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Una de japoneses y suecos

El sexódromo.
(Sandoval)

EL SEXÓDROMO
Verónica Maza Bustamante

Esta semana encontré en diversos medios de comunicación un par de notas relacionadas con la sexualidad que me llamaron la atención. No me refiero a los artículos en donde se habla de las diversas maestras que han tenido encuentros eróticos con sus alumnos y la situación se ha hecho pública (o aquella que le entra al perreo con un estudiante descamisado y jarioso en el salón de clases, mientras los chamacos aplauden, aventando un condón inflado), ni al del maestro de Brooklyn acusado de prostituir a un escolapio de 16 años, casos que más que escandalizarme me llevan a reflexionar sobre la necesidad de una educación sexual real e integral en las escuelas, brindada por personal que haya sido capacitado por sexólogos, ya que por lo visto los mismos profes necesitan una ayudadita de profesionales para entender su propia sexualidad.

Tampoco sobre la próxima transmisión de la tercera temporada de la serie Masters of Sex, sobre la vida de William Masters y Virginia Johnson, generadores de una revolución en la información sobre sexualidad humana a partir de los años cincuenta, ni del estreno de la película Cincuenta sombras de Grey el 14 de febrero (¿así o más ñoño el asunto?), que pinta aún más soporífera que la novela.

No, me refiero a otro tipo de textos que encontré sobre conductas relacionadas con el disfrute erótico y la orientación para los niños. Veamos.

JAPÓN

A lo largo de los años he leído numerosas historias relacionadas con la vida erótica de los japoneses, absorbiendo esas reseñas que cuentan sobre sus negocios dedicados al hedonismo, sus clasificaciones, especificaciones, posibilidades. Me parece un asunto aparte, una dimensión compleja e interesante que quisiera presenciar algún día en persona.

Pero quizá porque me he informado sobre ese afán en la nación del sol naciente por ir más allá en el disfrute íntimo, buscando resolver la urgencia de sus deseos en hoteles, cafés, restaurantes, discotecas, mediante máquinas expendedoras, alimentos, ropa, arte, , no se me hizo raro que The Telegraph publicara una nota en donde se afirma que 50 por ciento de los adultos japoneses no está viviendo ni disfrutando su erotismo.

Parecería que es tendenciosa, pues inmediatamente después afirma que esto ha provocado una importante disminución en la natalidad, cuando sabemos que las prácticas eróticas por lo regular no están ligadas con el deseo de reproducirse, Sin embargo, parece ser que la Asociación de Planificación Familiar de Japón determinó, mediante una encuesta, que el 49.3 por ciento de 3 mil personas entrevistadas no habían tenido sexo en el mes pasado.

De los hombres entrevistados, 48.3 por ciento afirmó no haberlo tenido durante un mes, mientras que 50.1 por ciento de las mujeres aseguraron haberse abstenido.

“Cuando se les preguntó por qué no habían estado teniendo sexo, 23.1 por ciento de los hombres casados dijeron que llegaban muy cansados del trabajo mientras que 15.7 por ciento dijo que no estaba interesado en el sexo después de que sus mujeres dieron a luz. Para el 23.8 por ciento de ellas, el sexo es algo problemático (¿?), mientras que 17.8 por ciento dijeron llegar muy cansadas del trabajo”, revela la encuesta.

Otra estadística que les preocupa es el incremento de jóvenes con poco o nulo interés por el sexo, un grupo conocido como “herbívoros”, y quienes están sufriendo lo que llaman “síndrome del celibato”. A ellos les cansa tratar de ligar, así como mantener una relación amorosa porque incluye convenios, exigencias. Además, al ser adictos al trabajo, ¿a qué hora van a andar buscando pelea? Muchos chavos viven aún con sus padres, no desean obligaciones, y el dinero que ganan al chambear lo emplean para pagar, de vez en cuando, a acompañantes femeninas y masculinos para que l@s acompañen a explorar alguna manifestación erótica o simplemente para pasar un buen rato en un antro cada año bisiesto.

El gobierno está preocupado pues la población se reducirá en más de un tercio para el 2060. A mí me parece maravilloso que este planeta tenga cada vez menos humanos, pero resulta sumamente triste saber que los que ya están aquí no se la pasan bomba. El disfrute erótico es maravilloso, inigualable. Es asombroso que haya quienes les da pereza ejercerlo o lo encuentran problemático; seguramente se debe a una enorme cantidad de ideas mal concebidas sobre el entrepierne, sobre lo que nos da (en lugar de lo que podría quitarnos, como tiempo u horas de sueño). Creo, y lo he dicho, que el sexo está sobrevalorado en estos días extraños. Se espera tanto de él que creemos que si no damos lo máximo es mejor no dar ni tener nada. Y lo peor: no le damos su valor REAL, de elemento intrínseco e indispensable en la vida de todo terrícola (en una de esas hasta de los alienígenas, así como se ve en una de las pelis de la saga de Emmanuel). Tendríamos que relajarnos y, como dijera Joaquín Sabina, jugar por jugar, sin tener que morir o matar. Reencontrarnos con nuestro ser sensual, aligerarnos la carga, regresar al asombro.

SUECIA

Willie y Twinkle aparecen en la pantalla, moviéndose de un lado a otro. Son una gran pandilla, dice una voz. Willie va sin pantalones y Twinkle “siempre está relajada”, incluso “en las damas mayores”. Willie es un pene de animación con ojos, nariz y boquita. Twinkle es una vulva que sí, de pronto se llena de canas, chongo y usa lentes. Son los protagonistas de un video de educación sexual para niños que ha causado revuelo en Suecia.

Cuando creía que el país del frío eterno y la gran calidad de vida estaba un paso más allá en todo, las reacciones sobre el programa educativo Barnkanalen me dejan con la boca abierta. A pesar de su ligereza y de que al menos frente a mis ojos no ofende ni es vulgar ni explícito en malos términos, ha escandalizado a los padres de los televidentes, niños de entre tres y seis años que seguramente lo verían con curiosidad pero de manera divertida si sus padres no creen, como los administradores de YouTube, que debe ser clasificado “para adultos” y requieran confirmación de mayoría de edad.

El video animado dura un minuto, será difundido por la televisora pública SVT y busca apoyar a los padres a explicarle a los niños que todos tenemos genitales, que hay femeninos y masculinos. Ya lo vi. No explica el coito o “cómo se hacen los bebés”. No me parece obsceno sino hasta tierno. Incluso bastante básico para un país tan avanzado.

No obstante, padres y chismosos lo han tachado de inapropiado por ser un programa dirigido a menores de seis años (como si los niños no preguntaran nada relacionado con la sexualidad hasta que entran a la edad de la punzada, por ai’ de los 11 o 12 años, ajá).

En algo les doy la razón a los quejosos: al dibujar un pene con bigote y una vagina con pestañas largas se refuerzan los estereotipos de género. Algo así como que los niños van de azul y las niñas de rosa. Pero la respuesta del productor del programa también tiene sentido: buscan informar de manera divertida, no hacer una “declaración sobre política de género”.

Al menos con un producto así, los padres tienen una herramienta para comenzar a hablar sobre el tema, que con niños de esa edad —si no se les predispone, asusta, inhibe— no resulta complicado si los adultos nos quitamos tabúes, telarañas, sustos y disgustos en torno a la sexualidad humana.

Abogo por encontrar ese punto medio que nos lleve a ser felices, no a vivir como “herbívoros” en un mundo a punto de devorarnos.  

@draverotika

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