le causaba dolor a su esposa durante y después del coito. Esto impedía que tuvieran hijos, porque ella se negaba a concretar el acto amatorio. Así que les diseñaron “una especie de escudo, con un agujero bordado en el lugar correspondiente, que tuvo el efecto de acortar el pene del esposo y librarla de esos dolores, lo que hizo que el coito fuera tan placentero que después nunca se quejó de eso”.

Si vemos el David de Miguel Ángel con poca discreción, apreciamos que el suyo se nota breve comparado con el resto de su cuerpo; se ha dicho que la razón era el miedo a la censura en esa época en que tanto se abogaba por la castidad, pero también que su modelo así lo tenía, lo cual no le pareció un defecto al artista frente a la belleza general que en él se aprecia. Es interesante ver que el David esculpido por Donatello también posee una “herramienta” chiquita. Lo mismo sucede con el Apolo dibujado por Pietro Perugino en el siglo xv: la pintura lo muestra de pie completamente desnudo, observando a Marsias tocando su flauta. Sus caderas son anchas, su torso robusto y su pene, sin rastro alguno de vello genital, luce casi del tamaño del ombligo.

Se dice que el de Napoleón medía cuatro centímetros sin erección y que con ésta alcanzaba los seis centímetros y medio, lo cual no parece haber sido una fuente de disgusto para Josefina, quien siempre lo aguardó a pesar de sus ausencias debido a las batallas. En el capítulo donde hablo sobre la excitación por los olores, retomo una carta que le mandó a su esposa para pedirle que lo esperara sin bañarse para darse un banquete olfativo. Es decir, el pequeño gigante francés tenía estrategias diversas de seducción más allá de lo que pudiera hacer o no con su falo.

En I Love Small Penises hay casi mil usuari@s que alaban sus virtudes. Algunas chicas reconocen que los mejores encuentros eróticos de sus vidas los han tenido con teenie weenies, que adoran succionarlos porque no les generan arcadas, son más fáciles de manipular, brindan la alegría de sentir que lo tienen completito en la boca y sus poseedores son los mejores en las artes orales y manuales, muy agradecidos cuando ellas saben atenderlos sin enfatizar en sus características.


Tomado de "El motel de los antojos prohibidos", libro de mi autoría editado por el sello Grijalbo.


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ACOMODANDO EL JARRITO


Hay posturas que pueden explorar aquellos hombres con penes pequeños. Éstas son cuatro:


1. La mujer se acuesta boca arriba, flexionando las piernas y levantando la pelvis. Él puede penetrarla más fácilmente, además de que si ella consigue mantener la elevación de sus extremidades, su punto G podrá ser estimulado bastante bien.

2. El hombre penetra a la mujer por detrás, controlando sus movimientos y acariciando el clítoris con el pene.

3. El misionero de lado permite que la pelvis masculina entre en contacto con la femenina y el roce genere sensaciones deliciosas.

4. Si ella se coloca arriba, en la postura de la amazona, será más profunda la penetración o estará en posibilidad de jugar a sacar y meter el pene, rozando el clítoris, la zona más sensible de los genitales femeninos, con ocho mil terminaciones nerviosas: un área que sabiendo estimularse genera orgasmos inolvidables, y que para llegar a ésta no hace falta tener un “asunto” enorme. Además, la vagina posee terminaciones nerviosas en sus primeros cinco a ocho centímetros, por lo que es suficiente con agasajar esa parte para levantar fuego.

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