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Martes , 20.11.2018 / 20:25 Hoy

Joe Brainard y los abalorios del pasado

EL ÁNGEL EXTERMINADOR

Según Octavio Paz, presente es donde pasado y futuro por fin se reconcilian. Borges fue más exacto: “El presente del pasado se llama memoria”. El presente es una homilía, donde la memoria regurgita lo que ya no tiene, lo que se ha perdido.
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Y es desde la memoria donde se escribe Me acuerdo (segunda edición de Sexto Piso, 2018), el legendario libro que Joe Brainard publicó a los 26 años, en 1970. Esta obra significa un obelisco narrativo digno de admiración, pero también de adoración, porque en nuestra vida veremos muy pocos libros que nos deslumbren tanto. Porque está hecho con el mismo material que la nostalgia.

Este libro, una suerte de Biblia de recuerdos, un atlas de evocaciones, está conformado por poco más de mil añoranzas, cuya particularidad es que cada párrafo comienza con la frase que titula al libro: Me acuerdo.

Los hay de todo tipo: cortos, largos, religiosos, artísticos, infantiles, sexuales, absurdos, históricos, familiares, oníricos, escolares, juveniles, imaginarios, onanistas, futuristas, éticos, privados, románticos y así hasta culminar este libro de apenas 148 páginas.

Sexto Piso lo reedita en solitario con la traducción de Julia Osuna Aguilar. Hay otra otra edición en español que es de Eterna Cadencia (traducido por Ariel Dilon), la cual incluye un prólogo de Paul Auster, en el que afirma que Brainard trasciende lo puramente privado y personal y alcanza una obra que es acerca de todo el mundo: de la misma manera que todas las grandes novelas son acerca de todo el mundo.

Algunos narradores lo clasifican como novela. Otros, como un diario. No faltan los que lo observan como un concepto. Algunos poetas lo consideran prosa poética. Los cazadores de rarezas lo portan como estandarte. Pero lo más importante, creo, es que el novel lector puede disfrutarlo con el mismo entusiasmo que un lector erudito, gracias a un excipiente narrativo eficaz y en apariencia, inofensivo: las palabras “me acuerdo”.

A partir de esta regla, la de usar las palabras “me acuerdo”, el autor realiza un ingenioso repaso de su niñez, de su juventud y adultez. Asistimos al despertar sexual de un niño que se descubre homosexual. Presenciamos los orígenes artísticos de un autor que se consagró como artista plástico. Comulgamos con esas dudas incoherentes que de vez en vez nos asaltan, pero de tan abstractas o absurdas, tememos pronunciarlas. Ponemos a prueba el sentido de la fe, de la justicia y la vida.

Casi de inmediato, el lector queda desarmado ante las evocaciones de Brainard. Algunas deslumbran por su sinceridad. Otras conmueven por su valentía y más de una parece salida de nuestra propia memoria.

Su influencia ha inspirado a autores como Georges Perec, para realizar su propio Me acuerdo (Impedimenta, 2017), un retrato de la cotidianeidad de su generación. La autora libanesa Zeina Abirached los trasladó a la historieta en su Me acuerdo (Beirut, 2008). Margo Glantz hizo su propio Yo también me acuerdo (Sexto Piso, 2014). El actor Marcello Mastroianni escribió Sí, ya me acuerdo (Ediciones B, 1999). En su Autorretrato (Eterna Cadencia, 2016), Édouard Levé homenajeó de manera libre la obra de Brainard. Emilio Pedro Gómez reunió sus epifanías en el libro Me acuerdos (Huerga y Fierro, 2000) y Yago Ferreiro y Gabriel Quindós lo llevaron más allá y publicaron No me acuerdo (Mr. Griffin, 2016).

Por el lado de la cultura popular también hay manifestaciones basadas (voluntaria o involuntariamente) en el modelo brainardiano: “Me acuerdo”, de Vico C, ese pegadizo tema que está montado en la misma fórmula (y quizá por eso, siga vigente entre las nuevas generaciones). Estopa hace lo mismo con su canción “Ya no me acuerdo”. Sin embargo, son los británicos de Maxïmo Park los que le rinden culto en su tema “I Remember, Brainard”, incluido en la edición amarilla del sencillo Girls Who Play Guitars (2007).

Asimismo, son miles los lectores que han compartido en redes sociales su propio “Me acuerdo”. Twitter, Facebook y blogs han hecho suyo el ejercicio de escarbar en la memoria y exponerlo a los demás. Tal y como Brainard lo hizo y como muchos tememos hacerlo. Aquí unos fragmentos:

Me acuerdo de cuando se te queda un mechón de punta después de dormir.

Me acuerdo de verlo todo rojo cuando cierras los ojos y miras al sol.

Me acuerdo de intentar ahorrar, durante un día o dos, y de perder al poco tiempo todo interés.

Me acuerdo de los pequeños lunares blancos de las uñas.

Me acuerdo de que una vez me meé debajo del agua con el bañador puesto, y de lo excitante y cálido que me pareció.

Me acuerdo de las sábanas frías en invierno.

Me acuerdo de la cara de mi madre recubierta de mascarilla.

Me acuerdo de que fantaseaba con tener un gemelo.

Me acuerdo de mirar muy de cerca el algodón de feria y de ver que estaba hecho de granitos rojos.

Me acuerdo de un niño que podía ponerse los párpados totalmente al revés.

Me acuerdo de haber intentado chupármela una vez, pero no llegó a funcionar.

Me acuerdo de que me preguntaba por qué, si Jesús podía curar a los enfermos, no curaba a todos los enfermos.

Me acuerdo de mis primeras erecciones. Creía que tenía alguna horrible enfermedad o algo parecido.

***
Paul Medrano
@balapodrida

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