• Regístrate
Estás leyendo: La lista de POTUS
Comparte esta noticia
Viernes , 20.07.2018 / 02:13 Hoy

La lista de POTUS

Publicidad
Publicidad

EL ÁNGEL EXTERMINADOR

EL PEZ SOLUBLE

Jordi Soler

Hace unas semanas el presidente Barack Obama publicó la lista de canciones que pretendía escuchar durante el verano. Hizo el anuncio en su cuenta de Twitter, donde aparece con el florido nombre de POTUS, y la publicó en Spotify (The president’s 2016 Summer Playlist), donde puede consultarse. POTUS, para quien no lo sepa, es el acrónimo de President Of The US. La cuenta de su mujer, la encantadora Michelle, se llama, en perfecta consonancia fonética con el mote de su marido, FLOTUS, porque no es el President sino la First Lady.

No hay muchos presidentes en el mundo que se animen a publicar la música que escuchan, seguramente porque resultaría contraproducente, nos daríamos cuenta de que ese hombre que pretende dirigir, de oído, los destinos del país, es sordo, o cursi, o vulgar, o inmune al hechizo que suele producirse cuando se pone la música perfecta para un momento específico.

Al ex presidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero, se le ocurrió una vez, durante un chispazo de imprudente sinceridad, en un programa de mucha audiencia, que su banda favorita era Supertramp. Seguramente el propósito de aquella declaración era parecer un presidente modernillo, accesible, alivianado; “en lugar de decir que te apasiona La noche transfigurada de Schoenberg (y de libro La montaña mágica), di algo más cercano a la gente”, habrán razonado sus asistentes que, como él, eran rigurosamente sordos. No hay datos que confirmen esto pero a mí me parece que, a partir de aquella confesión, zapatero comenzó a perder credibilidad. ¿Qué clase de persona puede tener a Supertramp como banda favorita? ¿Supertramp por encima de Led Zeppelin? ¿De King Crimson? ¿De Bob Dylan? Así como lo están leyendo, en cuestión de música Zapatero amaba a Supertramp por encima de cualquier otra banda, lo cual hizo sacar a sus votantes conclusiones perniciosas, pues ¿no queda en entredicho la entereza de un gobernante que en sus horas de máxima tribulación, durante esos periodos de alta preocupación por los destinos de la patria, se pone en el tocadiscos, para inspirarse, para agarrar valor, la vocecita de Roger Hodgson? No tengo nada contra Supertramp, incluso me entusiasma alguna de sus canciones, pero presentarlos como tu banda favorita es de una torpeza política inenarrable.

Por esto la mayoría de los presidentes no hablan de sus gustos musicales, porque puede salirles el tiro por la culata, sin embargo al votante le ayudaría mucho que cada candidato publicara su lista de canciones predilectas. La lista de canciones es un retrato de quien la elabora, incluso aunque le hayan metido mano los asesores del político en turno, que han tenido que basarse en la personalidad de su jefe para retocar la lista.

La lista de canciones, como los ojos, es el reflejo del alma. Por ejemplo, se sabe que en el Kremlin gustan mucho los Scorpions, una banda muy cercana estéticamente a la imagen de Vladímir Putin montando a caballo con el torso desnudo. No se imagina uno a Rajoy, o a Peña Nieto o a François Hollande o a Evo Morales publicando su soundtrack personal, pero a Barak Obama sí, porque es un presidente con una exaltada vena musical: cuando pronuncia un discurso parece que está cantando un blues.

El soundtrack que musicalizó sus vacaciones de verano es impecable, seguramente contó con la ayuda de sus asesores, pero no puede dudarse de que esa breve antología veraniega lo representa, ni de que está compuesta por canciones que verdaderamente le gustan. En su lista para musicalizar el día hay raperos, Wale o Aloe Blacc, clásicos como Nina Simone, Aretha Franklin, Miles Davis o Billy Hollyday; aparecen también los Beach Boys, Leon Bridges, y una zona indie compuesta por Gin Wigmore, Courtney Barnett, Edward Sharpe and The Magnetic Zeros o el hit de Manu Chao, “Me gustas tú”. Y en la lista para musicalizar las noches predomina el jazz y el rythm and blues, Chrisette Michele, Anthony Hamilton, Carmen McRae y Caetano Veloso con una versión de “Cucurrucucú paloma”.

Desde la desconfianza y el resentimiento puede pensarse que es una ingenuidad creer que Obama es el autor de esas listas, y que ha sido un equipo de especialistas, no solo en música sino en política, el que las ha configurado, lo cual dejaría comprometida la idea de que la lista de música es el espejo del alma, porque en este caso habría demasiadas almas en juego. Yo prefiero creer que es el propio POTUS el que diseña la lista; tiene que ver con esa forma de conducirse que se le adivina en la televisión. ¿Cuál sería la lista de Hillary Clinton? Seguramente canciones inocuas, una de Barbra Streisand, una pieza de Gershwin. ¿Y la de Trump? Sin duda, cositas cargadas de testosterona, Bruce Springsteen, Neil Young.

Además de transparentar sus cuentas, a los políticos debería exigírseles ese ejercicio que ya hace Obama espontáneamente; un vistazo a los discos, a los libros y a las películas de los candidatos nos enseñaría mucho más acerca de la clase de personas que son, que sus consignas exaltadas y sus discursos huecos.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.