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Jueves , 18.10.2018 / 16:29 Hoy

La materialización de un sueño

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EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Karina Vargas

El músico británico vistió de psicodelia y protesta la Plaza de la Constitución ante un público ávido de presenciar un 'soundtrack' que rebasa, sin tapujos, cualquier barrera generacional

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Irónicamente, el ex vocalista de Pink Floyd hizo resonar la plancha del Zócalo al grito de “¡culeeero!” mientras leía en español una misiva dirigida al Ejecutivo federal, un día antes a la conmemoración número 48 de lo sucedido en Tlatelolco y la inesperada noticia del fallecimiento de Luis González de Alba, escritor y líder de aquel cuarteado movimiento estudiantil.

“Trump es un pendejo”, “No saber es el peor castigo”, “Señor presidente, los ojos del mundo lo están observando”, “Si no estás enojado es porque no estás poniendo atención”, la mención de los hechos de discriminación racial de Estados Unidos, así como la metáfora de que las lágrimas de las familias de los 43 desaparecidos son también lágrimas que se escapan por el conducto lacrimoso del músico de setenta y tres años, son solo algunas de las sentencias mordaces que el también activista lanzó junto a los cantantes e instrumentistas que lo acompañaron. Estrategia indirecta que invita a reflexionar, entre otras cosas, en un posible distanciamiento entre el gobierno de la CdMx y el gobierno federal, frente a los recortes presupuestales anunciados recientemente por el secretario de Hacienda, José Antonio Meade. A no ser que la convocatoria masiva haya sido para cubrir el presupuesto de una presentación agendada con anticipación que no pudo ser llevada a cabo porque Juan Gabriel “se nos adelantó” o simplemente por el gusto de disfrutar “Wish you were here” a todo lo que da frente a Palacio Nacional. A saber.


Arribar a la icónica plaza del ex Distrito Federal horísimas antes de lo programado, no solo es prueba de un fanatismo admirable, sino también una proeza física y la muestra de lo mal que está la economía nacional. Pues aguantar más de doce horas de pie para conservar un espacio que permita observar en primera fila el estoicismo del mexicanizado Rogelio Aguas sin desembolsar más de mil pesos confirma que la gratuidad, en una época en la que el dólar rebasa los veinte pesos, es la única solución para hacer posible el ideal de ver a una leyenda en vivo, sin sacrificar numerosos salarios mínimos que llenen un Foro Sol. Roger, hermano, tú ya eres mexicano.

La calidez del primero de octubre fue bajando paulatinamente conforme las horas pasaban. Once, doce, una, dos, tres de la tarde, significaban el avance de un sueño posible, 16, 17, 18 horas eran el anuncio de un orgasmo auditivo. La tentación de comprar una botella con agua, una tlayuda, un chicharrón preparado, un souvenir “oficial” del evento, algún otro aperitivo que amenazara la estabilidad de los esfínteres, de tu intestino grueso y de tu preciado lugar era soportable al acercarse las manecillas a las ocho de la noche. Muchos fueron los comentarios que escuché a la espera de que se cumpliera el horario programado, entre ellos uno destacó: “Le dije a mi tía que venía al Zócalo a ver a Roger Waters, me preguntó que quién era y le contesté ‘a ti te gustan los Beatles ¿verdad? Y crees que Paul McCartney es buen músico ¿no?’, respondió que sí y le dije ‘bueno, Roger Waters es mejor que él’”.


Cual reloj inglés y a sorpresa de la conglomeración temerosa por los avistamientos de lluvia que Tláloc dejaba sentir, a las 20 horas, según lo anunciado, se dieron las primeras señales de “Speak to me” y varios de los asistentes erigieron sus manos hacia el escenario para congratular la ansiada presencia del músico y las palmas de entusiasmo acompañaron los primeros acordes. A lo mucho, dos o tres minutos después de las primeras estrofas de la pista del Dark side of the moon una lluvia insistente corrió sobre el cuerpo de los más de cien mil asistentes, apurándolos a sacar, para molestia de la mayoría, algunas sombrillas que apaciguaran las posibilidades de un resfriado. “Breathe”, “Set the controls for the heart of the sun”, “One of thes days” y “Time”, fueron los primeros singles que las pantallas multicolor iluminaron la plaza que otrora se usara como estacionamiento para una reunión de carácter gubernamental.

El activismo de Roger Waters no sorprende, que le haya dedicado un mensaje a Peña Nieto en un espacio en el que el presidente no puede gritar ¡Viva México! sin temor al abucheo, sí que lo es. Pero lo es más encender un porro sin miedo a ser mal visto o arrestado a unos metros de donde el ejército hace honores a la bandera y en el que varias familias se atrevieron a cargar a sus recién nacidos primogénitos para hacerlos parte de un concierto magistral, vaya que lo es.

“Money”, “Fearless”, “You’ll never walk alone” en honor a Gerry & the Pacemakers, “Welcome to the machine” y la portentosa “Wish you were here” fueron algunas de las pistas con las que la banda que Waters convocó, dio seguimiento a la presentación. A mi alrededor, varios de los asistentes veían el concierto con los ojos cerrados, otros entonaban la canción como si se tratasen de David Gilmour o el mismo Roger Waters acompañando a su agrupación o, simplemente, prendían un cigarrillo de tabaco o mota al ritmo de “Pigs”, “Dogs” o “The happiest days of our lives”. “Pigs” fue escenificada con dos cerdos, uno rosa sobre las pantallas del escenario y uno enorme de color negro a la altura de la banda con el número 43 en alusión a los normalistas de Ayotzinapa.

El sonido de un helicóptero que hizo eco por toda la plazuela, fue el pronóstico de que la canción más popular de la banda estaba a punto de sonar y tras un breve lapso de tiempo, “Another brick in the wall” vibró los tímpanos de cada admirador ahí presente, le siguieron “Mother”, “Run like hell”, “Brain damage” y “Eclipse”, canción con la que el grupo hizo un connato de despido y regresó para rematar Roger Waters sentenciando un escrito a Enrique Peña Nieto, una escenografía que ejemplificó el memorable prisma del álbum The dark side of the moon, la esperada “Comfortably Numb” y una serie de fuegos artificiales.

Al salir, el espíritu revolucionario que dejaron las consignas del líder británico liberó las rechiflas de los agotados asistentes que al encaminar sus pasos a las arterias más cercanas, como 20 de Noviembre o 5 de Febrero, escucharon “El gobierno de la CdMx les informa que… y el servicio del Metro se dará hasta la una de la mañana”. Dejando ver que la osadía no es que Roger haya utilizado una herramienta rebelde que lo caracterizó desde su juventud, sino que las ganas de escuchar gratis una voz con la que la comunidad se identifica, decir lo que todos aquellos marchantes que año con año o mes con mes gritan por las avenidas más grandes del país es la verdadera proeza, la verdadera materialización del sueño, para los que acompañamos los anhelos de cambio con un playlist de Pink Floyd.

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