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El ladrón estafado

Mundos paralelos
(Fotoarte: Karina Vargas)

MUNDOS PARA-LELOS
Rafael  Tonatiuh

Con admiración y respeto al master Trino, 
creador de las fabulosas 
Fábulas de policías y ladrones.

“LADRÓN DESPRECIA BILLETES DE 20 PESOS EN ASALTO.
Torreón, Coahuila. La tarde de este miércoles, un ladrón ingresó a las instalaciones de la farmacia Klyns, ubicada en Saltillo 400 y Paseo del Olimpo en el Campestre La Rosita.

Les pidió a las cajeras que le entregaran el dinero que tenían a disposición, abriendo una de ellas una gaveta en la que el sujeto vio solo billetes de 20 pesos, los cuales despreció.

Como la denominación monetaria no fue de su agrado, entonces sacó de entre sus ropas un arma de fuego con la que les dijo a las empleadas que abrieran la otra caja, que tenía billetes de 500 pesos.

Pero ahí nada más había tres billetes, que el ladrón agarró. También se robó un teléfono celular en modelo sencillo y anticuado.

Cuando huyó, llamaron al número de emergencias y una patrulla de la Dirección de Seguridad Pública Municipal llegó, donde las trabajadoras le comentaron a los uniformados cómo pasaron las cosas.

También brindaron la media filiación del ladrón: chaparro, gordito, cachetón, cacarizo, con gorra negra, lentes negros y vestimenta negra.

Los agentes dieron un rondín por el sector tratando de localizar al ratero cachetón, pero no fue posible que lo encontraran.”
MILENIO DIGITAL.
23/10/2014. 10:07 AM


 Nemesio tenía su puesto de tamales en la esquina del banco. Todos los días, religiosamente, el guardia de la sucursal se llevaba su guajolota de tamal verde para el lonche de las doce.

Los miércoles había poca actividad, así que a Nemesio le pareció un buen día para asaltar el banco. Un fin de semana antes, le compró a doña Otilia un manojo compuesto de muicle, toloache y diente de acamaya para echarlo al tamal verde de la guajolota y poner al policía en estado catatónico, facilitando su atraco.

Cuando el guardia se recargó en la pared, engarrotado, con los ojos pelones, Nemesio colocó sobre su puesto el letrero: “Salí a comer”, agarró la pistola de agua que le había decomisado al hijo de la señora de los jugos (bajo el pretexto de “estos juguetes fomentan la delincuencia”), se puso su gorro y su antifaz y agarró una bolsa del mandado para llenarla de billetes.

Entró a la sucursal blandiendo su arma: “¡Arriba las manos y todos al piso!”. Una anciana sugirió: “¿No podríamos primero tirarnos todos al piso y luego levantar las manos? Necesitamos las manos para evitar rompernos las narices contra el piso”. Nemesio se rascó la cabeza: “Como quieran, pero ya tírense, y quédense quietecitos porque si no, me los echo”.

Cuando las personas se tumbaron, Nemesio se dirigió en la única caja abierta (las otras nueve, aunque tenían empleados al frente, por motivos que solo Dios sabe, estaban cerradas). A punta de pistola, exigió a la cajera: “¡Deme todo el dinero!”.

La cajera asintió y sacó fajos de 10 mil pesos en billetes de a 20, pero Nemesio se indignó: “¿Por qué me da esa denominación? ¡Si no voy a comprar pepitas, sino un carro y una casa y un tigre al que le voy a poner Memo! ¡Deme billetes grandes, dignos de un enemigo público número uno! A ver, abra la otra caja”. La empleada lo obedeció y sacó únicamente tres billetes de a 500. El asaltante brincó de gusto “¡Esos sí me gustan!” La empleada le advirtió que esa cantidad era muchísimo menor que la de los fajos anteriores, pero Nemesio protestó: “No importa, me voy a tomar una selfie con ellos, para que vea mi compadre que he llegado muy lejos”.

Uno de los clientes que estaba tirado en el piso le dijo que con mil 500 pesos no le iba a alcanzar ni para el collar de Memo, a lo que el aludido respondió, tirándole una patada en los riñones: “¡Zapatero, a tus zapatos! ¡Aquí el que está cometiendo el asalto soy yo! ¡Que nadie se meta en mi crimen o hago una masacre!”.

Nemesio estaba contando y recontando sus tres billetes, cuando de atrás de un escritorio se asomó un ejecutivo de cuenta: “Distinguido señor ratero, debe usted saber que solo la gente muy prole y humilde usa dinero en efectivo. Las personas de alcurnia, como a usted a leguas se le nota, manejan dinero electrónico”. Nemesio se rascó la cabeza y sentenció: “Pero si se me descompone voy a tener que llevarlo con el técnico y me voy a gastar mi feria en su reparación”.

Arriesgándose a un posible plomazo, el ejecutivo de cuenta se incorporó y con un ademán invitó al ladrón a tomar asiento frente a él: “Eso no sucederá, amigo, sino al contrario, usted hará crecer su dinero con la tarjeta de crédito Mega Dorada Plus, con la cual dispondrá de crédito para comprar todo lo que sueñe, ir a fiestas exclusivas, conquistar a las mujeres que desee y estacionarse donde se le dé la gana, como la gente de mundo”.

Nemesio tomó asiento frente al ejecutivo de cuenta: “¿Y cómo le hago para sacar esa tarjeta?”. “Es muy sencillo, tan solo tiene que darme los tres billetes que robó, llenar unos papeles y listo, en cinco minutos tendrá en sus manos el plástico que le otorgará poderes sobrehumanos”.

Media hora más tarde, Nemesio salió de la sucursal, orgulloso y satisfecho del pacto que había firmado con el diablo, quien se congratuló por su futuro puesto de tamales.  


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