QrR

Me invento, luego existo: el 'modus operandi' del artista 'underground'

(Raúl Campos)
(Raúl Campos)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Karina Vargas

Dialogar con un personaje que se comunica a través de su creador convertido en un sin nombre resulta interesante y confuso al querer extraer de ese universo un poco de realidad, eso es platicar con “Apache Pirata”, el alter ego del ilustrador defeño Rodrigo Ponce Betancourt


  Atravesé la alborotada plazuela de Río de Janeiro sobre la Colonia Roma, terreno invadido por danzantes boy scouts que intentaban cumplir con su práctica de campo semanal, estuve a punto de desairar la exposición al pasarme de largo hipnotizada por la escultura de un David  nalgón, cuando oí un sonido familiar que clamó mi nombre y percibí al expositor junto a dos extraños sentados frente a una mesita que lucía una impresión, avisando que ahí había una muestra de arte.

  Portando paliacate y playera negra, pero sin penacho y sin pata de palo comenzó a mostrarme las piezas que componían la también venta y me dirigió sin querer al trabajo de otro creativo underground llamado Ni-Ño Raro, autor de fanzines producidos en copias de papel fosforescente y dibujos dignos de su nombre artístico, quien “va para arriba” según Apache. Comencé a escuchar sobre ambas producciones y su testimonio acerca de lo fácil que es resaltar como artista en Guadalajara por la incesante, pero escasa, labor de los locales por lo artístico y me apunté a grabar la historia del personaje que respalda la actual creación de Rodrigo, de quien sé tuvo una formación como dibujante en la rebautizada Facultad de Arte y Diseño y, es asiduo al taller de dibujo de Edgar Clément1.



  Auspiciada por los trazos impresos y sobre metal verde fundido en forma de banca, me enteré que Apache Pirata es el mote que surgió al titular una exposición de antaño montada en Guadalajara, en la que se reunió material alimentado por crónicas y trazos rápidos hechos para páginas como “El Ángel Exterminador” de Milenio Diario y narraciones que se gestaron en viajes al Caribe, Estados Unidos y Guadalajara. La necesidad de supervivencia en lugares como Venice Beach orilló al autor a “la venta de acuarelitas porque no tenía pa’ tragar”, situación que perduró hasta establecerse en Playa del Carmen, donde pudo ver cómo estaba la actividad económica y el intercambio cultural,  panorama en el que -imagino- un mini bucanero le susurró: “Apache Pirata suena bien para lanzar una serie de estampas o impresiones que representen un eje orgánico que unan un universo”.

  Plan que poco a poco se ha ido consumado con muestras como la que presencié y a la que se adhieren metas que abarcan estrenar a Apache como tatuador y sacar una serie de historietas, pues afirma que “ahorita hay un mercado, hay gente que quiere ver qué se hace en novela gráfica y hay interés fuera de México por ver cuál es la escala en este ámbito y a mi parecer sigue siendo, en un parámetro del uno al diez, de 7.5 a nueve”.


  En base a esa evaluación en la que incluye la autoedición con la que se revisarán sus novelillas gráficas, afirma: “afortunadamente no es que yo lo vaya a editar bajo mis propios parámetros, en el taller de Clément se ha hecho una base de talleristas de historieta donde la gente llega, muestra su sinopsis y se hace como un cónclave para ver de qué van sus historias, ya que se tienen, vemos cuál es su desarrollo visual. Hay veces en las que la gente dibuja muy chingón, pero que no sabe escribir o no tiene mucha idea de cómo armar sus historias y hay gente que escribe muy bien, pero tiene un nivel visual muy pobre, entonces en el taller se está estableciendo un parámetro o un estándar basado sobre todo en la experiencia de lo que fue el Gallito Cómics (antes Gallito inglés)2 y los trabajos de artistas como José Quintero, Ricardo Peláez, Luis Fernando y esa vieja guardia de moneros. Lo que intentamos es recuperar el espíritu de ‘vamos a lanzar proyectos editoriales que tengan una resonancia dentro del espectro que vivimos como sociedad’ a través de la revista La Punta.


  Al enfocarme en la calidad de su trabajo, entiendo que su intención en el ejercicio visual es más bien monetario que cualitativo, pues declara que “a la historieta le tienes que aplicar un parámetro mercantil porque si te quedas solo en que dibujan bonito, pues hay gente que dibuja muy bonito pero que no vende nada, sin embargo hay gente que a lo mejor no dibuja tan bien, pero ha logrado llevar sus proyectos a tal grado que se distribuyen y están en tiendas, en aparadores, en librerías o en lugares especializados”. Le cuestiono sobre la percepción que tiene de su obra y contesta en base a la misma escala decimal  “yo ando como en el ocho”, a lo que agrega: “ahorita considero que el trabajo está en obra negra, ya hay un nivel de guión que es en el que estoy trabajando y finalmente mi experiencia en Milenio, redactando y haciendo crónica me tuvo que poner al tiro con lo que a redactar se refería -apelo a que alguien algún día le diga que escribir consiste en más que ponerse al tiro y que un medio te publique no te hace bueno-. Considerando que tanto la novela gráfica como el fanzine están emergiendo en esta generación me parece un buen momento para posicionarse como un ‘artista emergente’”.

  Con tales declaraciones y deseando que el proyecto de los talleristas clementinos de retomar las bases del Gallito Cómics se haga realidad, tomo las impresiones que Apache le manda al maese Jairo Calixto y me retiro, con la ferviente creencia de que es necesaria la autocrítica y el criterio para cualquier creativo.


__________________________________________________________

1Edgar Clément es autor de la sobresaliente novela gráfica Operación Bolivar y miembro fundador de la extinta revista Gallito inglés.

2 El Gallito inglés fue una publicación que surgió en 1992 con el objetivo de promover una nueva ola de historieta mexicana con neomoneros al frente, el cómic alternativo y la producción independiente, dirigida por Víctor del Real. Su fin llegó con el número 60 en el año 2000.

< Anterior | Siguiente >