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A la izquierda del padre

El Che
(Eduardo Salgado)

por Rafael Tonatiuh

Es interesante y ligeramente divertida la polémica que generó Elena Poniatowska por el pecado de recibir el Premio Cervantes 2013.

Más fieros que los defensores del petróleo contra los priistas, los Pumas contra las Águilas o los tuiteros contra los feisbuqueros, han sido los detractores de la Poni, y que en el fondo es un rechazo a lo que ella simboliza: las letras comprometidas con la izquierda.

Más adelante les comunicaré mi postura, por ahora, considero mi deber limpiar el buen nombre del Manco de Lepanto, a quien, profanando su tumba, se le atribuye una infamia: ser un intelectual.

Como todo mundo sabe (y si no ahí está la Wikipedia), Miguel de Cervantes Saavedra fue un soldado con vocación literaria, y su obra más afamada, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, es una novela humorística (sí, polifónica y todo lo que los académicos quieran, pero principalmente escrita con la intención de hacer reír, no con pretensiones intelectuales).

Una de las más tontas objeciones que se le hacen al otorgamiento del premio a la escritora y periodista franco-mexicana, es que el Cervantes debe darse únicamente a los literatos que defienden y promueven el idioma español o cuya obra alcance una excelencia cuasi divina, de la que supuestamente Elenita carece. A ver, ¿en qué momento dijo Cervantes “mi máximo deseo en el mundo es la promoción del idioma español”? El escritor “engendró” (así lo definió él mismo) una novela cómica que está traducida en un titipuchal de idiomas, y si Cervantes hubiera sino malayo, hubiera escrito su novela en su lengua natal. Respecto a la excelencia de la obra de la escritora es cuestión de gustos, y para bien o para mal, cuando se trata de un premio, hablamos concretamente de los gustos del jurado. Si a un sector de público no le parece, ni pedo (cuento aparte, criticar el otorgamiento de un premio tiene un ligero tufo a… snif, snif, envidia). Con todo, Cervantes se moriría de risa con esta comedieta.

Como señalé arriba, la molestia por el premio se debe a una oposición a su activismo izquierdista, y reconoceré algo en los detractores de La Poni: los regimenes comunistas fueron represores y solemnes, y en cierto modo se justifica su aberración a todo lo que simbolice (aunque sea lejanamente) la Dictadura del proletariado, pero ojo, ni la antigua Unión Soviética ni los dictadores cubanos ni los bolivarianos se apegan a la filosofía de Marx y Engels, sino que más bien la traicionan, usurpando un discurso humanista para actuar contra el pueblo y en beneficio del propio capital, económico y político (manipulación que nos resulta familiar en nuestro país, con el cuento priista de la lucha de los “tres sectores”).

Cuando uno lee el Quijote, encuentra simpatía y ternura por parte del autor hacia los personajes rústicos y populares, como Sancho Panza, la Dulcinea del Toboso e infinidad de tipos folclóricos que surgen en las peripecias de aquel que se supone caballero andante, por lo cual, no es difícil deducir que Cervantes era antiaristocrático y antiburgués por naturaleza, y por su probado sentido del humor, protopunk y de izquierda, nada qué ver con la pomposa Real Academia de la Lengua, cuya solemnidad e ineficacia fue señalada por el escritor mexicano Raúl Prieto, mejor conocido como Nikito Nipongo.

En lo personal no me gusta la narrativa de Elena Poniatowska, pero sí disfruto dos libros de crónica: Todo comenzó el domingo y La noche de Tlatelolco, y si tuviera que elegir un bando, me pondría del lado de La Poni, por una sencilla razón: yo, Rafael Tonatiuh, no soy de izquierda (palabra edulcorada que suena a eufemismo), yo sí me pongo el escudo de la hoz y el martillo y no tengo empacho en declararme abiertamente comunista, por lo cual, no quiero que ni por error se me considere del bando de los detractores de la Poniatowska, cuya crítica se vuelve sospechosista cuando el oficio del detractor tiene qué ver con las letras: oponerse y denostar a la izquierda, a veces la paga el gobierno con dinero, una beca o un puestazo, y yo sí beso con sinceridad los cachetes de los indígenas, los proletarios y los campesinos, que la mafia en poder se empeña tanto en exprimir para gozar sus martinis en París, mutando de PAN a PRI, y que en un futuro no muy lejano hasta podría tener cara perredista.

¡Vivan Elena Poniatowska y Miguel de Cervantes Saavedra! Y vivan también Carmen Aristegui, Carlos Monsiváis, el Peje, #YoSoy132, Noroñas, Hugo Chávez, el Che Guevara, Silvio Rodríguez, Tehua, Rius, El Libro Rojo de Mao, El Acorazado Potiemkin, El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre, el Festival de oposición, Aztlán underground, El unicornio azul, José Revueltas, Frida Kahlo, Bob Marley, Camilo Torres Restrepo, Guadalupe Posadas, John Lennon, Charles Chaplin, Jean Paul Sartre, los Sex Pistols, Camila Vallejo, Bakunin, Nelson Mandela, Marylin Monroe, Public Enemy, Regina Orozco, Dashiell Hamett, André Bretón, Jesús Martínez Palillo, Marlon Brando, Mercedes Sosa, Costa Gavras, Bob Dylan, Alejandro Galindo, Rebecca Walker, Emiliano Zapata, Spike Lee, Hermann Bellinghausen, Juan de los Muertos, las Reinas Chulas, etc. (y, por supuesto, ni medio aplauso para el salinista sub Marcos ni para los actuales grupos autodenominados “anarquistas”, provocadores pagados por el gobierno). Besitos.   

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